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miércoles, 13 de julio de 2022
domingo, 24 de febrero de 2019
Nana
La he visto. Ha entrado en el comedor. Bajita, gorda, vestida pobremente, con una camiseta que la hacia mostrar cuanto michelín puede uno imaginar. Se ha sentado dándome la espalda en la mesa aledaña, así que he podido contemplarla y abandonar mi pensamiento en su recuerdo...
La conocía de vista, pues sus padres viven cerca de mi casa. Su gran ilusión desde que se casó fue tener un hijo. El embarazo transcurrió de problema en problema y solo el empeño de la mujer, manteniéndose en cama y asumiendo cuanto cuidado y limitación dispusieron los médicos, consiguió que naciese prematuramente un niño. No era fuerte y falleció unos meses más tarde.
No mucho después de esto acudí al cementerio para despedir a un amigo. Caminaba luego
hacia la salida cuando me llamó la atención una mujer que estaba junto a
un nicho en actitud recogida. Era ella. Al pasar cerca oí que
cantaba bajito mientras acariciaba suavemente con una mano el cemento seco que cerraba el nicho, aún sin lápida. Allí descansaba su hijo, mientras ella le cantaba una nana...
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Sentimientos
sábado, 14 de julio de 2018
¡Qué afán de centrar el esfuerzo en el pasado, dejando de lado el futuro!.
"Siendo Otto von Bismark primer ministro prusiano (1863), con ocasión de recibir a un embajador español, le dijo al funcionario llegado de Madrid:
España es una gran nación. Yo la admiro profundamente, conozco la historia de la creación de su imperio y creo que resulta indestructible.
¿Por qué herr Canciller?, preguntó el poncio.
Porque ni siquiera ustedes los españoles son capaces de destruir su nación."
Me repiten una y otra vez, según he ido haciéndome mayor, que lo que importa es lo que me espera al día siguiente y que no tengo que centrarme en lo que quedó atrás. En España eso es pecado mortal, pues los hechos muestran que todo se centra en remover la mierda que los de estos pagos fueron dejando por el camino, de modo que a cada instante se reavivan dolores y rencores. ¿Para qué dedicarnos a crear mañanas si podemos inflar a otro a patadas en los bajos?.
Unos grupos, fieles a sus orígenes, se dedican a poner en marcha todo lo que desean quienes les votan, a fin de tenerlos bien atados para lograr los sillones, aunque aquellos deseos de hoy sean dañinos mañana. Son cual esos padres amiguetes que en lugar de apoyar con su madurez la formación de sus hijos facilitan cuanto despropósito nace del deseo.
Otros grupos, tan amantes del sillón como aquellos -no olvidemos que la política en España es la agencia de colocación más grande-, trabajan sobre intereses, que no son siempre límpios, dejando de lado que quien dirige debe generar ilusiones y sueños de un futuro mejor.
Que cada uno se pregunte si construye sobre los cimientos o toda su labor es modificar lo que se hizo el día anterior.
Otros grupos, tan amantes del sillón como aquellos -no olvidemos que la política en España es la agencia de colocación más grande-, trabajan sobre intereses, que no son siempre límpios, dejando de lado que quien dirige debe generar ilusiones y sueños de un futuro mejor.
Que cada uno se pregunte si construye sobre los cimientos o toda su labor es modificar lo que se hizo el día anterior.
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Creencias,
Sentimientos
domingo, 8 de julio de 2018
Justicia y amor
La vida al revés. Tanto más joven, tanto más ignorante. Al cabo voy alcanzando a entender como soy, aunque no sé aún quien soy. Por eso la vida está al revés, pues cuando decides no sabes y cuando algo sabes, ya está todo decidido. Me voy marchando, que dije hace no mucho a una mujer y sé que no me entendió. ... ¡Pero que cosas digo, que no me entienden los que leen!. Discúlpenme.
Era joven cuando descubrí lo que sentía. Se planteó un juego en el pequeño grupo de amigos del que formaba parte. Jesús expuso un cuento corto con muy pocos personajes y nos pidió que eligiésemos con cual de ellos nos sentíamos identificados. A mi lado estaba la mujer que amaba; elegimos... Después, Jesús nos explicó el significado. Yo había elegido a quien representaba con más claridad la justicia; ella se había decantado por el amor.
Desde entonces he recordado muchas veces en silencio aquellos momentos. He asimilado que en mi caso no se trató de elegir una idea. Opté con claridad por lo que sentía. Sigo sintiéndolo. No puedo ser de otra manera, so pena de no ser.
Necesito que me convenza cada palabra, cada gesto, cada comportamiento, cada idea. En caso contrario elijo la soledad antes que la compañía. Aborrezco a quien sigue a un grupo, a un líder, a quien se guarda con otros. Se es solo; no hay otra manera. Se alcanza la vida por contacto, inmediatmente, nunca por no se sabe que fin lejano, que nos disculpa por no aceptar la realidad ni nos obliga a comportarnos a tenor de la verdad que nos incomoda.
Sé que ni ha existido ni existe ni existirá Justicia. Exigiría que el Hombre fuese Dios. Como tampoco el Hombre es capaz de otorgar el Perdón, que exige regalarlo sin motivo, con olvido absoluto de lo sucedido. El Hombre llega a lo más a disculpar, si recibe a cambio de la ofensa una razón; pero no olvida lo sucedido, digase lo que se diga. Por eso es solo Hombre.
Sé que si Dios existe Es Amor. O no es. Así que el Amor está infinitamente por encima de la Justicia, como el Perdón está más allá de toda disculpa. Entiendo que mi elección, que ha guiado mi vida, no fue la mejor. Solo muestra mi pobre condición, mis carencias.
Era joven cuando descubrí lo que sentía. Se planteó un juego en el pequeño grupo de amigos del que formaba parte. Jesús expuso un cuento corto con muy pocos personajes y nos pidió que eligiésemos con cual de ellos nos sentíamos identificados. A mi lado estaba la mujer que amaba; elegimos... Después, Jesús nos explicó el significado. Yo había elegido a quien representaba con más claridad la justicia; ella se había decantado por el amor.
Desde entonces he recordado muchas veces en silencio aquellos momentos. He asimilado que en mi caso no se trató de elegir una idea. Opté con claridad por lo que sentía. Sigo sintiéndolo. No puedo ser de otra manera, so pena de no ser.
Necesito que me convenza cada palabra, cada gesto, cada comportamiento, cada idea. En caso contrario elijo la soledad antes que la compañía. Aborrezco a quien sigue a un grupo, a un líder, a quien se guarda con otros. Se es solo; no hay otra manera. Se alcanza la vida por contacto, inmediatmente, nunca por no se sabe que fin lejano, que nos disculpa por no aceptar la realidad ni nos obliga a comportarnos a tenor de la verdad que nos incomoda.
Sé que ni ha existido ni existe ni existirá Justicia. Exigiría que el Hombre fuese Dios. Como tampoco el Hombre es capaz de otorgar el Perdón, que exige regalarlo sin motivo, con olvido absoluto de lo sucedido. El Hombre llega a lo más a disculpar, si recibe a cambio de la ofensa una razón; pero no olvida lo sucedido, digase lo que se diga. Por eso es solo Hombre.
Sé que si Dios existe Es Amor. O no es. Así que el Amor está infinitamente por encima de la Justicia, como el Perdón está más allá de toda disculpa. Entiendo que mi elección, que ha guiado mi vida, no fue la mejor. Solo muestra mi pobre condición, mis carencias.
Pero sigo sintiendo igual. De ahí mi soledad. Porque el amor nunca queda en segundo lugar.
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Pensamiento,
Sentimientos
sábado, 26 de mayo de 2018
¿Cómo titulo la Historia vivida?
Pues eso, ¿cómo dar título a un escrito que desborda todos los títulos? Así que contaré algo de lo que pasa por mi cabeza, vieja ya, pues hace muy pocos días he cumplido 70 años. Mucho de lo que cuentan como pasado en los medios de comunicación no es más que lo que viví en mi madurez y compruebo con amargura una y otra vez que aquellos adulteran lo que fue real y entregan un relato que suena a lo que fue, pero que jamás existió; es muy fácil hacerlo, pues basta modificar pequeños detalles materiales aquí y allá, a la vez que se oculta todo lo que contradice la idea que se quiere trasladar a la masa, magnificando por contra hechos que pueden servir de apoyo a aquel deseo, de modo que quien no viviese el tiempo descrito sorbe como verdadera la descripción engañosa que conviene a los intereses, siempre materiales, de quienes mangonean a la gente.
Daría una regla que ayuda a descubrir mentiras e invenciones. No es exacta, pero funciona en la mayoría de las ocasiones. "Si molesta o incomoda es verdad, si agrada me están engañando". La razón de esto es muy sencilla: somos una sociedad de consumidores; de todo. El consumo necesita que se consuma; esta tautología no es otra cosa que rudimento de Teoría Económica, ya que para que funcione una sociedad consumista es imprescindible que las personas adquieran bienes en mayor cantidad cada vez y para lograrlo hay que mentalizarlos a comprar y comprar; atiendan, por ejemplo, a los anuncios del "Día de la Madre o del Padre" o a las campañas de Navidad de los grandes almacenes.
El fulcro sobre el que pivota la palanca del consumo es la Información. En la entrada de cierto lugar en que me formé pude leer: "La Información es el Poder". Si quiero vender, primero necesito saber que es lo que se puede vender, inmediatamente mentalizar de la bondad del producto a quien puede comprar y crear la necesidad de poseer. Todo, no deja de ser utilidades de la Información. Y hay algo que se nos vende: el Poder. ¿Pero el Poder se compra?. ¡Claro!. Quien ansía este producto y busca poseerlo necesita comprar los votos suficientes para ser elegido. ¿Y cómo se compran los votos?. En el juego llamado democrático, ofreciendo promesas en un programa electoral.
Daría una regla que ayuda a descubrir mentiras e invenciones. No es exacta, pero funciona en la mayoría de las ocasiones. "Si molesta o incomoda es verdad, si agrada me están engañando". La razón de esto es muy sencilla: somos una sociedad de consumidores; de todo. El consumo necesita que se consuma; esta tautología no es otra cosa que rudimento de Teoría Económica, ya que para que funcione una sociedad consumista es imprescindible que las personas adquieran bienes en mayor cantidad cada vez y para lograrlo hay que mentalizarlos a comprar y comprar; atiendan, por ejemplo, a los anuncios del "Día de la Madre o del Padre" o a las campañas de Navidad de los grandes almacenes.
El fulcro sobre el que pivota la palanca del consumo es la Información. En la entrada de cierto lugar en que me formé pude leer: "La Información es el Poder". Si quiero vender, primero necesito saber que es lo que se puede vender, inmediatamente mentalizar de la bondad del producto a quien puede comprar y crear la necesidad de poseer. Todo, no deja de ser utilidades de la Información. Y hay algo que se nos vende: el Poder. ¿Pero el Poder se compra?. ¡Claro!. Quien ansía este producto y busca poseerlo necesita comprar los votos suficientes para ser elegido. ¿Y cómo se compran los votos?. En el juego llamado democrático, ofreciendo promesas en un programa electoral.
El Poder no puede consentir, so pena de correr el riesgo de perderlo, que se dé cualquier circunstancia que no facilite la adquisición del voto y la Historia muestra como una y otra vez se ofrece a la población propaganda en lugar de información pura y dura. ¡Consuman, consuman, que así estarán en nuestras manos y jugaremos con sus vidas!. Observen a su alrededor, dejan de lado sus gustos, sean críticos aun en su contra... Se juegan la verdad.
Conocí a Rogelio Alonso cuando él daba clases en la universidad del Ulster, en Belfast. Claro como el agua desde que era un desconocido, aunque sospecho que en realidad sigue siéndolo y eso es un seguro de vida. Esta tarde les ruego que lean y mediten sobre la entrevista que le ha hecho "El Mundo".
Conocí a Rogelio Alonso cuando él daba clases en la universidad del Ulster, en Belfast. Claro como el agua desde que era un desconocido, aunque sospecho que en realidad sigue siéndolo y eso es un seguro de vida. Esta tarde les ruego que lean y mediten sobre la entrevista que le ha hecho "El Mundo".
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Ahora, en la noche de muy pocos días después, leo otro artículo que en este caso relata una reunión durante una cena y soy incapaz de no relacionarlo con el que he enlazado unas líneas antes. Me considero de un pueblo que está a 60 quilómetros de Bilbao, donde viví momentos muy agradables durante años; y terminé mi vida profesional en Barcelona, donde me resultó agradable la calle y completamente retrasada su "¿gente dirigente?".
El siglo XIX fue determinante en todos los países del llamado hoy Primer Mundo. Provocó cambios que costaron grandes dolores a sus sociedades, pero que permitieron el avance que hemos tenido en todos los órdenes (negado por todos aquellos sin capacidad para seguir "el ritmo del partido"); hoy sucede algo similar con la tecnología, criticada por quienes no son capaces de emplear algo más complejo que un ábaco. La respuesta de las clases dirigentes en muchas regiones fue agarrarse fieramente a sus privilegios, usos y costumbres, cual nobleza medieval ante la Modernidad, para seguir viviendo sin alteración alguna en su comodidad.
ETA brotó en el seminario de Derio apoyándose en las juventudes del PNV, partido que ha aprovechado ad nauseam cada ocasión en que los españoles pasaban por momentos difíciles para sacar tajada. Repugnante. Para mí la gente cabal es aquella que sacrifica lo suyo para ayudar, cual emigrante de una cultura distinta basada en compartir y ayudarse. (Principio básico económico: todo empresario que busque incrementar su beneficio marginal no solo debe pulir su proceso productivo sino hacer lo posible para que se incremente la riqueza de la gente, pues si esta no compra él se puede meter lo que fabrique por el mismísimo culo, ¡qué estoy harto de ser correcto!)
Desde finales del XIX, en Vascongadas y Cataluña (que no olvidemos que nacieron en sus límites actuales de la reforma de Javier de Burgos de 1833) vivieron unas clases burguesas cuya preocupación fue medrar económicamente y aprovecharse cuanto pudiesen. Aun cuando en alguna ocasión expresaron su interés en que España avanzase no lo hacían para que mejorasen las Urdes, por ejemplo, sino para que su velocidad de crucero no disminuyese.
ETA brotó en el seminario de Derio apoyándose en las juventudes del PNV, partido que ha aprovechado ad nauseam cada ocasión en que los españoles pasaban por momentos difíciles para sacar tajada. Repugnante. Para mí la gente cabal es aquella que sacrifica lo suyo para ayudar, cual emigrante de una cultura distinta basada en compartir y ayudarse. (Principio básico económico: todo empresario que busque incrementar su beneficio marginal no solo debe pulir su proceso productivo sino hacer lo posible para que se incremente la riqueza de la gente, pues si esta no compra él se puede meter lo que fabrique por el mismísimo culo, ¡qué estoy harto de ser correcto!)
Desde finales del XIX, en Vascongadas y Cataluña (que no olvidemos que nacieron en sus límites actuales de la reforma de Javier de Burgos de 1833) vivieron unas clases burguesas cuya preocupación fue medrar económicamente y aprovecharse cuanto pudiesen. Aun cuando en alguna ocasión expresaron su interés en que España avanzase no lo hacían para que mejorasen las Urdes, por ejemplo, sino para que su velocidad de crucero no disminuyese.
Pues bien lean este artículo
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Sentimientos
viernes, 18 de septiembre de 2015
Pequeñas cosas sujetan grandes pesos
La calidad técnica de la imagen deja todo que desear, pero puede que por ello centremos nuestra atención en la imaginación y creatividad de quien abandonó en la calle, allí y así precisamente, algo tan simple y sencillo como una pinza de madera para la ropa. Y es que la vida da respuestas sencillas a grandes cargas...
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Arte,
Sentimientos
jueves, 3 de septiembre de 2015
El anillo
El hombre está quieto a fie firme en la acera de la calleja del casco viejo frente a la iglesia románica de Santiago. Como siempre observa para distraerse la vida de la gente; normalidad, aburrida existencia. Bajo las arquivoltas de la entrada al templo aguanta y espera un pobre a que salgan de misa los fieles, que ni ellos saben si creyentes. Silencio.. Se abre una puerta, se inicia la salida. Desparrame de carne, carencia de felicidad. Al final, aparece una silla de ruedas que empuja con esfuerzo una mujer; está sentada en ella una mujer que el hombre sabe que cumplirá cuarenta años, de grandes ojos verdes bien abiertos, aunque de mirada perdida. Su boca babea, abierta. Su cuerpo pequeño pesará lo que un niño grande. Su cabeza está sujeta por un arnés y su cuerpo atado a la silla mediante cinchas, para que ni se caigan ni se doblen. Sus pies torcidos, en postura incomprensible. Nadie sabe si su mente vive...
Cuesta subir la silla del nivel del atrio al de la acera, superando la estructura de madera de las puertas de Santiago. El pobre espera,... Ya nadie dejará alguna moneda en su mano, que parece resguardarse en el bolsillo, acabada la jornada. El pobre contempla... Sale la mano de su bolsillo y el mendigo se inclina suavemente al paso de la silla, coge con delicadeza la mano de la inválida y coloca en su dedo un anillo ancho, como de plata.
Y aquellos ojos verdes miran el anillo y se llenan de luz
Y aquella boca se distiende aún más en una sonrisa
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Sentimientos
sábado, 18 de abril de 2015
Se abre la Luz, brota la Esperanza
Vivir. Buscar, a ciegas. Vía Dolorosa, no porque nuestra existencia sea un valle de lágrimas, que no sé quien parió la oración pero intuyo que mucho no entendía, sino porque esforzarse cuesta y sin esfuerzo nada se encuentra. Todos tenemos muchos días malos y también paladeamos mucha tristeza y amargura; sin duda, sin duda.. También vivimos momentos alegres, plenos; que sean pocos o muchos no es argumento que nos permita negar que existe la felicidad, aunque sea a sorbitos dispersos.
Decía que el de la oración, por mucho poder religioso que tuviese, no se enteró de que iba la Fiesta. Mucha gente reduce todo al sufrimiento y así vivir es sin duda una valle de lágrimas. ¿Y a qué conduce sufrir, sin más, sin otra meta, sin comprender nada?. Meditemos.. ¿La Pasión no tuvo otro objeto que el mero sufrimiento?. ¿Eso es todo, a eso se reduce todo?. ¿Un padre arreando tralla al hijo para descojonarlo vivo?. ¿Un castigo?. ¿Por qué, para qué?. ¿Nada más?. ¿Todo se reduce a sufrimiento, lágrimas y castigo?.
¡Qué pobreza miserable la de quien piense y sienta así!. Déjenme desahogarme... Nos domina el Miedo. Por eso, cual niños indefensos, cuando algo nos asusta o nos agrede, corremos gritando y reclamando hacia papá y mamá pidiendo a gritos no solo amparo sino que resuelvan nuestro problema e impidan que suframos cualquier agresión. ¿Y donde queda la Libertad?. Somos muy gallitos proclamando derechos y libertades, pero a la hora de la verdad nos arrugamos y ansiamos que nos den todo resuelto, aunque eso implique renunciar a tratar el asunto libremente por nuestros medios, con nuestras ideas y según nuestro criterio. Pobres diablos.....
El Hombre no solo existe, sino que Vive. Existe una piedra. Nosotros Vivimos y eso implica no solo ser sino formarnos, asimilar experiencias, aprender, moldearnos, crecer. Crecer... Se nos creó Libres, cosa que nos jode sobremanera. Nos encanta ser libres para tocarnos las pelotas o para hacer lo que nos sale del níspero, pero cuando hay que afrontar dolores y problemas, resolver desencuentros, superar obstáculos vitales, .., el Hombre hace lo mismo que quien esto escribe cuando era niño y tenía examen de matemáticas: ir a rezar, brazos en cruz, prometiendo que si aprobaba dejaba de comer galletas durante tres días.
¿Han corrido fondo campo a través alguna vez?. Fondo, más de 10 quilómetros, más .. Vivir la existencia no deja de ser una prueba de fondo. Sale uno dispuesto, preparado, en plenitud, .. Y poco a poco entran en juego, acompañándote, el calor, o el frío, o ninguno de los dos, la lluvia, o una sequedad como la de la sauna, el terreno sube, o baja que de todo hay, te vas deshidratando, ¡cómo corre ese fulano y yo no puedo con mi alma!, un tropezón, una rozadura en el talón, o en la entrepierna -que tiene pelotas la cosa-,.. Hay corredores que no llegan, hay quien no se atreve ni a competir consigo mismo, hay algunos muy preparados que se hunden, hay ... de todo, como en botica. Y somos nosotros, cada uno, si, quien tiene que correr solo, superar dificultades, vencer sufrimientos, entregar lo que tenemos, para intentar llegar a la meta.
Somos Libres. La primera Libertad a obtener es ser libre íntimamente, y eso exige ser claro con uno mismo. Y así es en todos y cada uno de los Hombres (para iletrados, especie que comprende Mujeres y Hombres). Que alguien en particular clame: ¿cómo permite Dios este sufrimiento, esas atrocidades?, no deja de ser una petición de eliminación de la Libertad. Somos libres para todo. Cada uno de nosotros. Podemos hacer el bien o el mal, podemos ser tiernos, bondadosos o monstruos. ¡Libres, coño!. Pero eso exige coraje. Es más fácil cuando vienen mal dadas o abruma la miseria humana, cuando el horror del Miedo atenaza, reclamar que Alguien resuelva por nosotros. ¡NO!. Se nos creó libres precisamente para que nos superásemos, para que venciésemos nuestras limitaciones, para que aguantásemos dolores y sufrimientos, para que afrontásemos esfuerzos, para ir más allá a cada paso, en fin, para ser mejores a cada instante, para dejar atrás el egoismo. Para vencer al Miedo. Si hay dolor, si se actúa bárbaramente, si se cometen atrocidades, no echemos la culpa a nadie más que a quienes las llevan a cabo libremente; lo contrario sería pedir que la libertad solo existiese a ratos, o para nosotros, no para ququien pudiera hacer daño. Somos iguales y si defiendo mi libertad tengo que asumir la de otro cualquiera para horrorizar.
Establece el Espíritu Jinete que cuando tengas delante un obstáculo lances el corazón más allá del mismo y luego vayas a recogerlo sobre tu caballo. No es posible vivir sin un mínimo de coraje. Ir en busca de una meta, de quien somos, de descubrirnos a nosotros mismos. Somos grandes. ¡Pero hay que demostrarlo!. Y lo jodido es que cuanto más vales, más tralla te arrea la vida; puedes dar más que otros, así que a vivir, que son dos días y queda mucho camino que recorrer..
He corrido. Campo a través. Fui jinete. No me engaño. Lo que he expuesto es verdad. Pero también sé que cuesta mucho, muchísimo, vivir según digo. Tanto, posiblemente, que nadie lo logra del todo. Invade la desesperanza, como la Nada de la Historia Interminable. Nos sentimos solos. ¡Realmente somos tan débiles!.
Contemplemos la fotografía que antecede a este párrafo.... Estamos en el Monte de los Olivos. Atardece... Contemplamos frente a nosotros la Ciudad Vieja de Jesrusalem; distinguimos sin dificultad la cúpula dorada de la Roca, musulmana, la gris del Santo Sepulcro, cristiana, la explanada del Muro de las Lamentaciones, judía. A nuestra derecha queda Getsemaní. En la vaguada que nos separa de la ciudad y a los pies de esta, la muralla pre romana; adosado a esta, pero a extramuros, el cementerio musulmán y frente a él, a nuestros pies, el cementerio judío.
¡Cuanta Historia!. ¡Cuanta sangre derramada por el Hombre, gritando todos que la suya era la verdad verdadera, cuando en realidad muchos solo querían dineros y vivir como los ricos. Tanto tienes, tanto vales. ¿Eres famoso?; existes. ¿Pobre y desconocido?; basura. Cuanta muerte durante siglos solo por ambición de quienes marchan incansables en pos de riqueza y poder, ahora, hoy, sin otra meta, sin otro fin.
Aquí vivió y murió Jesús. Si se cree que era Dios, del modo que sea, que nunca lo entenderé, ni me importa entenderlo, ni me esforzaré en entenderlo, pues si lo lograse vaya mindundi de dios, que cualquiera puede descubrir su Misterio, si se cree, digo, ¿por qué sufrió físicamente y emocionalmente como debió hacerlo?. Dicen que cómo consecuencia de que Dios, su Padre, estaba hasta las tetas del comportamiento del Hombre y, siendo eterno, no solo hasta entonces sino hasta el fin de la especie, por lo que iba a darle un escarmiento de no te menees; por eso, Jesús, también Dios, su Hijo, le dijo en un aparte: Castígame a mí y así te quedas contento, y déjales tranquilos, que en realidad no saben hacer la O con un canuto. ¡Qué digo yo que vaya padre, si necesita tranquilizarse a base de tales sopapos!.
Pues miren. Yo creo que fue, simplemente, una demostración absoluta de Amor y Libertad. Entrega sin límite. Confianza total. Si, nos muestra, soy Dios, de una manera que ni entiendes ni comprenderás; te creé grande, único, a mi imagen y semejanza, Hombre, y solo hay un modo de ser así: Ser Libre. De verdad. Totalmente. Y eso implica que puedes hacer lo que quieras, desde ser bueno hasta ser una bestia. Todos y cada uno de vosotros.
Iría contra mis propios actos, contra mi mismo, que carezco de tiempo y sé desde el primer instante cual va a ser el último, interrumpir el ejercicio de tu Libertad. Aunque sea monstruoso. Te creé así sabiendo cual sería el resultado hasta el final. Te creé por Amor, porque Yo te quiero (¡ay qué joderse Padre, no te entiendo!; ¿quererme a mí?). Y como Enamorado, absolutamente entregado a ti, me pongo en tus manos para que hagas conmigo lo que quieras, hasta torturarme y eliminarme físicamente. AMOR...
Pero esto que acabo de decir sería falso y yo soy la Verdad, si te guiase o controlase de algún modo. Tu Libertad tiene que ser total para que te des cuenta de que mi Amor es Absoluto, sin límites. No te condiciono, no te limito en modo alguno, no me protejo con ninguna cortapisa. Eres Libre. Te quiero. Haz lo que quieras, aunque me inundes de tristeza. Aquí estoy, en Getsemaní, en el Monte de los Olivos, en el Pretorio, recorriendo la Vía Dolorosa, en el Gólgota. Por LIBERTAD. Para que asumas que te creé, que naces de mí, que mantengo mi unión contigo y que eres Libre de ser y para ser. ¿Qué mejor y mayor prueba de que se respeta y mantiene tu Libertad que la de que atentes contra tu Creador hasta matarlo sin que Él haga nada, pudiendo hacerlo todo?.
Y en ese momento de Amor y Libertad, la mirada se alza y percibe lo que no vió, lo que pasaba desapercibido: En la parte alta de la ciudad brota una luz intensísima, que sea abre y expande cual si quisiera abrazar la Vida entera.
NUNCA, nunca me abandonas Padre. Aunque te rechace y te niegue. ¡AYÚDAME!
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
Miguel Hernández
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Creencias,
Sentimientos,
Viajes
domingo, 14 de diciembre de 2014
La verdad
Hacia el fin del Adviento, preparación y anticipo de Navidad, tras encender las velas del amor, de la paz, de la tolerancia y de la fe, que acabarán consumidas -bien lo sé-, pero que renacerán una y otra vez en días venideros, quiero transmitirles algo. Con torpeza, pero algo que voy entendiendo con los años...
Sea cual sea el ambiente en que cada uno vive, sea cual sea la capacidad económica de la que dispone, sea cual sea aquello en lo que cree -o no cree, que es también una forma de fe-, sean cuales sean las circunstancias del momento, sea lo que sea, lo cierto es que se reúnen las gentes en busca sentirse unos a otros. Proclamamos deseos de Paz -con mayúscula- y Felicidad -también- que después no ponemos en práctica. Es cierto..
El primer paso es la Familia. Y no he encontrado un árbol más adecuado a lo que digo que el que veis. Está en todas las casas, no deja de ser esencia de hogar -nunca mejor dicho- y muestra de que a la postre todos limpiamos junto a otros la suciedad.
Nos reunimos. En familia. Con nuestras cosas, que muchas veces... Pero nos reunimos. Y se sonríe más lo lo que es habitual. Está bien... Nos acercamos en busca de calor, de lo que únicamente podemos tener a través de otros: Humanidad. Fracasamos, si, pero retornamos a lo mismo. Y es que somos Hijos de Amor y siempre iremos en su busca. Rabiando, negándolo. Pero en su busca. Lo necesitamos. Sin Él dejamos de Ser.
PAZ Y ESPERANZA
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Sentimientos
martes, 14 de octubre de 2014
Silencio, mirada, pasión
Es de noche. Sentados en una terraza casi vacía cara al mar. Ella, pelo corto, ojos grandes, almendras negras que brillan como brillantes, de mirada directa. Él, muy moreno, enjuto, hablar calmado de palabra firme y segura. Les han servido un helado. No son naturales de estas tierras, aunque su palabra es española; emigrantes del Magreb, quizá. Él habla bajo, ella escucha. Escucha y mira.
Llegan a mis oídos retazos de lo que afirma el hombre, pues no dialoga sino que se vacía despacio, desnudándose y mostrando orgulloso alma, corazón y vida. De vez en cuando calla, como si quisiese escoger algo de su intimidad que aún no ha entregado y parirlo para que ella lo acoja. Durante sus silencios mueve lentamente la cucharilla de plástico y recoge algo de helado que lleva hasta su boca, dejando que su mirada se pierda donde ni él sabe. Ella hace el mismo gesto, pero en absoluto silencio. Ella no habla. Ella solo le prende totalmente con su mirada, penetrante, sin apartar los ojos ni un instante, mientras se mantiene ligeramente inclinada hacia él.
Él le dice recto, con verdad: Cuando tú levantas de la cama y te vas, yo ya no duermo. Imposible. Solo vacío. Ella no contesta. Le contempla. Sabe que no puede responder lo que él sueña. Le mira y sus ojos, fijos en la cara del hombre, le bañan el rostro con la misma luz intensa con que la luna baña el mar. Quedan en silencio. Y mientras él, que en ningún momento se ha quejado, vuelve a dejar que su mirada de concentre en lo más íntimo, ella, abrazando con sus ojos al hombre con tal pasión que la luz muestra ser pura materia, adelanta despacio la mano, toma una pizca del helado de él, lo deposita y lo derrite entre sus labios de carne y sangre.
Llegan a mis oídos retazos de lo que afirma el hombre, pues no dialoga sino que se vacía despacio, desnudándose y mostrando orgulloso alma, corazón y vida. De vez en cuando calla, como si quisiese escoger algo de su intimidad que aún no ha entregado y parirlo para que ella lo acoja. Durante sus silencios mueve lentamente la cucharilla de plástico y recoge algo de helado que lleva hasta su boca, dejando que su mirada se pierda donde ni él sabe. Ella hace el mismo gesto, pero en absoluto silencio. Ella no habla. Ella solo le prende totalmente con su mirada, penetrante, sin apartar los ojos ni un instante, mientras se mantiene ligeramente inclinada hacia él.
Él le dice recto, con verdad: Cuando tú levantas de la cama y te vas, yo ya no duermo. Imposible. Solo vacío. Ella no contesta. Le contempla. Sabe que no puede responder lo que él sueña. Le mira y sus ojos, fijos en la cara del hombre, le bañan el rostro con la misma luz intensa con que la luna baña el mar. Quedan en silencio. Y mientras él, que en ningún momento se ha quejado, vuelve a dejar que su mirada de concentre en lo más íntimo, ella, abrazando con sus ojos al hombre con tal pasión que la luz muestra ser pura materia, adelanta despacio la mano, toma una pizca del helado de él, lo deposita y lo derrite entre sus labios de carne y sangre.
Y la noche queda en silencio. Sin aire
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Sentimientos
miércoles, 1 de octubre de 2014
El Viaje (2)
Y a la cama, tras mis días de niño.... Que llegarían días jóvenes, de fuerza, con las hormonas disparadas, la voz cambiante, y el instinto por guía, que a esas alturas no existe otra ciencia que la del impulso y despropósito. Pero no está mal. El Viaje sigue... Y crecer es viajar, acumular a veces equipaje, soltarlo otras, elegir destino y subir al tren de la Vida, o dudar, no atreverse y dejar pasar, de manera que nace un recuerdo y aparece una duda que existirá siempre.
Allí, en el pueblo, el niño fue encontrando amigos, que acompañaron sus horas, que le entendían lo que otros no; amigos a quien contar magníficas historias, que daba igual que fuesen ciertas o inventadas. Creció él, crecieron ellos, y de paseos y charlas pasó a notar que cuando veía a aquella chica brotaban los sueños; y tras una chica fue otra y luego otra y .., aunque los sueños siempre fueron los mismos. Simplemente, alguien le tenía en cuenta, para alguien él era maravilloso y no el perdulario que contemplaba descorazonado cada mañana en el espejo nada más levantarse.
Y claro, tanto fue el cántaro a la fuente que una tarde agosteña, bajo un platanero de la plaza, hablando él sin saber que decía, una chica de cabello hijo del sol y ojos de la mar le bañó en sonrisas, y le propuso acertijos que eran bromas .... Desde ese instante descubrió alelado que era Ella. Pasaron los años, dudas e intentos, y una noche quedó grabada a fuego en el alma, pues entrelazaron sus manos y se dijeron por primera vez un te quiero. Te quiero.... Y en la sombra de una calle, en el silencio de una noche, aún no sabe si entregó o le ofrecieron el primer beso enamorado.
En el pueblo, el niño, ya grande, aprendió la grandeza y maravilla del amor. Vivió la amistad. Madrugadas en voz baja en el Pasaje, prendida el alma por el batir de olucas en la arena de la orilla, mientras la Luna, la madre de la magia, vestía de blanco la mar. Vivía aprendiendo, sin parar un segundo, mientras iba de la Zeca a la Meca por las Siete Villas o marchaba imitando a Nuvolari unas veces a Bilbao y otras a Santander, que no solo de romerías, playas y pequeños achuchaderos vive la Humanidad.
Aprendiendo.. Les confesaré algo. Pero no lo cuenten, que como casi todo lo mío no merece la pena y suele mostrar más que nada mi torpeza. Recuerden que era un niño grande, que para ser hombre hay que viajar lejos y tomar muchos trenes. Pues viene a resultar que una tarde subimos a Peña Cabarga, en cuya cima había un bar elegante sin apenas público y en el que decidí quedar como .. ¡y yo que sé!. ¡Sí señor; cómo todo un hombre de mundo! Llevaba 250 pesetas aquella tarde -el litro de la mejor gasolina rondaba las 6 pelas-, todo mi capital, y mientras ella -la mujer sin duda tiene la cabeza sobre los hombros- pedía una Coca Cola, este memo -suyo siempre- descubrió en las estanterías una botella de cognac Napoleón y ¡hala macho, qué son dos días y de esta das el golpe!
Dios mío... Cual mezcla de David Niven y Sean Connery pedí con firmeza: ¡Una copa de Napoleón!. Y el barman, con estilo señorial, atendió mis deseos. Según daba sorbitos -que entonces los licores no eran lo mío y me sentaban como un tiro-, comencé a pensar: lo que te va a costar, campeón; no tienes suficiente dinero... Tardé tanto en pedir la cuenta que un poco más y aún estamos allí. Al fin y con voz de pito, pregunté cuanto era y .... 242 pesetas señor, me dijo quien vestía black tie mientras clavaba sus ojos en mí. Aún sigo teniendo pesadillas.
Sigue el Viaje. El niño grande no paraba, quería y necesitaba coger muchos trenes y recorrer rutas, aprendiendo todo lo que ignoraba. Ya le dijo Ella años después: te notaba unas ganas enormes de volar. El niño grande tenía que madurar; en todo. Y viajó a muchos lugares, convivió con gentes de otras lenguas y costumbres, comió cosas muy raras, trabajó en muchas y diversas cosas, estudió, leyó,.. Y sufrió, sufrió mucho.
El hombre volvía al pueblo. Iba enterrando a sus mayores. Viajes cortos, a la playa donde amó tanto, donde rió siempre, donde no entraba en los días grises de mala mar pues imponía el ronco bramido de la bruma. Y cogía de nuevo el tren que le alejaba de sus amores. Ahora ya no queda nadie a quien enterrar. El niño ya es hombre, aunque lo duda a veces. Y hace unos días volvió al pueblo...
No conocía a nadie. Pero encontró a Chomin. Este según le vió dijo: ¿No eras el novio de MJSM?. Unas pocas palabras, funden el alma. Siempre... El hombre quiso ser niño de nuevo y bajar del tren en la estación tras su viaje mágico. Preguntó.... Chomin le contestaba mirando fijo. A G le enterramos hace año y medio... ¿Y P?. Se ahorcó en 2010.
Allí, en el pueblo, el niño fue encontrando amigos, que acompañaron sus horas, que le entendían lo que otros no; amigos a quien contar magníficas historias, que daba igual que fuesen ciertas o inventadas. Creció él, crecieron ellos, y de paseos y charlas pasó a notar que cuando veía a aquella chica brotaban los sueños; y tras una chica fue otra y luego otra y .., aunque los sueños siempre fueron los mismos. Simplemente, alguien le tenía en cuenta, para alguien él era maravilloso y no el perdulario que contemplaba descorazonado cada mañana en el espejo nada más levantarse.
Y claro, tanto fue el cántaro a la fuente que una tarde agosteña, bajo un platanero de la plaza, hablando él sin saber que decía, una chica de cabello hijo del sol y ojos de la mar le bañó en sonrisas, y le propuso acertijos que eran bromas .... Desde ese instante descubrió alelado que era Ella. Pasaron los años, dudas e intentos, y una noche quedó grabada a fuego en el alma, pues entrelazaron sus manos y se dijeron por primera vez un te quiero. Te quiero.... Y en la sombra de una calle, en el silencio de una noche, aún no sabe si entregó o le ofrecieron el primer beso enamorado.
En el pueblo, el niño, ya grande, aprendió la grandeza y maravilla del amor. Vivió la amistad. Madrugadas en voz baja en el Pasaje, prendida el alma por el batir de olucas en la arena de la orilla, mientras la Luna, la madre de la magia, vestía de blanco la mar. Vivía aprendiendo, sin parar un segundo, mientras iba de la Zeca a la Meca por las Siete Villas o marchaba imitando a Nuvolari unas veces a Bilbao y otras a Santander, que no solo de romerías, playas y pequeños achuchaderos vive la Humanidad.
Aprendiendo.. Les confesaré algo. Pero no lo cuenten, que como casi todo lo mío no merece la pena y suele mostrar más que nada mi torpeza. Recuerden que era un niño grande, que para ser hombre hay que viajar lejos y tomar muchos trenes. Pues viene a resultar que una tarde subimos a Peña Cabarga, en cuya cima había un bar elegante sin apenas público y en el que decidí quedar como .. ¡y yo que sé!. ¡Sí señor; cómo todo un hombre de mundo! Llevaba 250 pesetas aquella tarde -el litro de la mejor gasolina rondaba las 6 pelas-, todo mi capital, y mientras ella -la mujer sin duda tiene la cabeza sobre los hombros- pedía una Coca Cola, este memo -suyo siempre- descubrió en las estanterías una botella de cognac Napoleón y ¡hala macho, qué son dos días y de esta das el golpe!
Dios mío... Cual mezcla de David Niven y Sean Connery pedí con firmeza: ¡Una copa de Napoleón!. Y el barman, con estilo señorial, atendió mis deseos. Según daba sorbitos -que entonces los licores no eran lo mío y me sentaban como un tiro-, comencé a pensar: lo que te va a costar, campeón; no tienes suficiente dinero... Tardé tanto en pedir la cuenta que un poco más y aún estamos allí. Al fin y con voz de pito, pregunté cuanto era y .... 242 pesetas señor, me dijo quien vestía black tie mientras clavaba sus ojos en mí. Aún sigo teniendo pesadillas.
Sigue el Viaje. El niño grande no paraba, quería y necesitaba coger muchos trenes y recorrer rutas, aprendiendo todo lo que ignoraba. Ya le dijo Ella años después: te notaba unas ganas enormes de volar. El niño grande tenía que madurar; en todo. Y viajó a muchos lugares, convivió con gentes de otras lenguas y costumbres, comió cosas muy raras, trabajó en muchas y diversas cosas, estudió, leyó,.. Y sufrió, sufrió mucho.
El hombre volvía al pueblo. Iba enterrando a sus mayores. Viajes cortos, a la playa donde amó tanto, donde rió siempre, donde no entraba en los días grises de mala mar pues imponía el ronco bramido de la bruma. Y cogía de nuevo el tren que le alejaba de sus amores. Ahora ya no queda nadie a quien enterrar. El niño ya es hombre, aunque lo duda a veces. Y hace unos días volvió al pueblo...
No conocía a nadie. Pero encontró a Chomin. Este según le vió dijo: ¿No eras el novio de MJSM?. Unas pocas palabras, funden el alma. Siempre... El hombre quiso ser niño de nuevo y bajar del tren en la estación tras su viaje mágico. Preguntó.... Chomin le contestaba mirando fijo. A G le enterramos hace año y medio... ¿Y P?. Se ahorcó en 2010.
El Hombre se fue y ya solo, al anochecer, salió a la terraza de la casa, se sentó mirando sin ver la mar
Y lloró
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Sentimientos
domingo, 28 de septiembre de 2014
El viaje (I)
Noche mágica de un niño, pues la magia nace de la luna, como cuando le llevó su madre a la capilla por pasillos desiertos para asistir a la Misa del Gallo o cuando contempló la ciudad desnuda y sola desde las ventanillas del coche mientras bajaba, también con su madre, a recoger en la estación a su hermano mayor que llegaba de madrugada. Los recuerdos despiertan... O cuando recorría de la mano de su abuelo, silenciosos ambos, la noche bilbáina por calles apenas iluminadas y aún con esqueletos que fueron casas, hijos de la guerra.
Pero la magia imborrable sería la del viaje. El expréss salía para Bilbao a las 02,50, aunque solo sobre el papel, que aún recuerda cuando lo hizo a las 09,00 y pasó la noche entre los andenes, la cantina, la sala de facturación y otras maravillas llenas de sorpresas de la estación de Campo Sepulcro. Luego, el departamento, de tejidos espesos, maderas oscuras, mesitas plegables y algún desconocido. Pero sobre todo, paisajes..., como también se llamaba la revista de la RENFE que miraba siempre en casa del abuelo.
Niño de nariz fundida con el cristal de la ventanilla, paladeando lugares mágicos que existían, aunque para él solo fuesen visiones que pasaban ante su mirada de ojos muy abiertos. Castejón, vías, humos, negrura y soledad; viuda de Solano, pastillas de café con leche, Logroño; .. Pero sobre todo, ¡Orduña!; allá arriba, la Virgen de la Antigua, abajo nosotros, pequeñitos dentro de un gusano metálico al que había que uncir otra máquina suplementaria, que si no, no subía y eso soltando carbonilla a chorros, que se metía en el ojo con gran facilidad y te hacia llorar.
Ya en Bilbao, en una calle muy corta, tras bajar las escaleras de Abando, parábamos siempre en La Concordia, café señorial donde los hubiese, de asientos tapizados en cuero rojo y camareros con delantal blanco hasta el tobillo. ¿Qué desea el señor?. Y el señor tenía unos 10 años, pero iba aprendiendo así a comportarse como tal. En aquel lugar comencé a saber lo que era almorzar un excelente filete Café de París, a conversar bajo, a tratar con respeto, ... A todas esas costumbres tendentes a convivir sin molestar y que hoy una piara de zafios describen ignaros como de pijos.
Subiendo dichas escaleras se alcanzaba la entrada a la estación de Abando, de la RENFE, pero si nada más hacerlo viraba uno a la izquierda se dirigía a la estación de FEVE, paralela a la anterior y desde donde arrancaba a las 14,00 el tren para Santander. Y si ya desde Orduña mis ojos se iban llenando de montes y verde oscuro, la vía estrecha desde Bilbao a Santander transcurría por un canal vivo de verde claro, que se abría de golpe en ocasiones, tras alcanzar el Valle del Asón, a espacios donde la mirada podía perderse a lo lejos en busca de sueños. Bajábamos del tren en la pequeñísima estación de Cicero, donde tomábamos el autobús que llevaba a los viajeros al pueblo por la carretera de los puentes, ya que nuestra casa familiar está en lo que es en realidad una isla y se llega bien sobre las marismas bien sobre un estrecho arenal que más de una vez superó el Cantábrico.
En el pueblo mi vida era libertad. Despertaba a la mañana en un silencio roto por las ruedas del carro del lechero en el empedrado de la plaza donde se alzaba la casa y me llenaba el olor a pan tierno de tahona, recién horneado en Harino Panadera. Desayuno de pan cortado de bolla marinera tostado al fuego, que no había modernidades, untado con mantequilla hecha batiendo nata, que se conservaba entre hojas de helecho. Y luego, salía a la calle, que nunca acera, pues los vehículos que solía ver eran la tartana del alcalde, tirada por un borrico y con asiento de listones de madera de colores, y una rubia, que no era otra cosa que un coche no muy grande con una carrocería de dos volúmenes -lo que hoy llamamos familiar- en la que las puertas laterales y trasera eran de madera clara.
Pasaba los días con Nandín, marinero que ya no embarcaba y cuidaba en tierra los almacenes del armador -que eso era mi abuelo-, empleo conocido en la mar como el anciano. Pegado como una lapa, le veía calafatear los botes auxiliares que luego embarcarían para pescar parrocha durante la época de pesca a cebo vivo durante la costera de bonito, o llevar un arte en el carro al Muelle Viejo, que aún no existía el Nuevo. Cuando Nandín se alejó en la niebla, me heredó su sucesor, Agustín, a quien mis amigos y yo llamábamos señor Agustín; nos llevaba a las marismas en un bote a pescar a mano cámbaros cerberos, que en otras tierras sé ahora que llaman nécoras, y a llenar garrafas de agua dulce, clara y fresca de una fuente que manaba a la mar entre unas rocas.
Agustín, que semejaba ser escocés, de tez rubicunda y ojos azul claro, de piel curtida por el viento, cruzada por cuanta cicatriz puede tallar la vida y tostada por sol de invierno, no había tenido suerte en la vida. Llegó a ser patrón y luego a armar y arranchar su propio barco, pero roló su suerte y acabó de marinero en el rol de alguno de los Ríos de nuestra casa, pues todos los barcos de abuelo eran Río algo, desde que perdió el María Isabel con 16 tripulantes de los que nunca más se supo.
A la atardecida marchaba con el abuelo a La Costera, la emisora de la Cofradía instalada en La Venta, que no es más que lo que llaman en otros lugares Lonja. Allí entraba en el Pósito, el almacén general donde los barcos encontraban todo lo que necesitaban para arranchar durante las mareas -tiempo en que el barco se mantiene pescando en la mar-. Y desde allí viví una galerna de verdad y no esas mariconadas de los metereólogos de hoy, con todo el pueblo en la plaza, de pie y en silencio frente a Teléfonos, que en las casas no había. Salía una de las telefonistas a la acera y decía: El Santa Teresa de Jesús entró en Gijón; y veías como unas mujeres y unos niños se abrazaban. Mientras, el resto era silencio.
Una galerna.... Mar llana, en calma, rizada, marejadilla, marejada, fuerte marejada, gruesa, muy gruesa, arbolada y montañosa. Aquella hizo pasar la mar sobre Berría, llevándose casas y carretera. En casa retemblaban todas las ventanas, aun estando bien trancadas, el barómetro caído a tope, y durante las pleamares, lloviendo, la mar ocupaba el pueblo; en casa, entró en el portal y llegó al segundo escalón de la escalera. Montañosa..; son muros de agua de 20 metros de altura que vienen hacia uno... 20 metros.. Un edificio de unos 9 pisos... Se recuperó el casco de un barco; una ola había arrancado el puente, con quien estaba atado al gobernalle. La tripulación estaba en los relinchos -el área interior donde duermen-; habían clavado las entradas.
Dejémoslo atrás, que no lo olvidemos. Decía que tras La Costera acudía, acompañando a mi abuelo, a casa de mi tio, en cuya planta baja se abría desde un almacén de vinos hasta una pequeña fábrica de conservas, pasando por una sala donde daban meriendas previo encargo y una larga barra desde la que despachaban buen vino de Rioja, embutidos y latas de conservas. El local disponía de amplias mesas de pies de hierro y tablero de mármol, donde los marineros bebían chiquitos, acompañándose de una galleta maría, mientras alguno dibujaba a lápiz sobre el mármol cualquier pez, mostrando un dominio y una finura que convertían su obra en Arte.
Terminaba el día en la cocina, donde tras cenar mi abuelo fumaba un cigarrillo, convirtiendo aquello en un rito que yo contemplaba en silencio. Sacaba de un armario boquilla, tabaco, papel, encendedor y cenicero, montando despacio la fumada, que disfrutaba con gran calma mientras yo contemplaba sus ojos cerrados, su barbilla alzada y su gesto de placer. Luego, tras mirar la hora en el reloj Napoleón que presidía la pared, encendía la radio y seleccionaba el canal marítimo para oír las conversaciones de los barcos y enterarse de como iba la cosa.
Y a la cama, tras mis días de niño.
Pero la magia imborrable sería la del viaje. El expréss salía para Bilbao a las 02,50, aunque solo sobre el papel, que aún recuerda cuando lo hizo a las 09,00 y pasó la noche entre los andenes, la cantina, la sala de facturación y otras maravillas llenas de sorpresas de la estación de Campo Sepulcro. Luego, el departamento, de tejidos espesos, maderas oscuras, mesitas plegables y algún desconocido. Pero sobre todo, paisajes..., como también se llamaba la revista de la RENFE que miraba siempre en casa del abuelo.
Niño de nariz fundida con el cristal de la ventanilla, paladeando lugares mágicos que existían, aunque para él solo fuesen visiones que pasaban ante su mirada de ojos muy abiertos. Castejón, vías, humos, negrura y soledad; viuda de Solano, pastillas de café con leche, Logroño; .. Pero sobre todo, ¡Orduña!; allá arriba, la Virgen de la Antigua, abajo nosotros, pequeñitos dentro de un gusano metálico al que había que uncir otra máquina suplementaria, que si no, no subía y eso soltando carbonilla a chorros, que se metía en el ojo con gran facilidad y te hacia llorar.
Ya en Bilbao, en una calle muy corta, tras bajar las escaleras de Abando, parábamos siempre en La Concordia, café señorial donde los hubiese, de asientos tapizados en cuero rojo y camareros con delantal blanco hasta el tobillo. ¿Qué desea el señor?. Y el señor tenía unos 10 años, pero iba aprendiendo así a comportarse como tal. En aquel lugar comencé a saber lo que era almorzar un excelente filete Café de París, a conversar bajo, a tratar con respeto, ... A todas esas costumbres tendentes a convivir sin molestar y que hoy una piara de zafios describen ignaros como de pijos.
Subiendo dichas escaleras se alcanzaba la entrada a la estación de Abando, de la RENFE, pero si nada más hacerlo viraba uno a la izquierda se dirigía a la estación de FEVE, paralela a la anterior y desde donde arrancaba a las 14,00 el tren para Santander. Y si ya desde Orduña mis ojos se iban llenando de montes y verde oscuro, la vía estrecha desde Bilbao a Santander transcurría por un canal vivo de verde claro, que se abría de golpe en ocasiones, tras alcanzar el Valle del Asón, a espacios donde la mirada podía perderse a lo lejos en busca de sueños. Bajábamos del tren en la pequeñísima estación de Cicero, donde tomábamos el autobús que llevaba a los viajeros al pueblo por la carretera de los puentes, ya que nuestra casa familiar está en lo que es en realidad una isla y se llega bien sobre las marismas bien sobre un estrecho arenal que más de una vez superó el Cantábrico.
En el pueblo mi vida era libertad. Despertaba a la mañana en un silencio roto por las ruedas del carro del lechero en el empedrado de la plaza donde se alzaba la casa y me llenaba el olor a pan tierno de tahona, recién horneado en Harino Panadera. Desayuno de pan cortado de bolla marinera tostado al fuego, que no había modernidades, untado con mantequilla hecha batiendo nata, que se conservaba entre hojas de helecho. Y luego, salía a la calle, que nunca acera, pues los vehículos que solía ver eran la tartana del alcalde, tirada por un borrico y con asiento de listones de madera de colores, y una rubia, que no era otra cosa que un coche no muy grande con una carrocería de dos volúmenes -lo que hoy llamamos familiar- en la que las puertas laterales y trasera eran de madera clara.
Pasaba los días con Nandín, marinero que ya no embarcaba y cuidaba en tierra los almacenes del armador -que eso era mi abuelo-, empleo conocido en la mar como el anciano. Pegado como una lapa, le veía calafatear los botes auxiliares que luego embarcarían para pescar parrocha durante la época de pesca a cebo vivo durante la costera de bonito, o llevar un arte en el carro al Muelle Viejo, que aún no existía el Nuevo. Cuando Nandín se alejó en la niebla, me heredó su sucesor, Agustín, a quien mis amigos y yo llamábamos señor Agustín; nos llevaba a las marismas en un bote a pescar a mano cámbaros cerberos, que en otras tierras sé ahora que llaman nécoras, y a llenar garrafas de agua dulce, clara y fresca de una fuente que manaba a la mar entre unas rocas.
Agustín, que semejaba ser escocés, de tez rubicunda y ojos azul claro, de piel curtida por el viento, cruzada por cuanta cicatriz puede tallar la vida y tostada por sol de invierno, no había tenido suerte en la vida. Llegó a ser patrón y luego a armar y arranchar su propio barco, pero roló su suerte y acabó de marinero en el rol de alguno de los Ríos de nuestra casa, pues todos los barcos de abuelo eran Río algo, desde que perdió el María Isabel con 16 tripulantes de los que nunca más se supo.
A la atardecida marchaba con el abuelo a La Costera, la emisora de la Cofradía instalada en La Venta, que no es más que lo que llaman en otros lugares Lonja. Allí entraba en el Pósito, el almacén general donde los barcos encontraban todo lo que necesitaban para arranchar durante las mareas -tiempo en que el barco se mantiene pescando en la mar-. Y desde allí viví una galerna de verdad y no esas mariconadas de los metereólogos de hoy, con todo el pueblo en la plaza, de pie y en silencio frente a Teléfonos, que en las casas no había. Salía una de las telefonistas a la acera y decía: El Santa Teresa de Jesús entró en Gijón; y veías como unas mujeres y unos niños se abrazaban. Mientras, el resto era silencio.
Una galerna.... Mar llana, en calma, rizada, marejadilla, marejada, fuerte marejada, gruesa, muy gruesa, arbolada y montañosa. Aquella hizo pasar la mar sobre Berría, llevándose casas y carretera. En casa retemblaban todas las ventanas, aun estando bien trancadas, el barómetro caído a tope, y durante las pleamares, lloviendo, la mar ocupaba el pueblo; en casa, entró en el portal y llegó al segundo escalón de la escalera. Montañosa..; son muros de agua de 20 metros de altura que vienen hacia uno... 20 metros.. Un edificio de unos 9 pisos... Se recuperó el casco de un barco; una ola había arrancado el puente, con quien estaba atado al gobernalle. La tripulación estaba en los relinchos -el área interior donde duermen-; habían clavado las entradas.
Dejémoslo atrás, que no lo olvidemos. Decía que tras La Costera acudía, acompañando a mi abuelo, a casa de mi tio, en cuya planta baja se abría desde un almacén de vinos hasta una pequeña fábrica de conservas, pasando por una sala donde daban meriendas previo encargo y una larga barra desde la que despachaban buen vino de Rioja, embutidos y latas de conservas. El local disponía de amplias mesas de pies de hierro y tablero de mármol, donde los marineros bebían chiquitos, acompañándose de una galleta maría, mientras alguno dibujaba a lápiz sobre el mármol cualquier pez, mostrando un dominio y una finura que convertían su obra en Arte.
Terminaba el día en la cocina, donde tras cenar mi abuelo fumaba un cigarrillo, convirtiendo aquello en un rito que yo contemplaba en silencio. Sacaba de un armario boquilla, tabaco, papel, encendedor y cenicero, montando despacio la fumada, que disfrutaba con gran calma mientras yo contemplaba sus ojos cerrados, su barbilla alzada y su gesto de placer. Luego, tras mirar la hora en el reloj Napoleón que presidía la pared, encendía la radio y seleccionaba el canal marítimo para oír las conversaciones de los barcos y enterarse de como iba la cosa.
Y a la cama, tras mis días de niño.
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Sentimientos
viernes, 4 de julio de 2014
Una novia
La angustia es novia de noche, solitaria pareja oscura. Nos declara muy pronto su pasión, a poco de que nuestra mente se abra a sentir la vida y desde entonces no ceja en sus intentos de seducirnos. Siempre atenta, en cuanto tiene ocasión nos abraza y besa el alma. Anímicamente, vivir quizá sea poco más que aprender a no dejarse dominar por sus celos. Y es que la angustia es celosa; nos quiere para si e intenta dominar nuestra vida. Si no nos esforzamos en resistir sus cantos de sirena, nunca arribaremos a Itaca.
Nacemos sin saber por que, desconociendo a donde vamos e ignorando el camino. El Hombre intenta desesperadamente sentirse seguro de algo, sin reconocer, tozudo, que solo lo está de haber nacido y de que algún día morirá. Por eso cada circunstancia imprevista del camino nos inquieta, ignorantes de como tratarla, pues para hacerlo correctamente deberíamos saber como influirá en nuestra singladura y lo desconocemos. Así que vivir es intuir.
Cualquier día, en cualquier momento, nos sucede lo que nos aguardaba y no esperábamos. Si allí comienza y termina todo, es duro, muy duro, para quien lo vive, pero en ese momento dejamos atrás el suceso y aunque el tiempo nada cura, si sitúa lo sucedido en el lugar que debe estar. Lo terrible es cuando algo comienza y no acaba, cuando tenemos que enfrentarnos al devenir; entonces la angustia, novia incansable, viste sus mejores galas y se acerca susurrante, insinuando todo aquello que hace que perdamos el equilibrio a cada paso.
La angustia... ¡Terrible pareja!. Lapa del alma. Solo la Esperanza puede desplazarla, ¿pero cómo abrir la puerta a la Esperanza, cómo dejar que nos acaricie el pensamiento?. Pues.. hablando, compartiendo. Solos, nada es posible. Nacimos para convivir. Y solo asumiendo la compañía de otros restamos espacio a la angustia.
Tuve de joven fe de carbonero, esa que nos enseñaron, la del dios mercader, a quien se le proponen negocios y convenios: arréglame esto, que yo te ofrezco lo otro. Y si Él es, solo puede ser Amor, que no admite negocios. Rogué y rogué que accediese a solucionar mis problemas; no obtuve respuesta, aunque la hubo en todo momento y hoy lo sé. Perdí aquella fe que no era Fe. Y dejé el campo libre a la angustia y a su padre el Miedo.
No soy creyente, pues si se cree se obra. No se puede decir que se cree, que se ama algo y no obrar en consecuencia. Solo soy un navegante que intenta seguir la derrota que le llevará a su destino, que desearía ver la luz de un faro que le guíe y recibir señal del gonio. Pero no, no lo logro.
Pero estos días la angustia me ha invadido de tal manera que, incapaz de resistir firme al gobernalle, he pedido auxilio a gritos y en silencio.......
Nacemos sin saber por que, desconociendo a donde vamos e ignorando el camino. El Hombre intenta desesperadamente sentirse seguro de algo, sin reconocer, tozudo, que solo lo está de haber nacido y de que algún día morirá. Por eso cada circunstancia imprevista del camino nos inquieta, ignorantes de como tratarla, pues para hacerlo correctamente deberíamos saber como influirá en nuestra singladura y lo desconocemos. Así que vivir es intuir.
Don Antonio Machado lo explicó con sencillez, como nunca lograría hacerlo yo..
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Cualquier día, en cualquier momento, nos sucede lo que nos aguardaba y no esperábamos. Si allí comienza y termina todo, es duro, muy duro, para quien lo vive, pero en ese momento dejamos atrás el suceso y aunque el tiempo nada cura, si sitúa lo sucedido en el lugar que debe estar. Lo terrible es cuando algo comienza y no acaba, cuando tenemos que enfrentarnos al devenir; entonces la angustia, novia incansable, viste sus mejores galas y se acerca susurrante, insinuando todo aquello que hace que perdamos el equilibrio a cada paso.
La angustia... ¡Terrible pareja!. Lapa del alma. Solo la Esperanza puede desplazarla, ¿pero cómo abrir la puerta a la Esperanza, cómo dejar que nos acaricie el pensamiento?. Pues.. hablando, compartiendo. Solos, nada es posible. Nacimos para convivir. Y solo asumiendo la compañía de otros restamos espacio a la angustia.
Tuve de joven fe de carbonero, esa que nos enseñaron, la del dios mercader, a quien se le proponen negocios y convenios: arréglame esto, que yo te ofrezco lo otro. Y si Él es, solo puede ser Amor, que no admite negocios. Rogué y rogué que accediese a solucionar mis problemas; no obtuve respuesta, aunque la hubo en todo momento y hoy lo sé. Perdí aquella fe que no era Fe. Y dejé el campo libre a la angustia y a su padre el Miedo.
No soy creyente, pues si se cree se obra. No se puede decir que se cree, que se ama algo y no obrar en consecuencia. Solo soy un navegante que intenta seguir la derrota que le llevará a su destino, que desearía ver la luz de un faro que le guíe y recibir señal del gonio. Pero no, no lo logro.
Pero estos días la angustia me ha invadido de tal manera que, incapaz de resistir firme al gobernalle, he pedido auxilio a gritos y en silencio.......
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Vida
lunes, 6 de enero de 2014
Los ojos del miedo
Me ha reducido al silencio. Nos habían avisado de que estaba flojo y que le habían vuelto a poner la sonda nasogástrica; tras extirpar el tumor, al reconstruirle la vejiga con parte del intestino, inevitablemente, la intervención no solo ha dado lugar a los efectos propios sobre el aparato urinario sino que ha afectado al aparato digestivo. La sensación que tiene no va más allá de molesta, pues hoy en día los calmantes van que vuelan; el síndrome que se ha presentado es uno de los posibles y suma una dificultad más a superar, pero el hecho es que se ha producido una obstrucción intestinal, a consecuencia de la cual devuelve cualquier sólido o líquido que ingiere, dado que su intestino está repleto.
No se puede actuar "por abajo", ya que bastante tiene con recuperar poco a poco el área intervenida, de modo que lo que están haciendo es aspirar por aquella sonda el contenido intestinal para "despejar" el aparato digestivo y reducir la inflamación abdominal.
Y así lo he encontrado, soltando mierda por un tubo que salía de su nariz y que desaguaba en un recipiente estanco, donde ya había unos dos litros.
Aguanto esto con tranquilidad. No me afecta. Es meramente físico. Lo que me ha reducido al silencio ha sido su mirada callada. Al no disponer de mucha energía, solo mira, con los ojos inmensamente abiertos, que se mueven rapidísimos en busca de cualquier bicho viviente que haga cualquier gesto a su alrededor. Y esos ojos gritan...
Siente la muerte. Está asustado, absolutamente asustado.
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Vida
lunes, 28 de octubre de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Pequeñita
Es pequeñita. Gordita, viste ropa amplia. Su rostro es redondo, dulce, y mira la vida tras unos lentes casi sin montura. Habla bajo, apenas un susurro. Peina media melena lisa su abundante cabellera blanca. Usa bastón y camina despacio, con cuidado, pues a sus ochenta años la cosa no admite bromas. Y hoy se despedía de mí... "Quería hacerte un regalo; ya hace tiempo que no compro cosas para los demás, sino que pienso en que objeto de los que tengo le agradaría a la persona que quiero obsequiar. Y así poquito a poco voy regalándome. Iba a darte mi reloj, el que compré con La Vanguardia, que sé que te gusta, pero no me dejan..".
Inclinado hacia ella le he contestado: "Sí puedes hacerme un regalo. Vuelve. Y tú serás mi regalo". Me ha contemplado en silencio, sabiendo que volver a vernos será cada año una aventura.
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martes, 16 de julio de 2013
Hace 50 años prometimos..
Ella y él estaban sentados solos en el primer banco del lado del Evangelio. Los hijos, algunos a su altura en el lado de la Epístola, otros más atrás, a ambos lados. Los dos nietos jugaban sin ruido en el banco que estaba tras del de sus abuelos y la nieta chica, Gabriela, contemplaba todo con seriedad arrebujada en la falda de su madre. Las lecturas las hicieron los hijos y las oraciones los dos nietos; aquello empezó a caldearse.. El niño mayor, que habla español con acento brasileño y un deje alemán, fue el primero y le siguió con seriedad -incomprensible en quien es movido como nadie- el menor; rogaron por muchas cosas y también por sus abuelos, que tanto se habían esforzado durante su vida.
Y el coñocura -que así llamo al páter que trata sobre lo que necesitan las gentes y lo hace para ayudar a vivir según lo que dijo Jesús, pues el sábado se hizo para el Hombre y no el hombre para el Sábado- se puso a hablar; a lo pequeño, que la capilla no era grande y no requería ni altavoz. Y pajodela, habló con sentido y sentimiento, con carnalidad, que es tanto como reconocer que el hombre vive cayendo y levántandose, de modo que su calidad se mide por su esfuerzo y no tanto por su éxito.
Les dio la enhorabuena, las gracias y les felicitó. Enhorabuena por llegar, recordando que muchos no lo logran, bien por desvanecerse en la niebla bien porque aquel amor no fue suficientemente fuerte para imponerse a los días; recordó a quienes estaban aquella mañana de hace 50 años y se habían alejado para siempre, pero todo sin retórica, a lo íntimo.. Les dio las gracias en nombre de todos, pero especialmente por si mismo, pues aclaró que día tras día intentaba explicar lo que era el matrimonio, quizá sin lograrlo, y tener a una mujer y a un hombre que renovaban sus bodas, no porque todo les hubiese salido bien y su amor hubiese sido idílico, sino porque habían vivido juntos paso a paso, superando desencuentros, frustraciones, desilusiones y realidades gracias a creer en el otro, a entregarse y a vivir con esperanza, mostraba mejor que cualquier sermón el camino del amor.
Terminó felicitándoles de todo corazón por estar allí, porque sus hijos estaban a su lado, por aquella docena de amigos íntimos que les arropaban, por haber generado futuro para otros y haberles regalado cariño ... Acabó la misa y volvieron los hijos a subir a la tarima. El cura quedó en silencio, contemplando... Y uno tras otro los hijos agradecieron a sus padres, con pocas palabras, la vida y el esfuerzo, el amor y la presencia. Aquello finalizaba...
Y se levantó Ella; habló.. Estoy muy nerviosa y no sé que voy a decir, a pesar de que lo tengo escrito y que lo voy a leer. Se trabucó, agradeció nuestra compañía y no sé que más dijo, pues luego Él hizo lo propio. Leyó... Siempre me emociono... He dedicado mi vida a mi familia y a trabajar; he hecho siempre todo lo que he podido y lo mejor que he sabido, tanto en familia, entregando mi vida a mi mujer y a mis hijos, como en mi trabajo a los enfermos. Levantó la mirada, contempló a los suyos y dijo: ¡Os quiero tanto!. Y se echó a llorar..
Y se quedó allí quieto, de pie, llorando, en mitad del silencio de todos. Al cabo, que no sé a cuanto, aplaudimos y me enorgullezco de que mis palmadas fueron las últimas que se oyeron. Me volví un poco. Su nuera lloraba en silencio. Junto al último pilar entre naves de aquella catedral que abrió el Camino, los del bautizo que venía a continuación y unos cuantos turistas estaban inmóviles, contemplándole, atendiendo a la vida...
Post Scriptum.- Cuando nos invitaron, nos dijeron que no querían regalo alguno. Solo nos dieron la cuenta de Cáritas...
Y el coñocura -que así llamo al páter que trata sobre lo que necesitan las gentes y lo hace para ayudar a vivir según lo que dijo Jesús, pues el sábado se hizo para el Hombre y no el hombre para el Sábado- se puso a hablar; a lo pequeño, que la capilla no era grande y no requería ni altavoz. Y pajodela, habló con sentido y sentimiento, con carnalidad, que es tanto como reconocer que el hombre vive cayendo y levántandose, de modo que su calidad se mide por su esfuerzo y no tanto por su éxito.
Les dio la enhorabuena, las gracias y les felicitó. Enhorabuena por llegar, recordando que muchos no lo logran, bien por desvanecerse en la niebla bien porque aquel amor no fue suficientemente fuerte para imponerse a los días; recordó a quienes estaban aquella mañana de hace 50 años y se habían alejado para siempre, pero todo sin retórica, a lo íntimo.. Les dio las gracias en nombre de todos, pero especialmente por si mismo, pues aclaró que día tras día intentaba explicar lo que era el matrimonio, quizá sin lograrlo, y tener a una mujer y a un hombre que renovaban sus bodas, no porque todo les hubiese salido bien y su amor hubiese sido idílico, sino porque habían vivido juntos paso a paso, superando desencuentros, frustraciones, desilusiones y realidades gracias a creer en el otro, a entregarse y a vivir con esperanza, mostraba mejor que cualquier sermón el camino del amor.
Terminó felicitándoles de todo corazón por estar allí, porque sus hijos estaban a su lado, por aquella docena de amigos íntimos que les arropaban, por haber generado futuro para otros y haberles regalado cariño ... Acabó la misa y volvieron los hijos a subir a la tarima. El cura quedó en silencio, contemplando... Y uno tras otro los hijos agradecieron a sus padres, con pocas palabras, la vida y el esfuerzo, el amor y la presencia. Aquello finalizaba...
Y se levantó Ella; habló.. Estoy muy nerviosa y no sé que voy a decir, a pesar de que lo tengo escrito y que lo voy a leer. Se trabucó, agradeció nuestra compañía y no sé que más dijo, pues luego Él hizo lo propio. Leyó... Siempre me emociono... He dedicado mi vida a mi familia y a trabajar; he hecho siempre todo lo que he podido y lo mejor que he sabido, tanto en familia, entregando mi vida a mi mujer y a mis hijos, como en mi trabajo a los enfermos. Levantó la mirada, contempló a los suyos y dijo: ¡Os quiero tanto!. Y se echó a llorar..
Y se quedó allí quieto, de pie, llorando, en mitad del silencio de todos. Al cabo, que no sé a cuanto, aplaudimos y me enorgullezco de que mis palmadas fueron las últimas que se oyeron. Me volví un poco. Su nuera lloraba en silencio. Junto al último pilar entre naves de aquella catedral que abrió el Camino, los del bautizo que venía a continuación y unos cuantos turistas estaban inmóviles, contemplándole, atendiendo a la vida...
Post Scriptum.- Cuando nos invitaron, nos dijeron que no querían regalo alguno. Solo nos dieron la cuenta de Cáritas...
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Amor,
Sentimientos
viernes, 14 de junio de 2013
El Universo en la mano
Una amiga ha publicado en Caralibro la imagen que podéis ver a continuación. Me quedé paralizado nada más contemplarla y sentí como la Existencia me inundaba. Por cierto, quien esté acostumbrado a reaccionar defensivamente ante lo ajeno comparándolo con lo propio, para decirse al oído toda una serie de razones que le protegen de los sentires y le evitan dudar de si mismo, que se aleje. Por favor, que se aleje; todo este blog está escrito por alguien que vive dudando, especialmente de si mismo, y resulta doloroso quedarse desnudo y en carne viva ante quien huye del sufrimiento.
Hace ya 40 años... Yo estaba enamorado. Enamorarse, que es infinitamente más que querer, lo que es muchísimo más que ilusionarse, implica, exige, entregarse en alma, corazón y vida. Cuando sucede se apropia de tal manera de nuestra intimidad que ya no suelta nunca su presa. El tiempo no borra nada, como aseguran quienes nunca se han desgarrado por dentro; lo que hace el tiempo es equilibrar el ánimo y situar a resguardo nuestras emociones, de manera que podamos seguir vivos y sintiendo. Es posible volver a enamorarse, quizá porque siempre nos enamoramos de lo mismo materializado en personas diferentes; es posible y de hecho sucede, pero una vez que te has enamorado algo queda reservado en el alma y ya no vuelve a entregarse. Nunca vuelve a entregarse, nunca....
Volvamos a aquel año ... Ella y yo nos habíamos abierto el corazón, pero conociendo el percal que nos envolvía en el pueblo habíamos decidido mantenernos en público como buenos amigos, sin más. Y eso hacía que todos los días nos fuésemos a los alrededores, a poder vivir llenos de luz, conociéndonos poco a poco, soñando en crear una existencia común que nos regalase el futuro. No siempre íbamos solos y a veces aprovechábamos que nuestros amigos se reunían en algún sitio para acompañarles.
No hacía mucho que nos habíamos declarado el uno al otro, así que solo los más íntimos estaban al tanto de lo que había nacido. Aquella tarde nos reunimos todos en una terraza a la orilla del Cantábrico, teniendo a los pies una pequeña playa rodeada de rocas. Atardecía, charlábamos, ella estaba sentada a mi lado.. Sin saber como ni por que, ajeno a toda prudencia, contemplando la mar, oyendo las voces, mi mano se aproximó despacio, creo pues sueño y no recuerdo, a la suya y suavemente rocé primero su piel, luego las yemas de mis dedos se deslizaron hacia sus dedos y nuestras manos se unieron, entrelazadas, sin necesidad de mirarnos, fundiendo nuestras vidas.
¿Saben?. Sentí vívidamente todo el Universo en mi mano.
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Sentimientos
jueves, 21 de febrero de 2013
El adiós
Mira, gira la cabeza. Su mirada recorre el entorno. Vacío. No hay nadie más. Siente como lo vivido invade su alma en un instante, expulsando bruscamente toda esperanza. Vacío. La soledad se abre paso hasta su corazón. Sabe que nunca más volverá a verlos. Vacío. Le falta el aire, el pecho se hunde, la carne se desgarra. Aúlla.
Su mirada desciende a la tierra. Su espalda se dobla, sus hombros se derrumban. Paso a paso se aleja pesadamente de si mismo
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Sentimientos
domingo, 17 de febrero de 2013
¡No pases!
Cuando llegué a la sala de espera estaba sentada cerca de la puerta y solo me percaté de su presencia cuando la recepcionista me indicó tras que paciente pasaría a consulta y me volví para para ver quien era. Luego, como los mocos hacen estragos en esta época y la sala estaba a rebosar, me senté lejos de la muchacha, en el pasillo, muy cerca de la puerta tras la que atendía el médico.
Tras pasar algunos de los que iban antes que ella se levantó y se sentó a mi lado, no porque mi belleza serrana la atrajese sino para que no se le pasase el turno; la pobre estaba que no se tenía en pie.. En estas llegó su padre; ¡qué mala pinta pensé!. La ropa que vestía estaba muy usada, desteñida en parte y con manchas aquí y allá; azules las deportivas, los vaqueros, el anorak y la camiseta, con un cuello desmesuradamente desbocado.
No era ya que la largura de su abundante melena, muy negra y descuidada, y su altura, le hiciesen parecer un guerrero apache, sino que el tostado de su piel, curtida por surcos de muchos aires, y la fortaleza de sus grandes manos, que seguramente eran su instrumento de trabajo, imponían cierto temor respetuoso.
Se quedó de pie, apoyado en la pared, y comenzó a hablar con su hija. ¿A qué hora te fue a buscar el yayo?; ¿has tomado la medicina?; ¿y la escuela?... Quería saber y preguntaba, aunque sin agobiar; dejaba espacio entre una cuestión y otra, mientras contemplaba a su hija con una mirada de grandes ojos negros. Su hija le respondía con cierto cansancio derivado del trancazo, pero que no me impedía sentir con claridad que estaban acostumbrados a compartir sus vidas.
En estas la llamó el médico. Se levantó y avanzaron hacia la consulta, lo que me permitió darme cuenta de que ella era poco más que una niña, con ese aspecto extraño de quien aún no sabe quien es en realidad. Al darse cuenta de que su padre la seguía, se volvió, agachó un poquito la cabeza y le dijo en voz baja: ¡No pases!. El padre se quedó cortado, quieto.. Ella entró en la consulta y se cerró la puerta; él se sentó a mi lado, se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre los muslos. Giró hacia mí la cabeza, me miró y mientras sonreía suavemente comentó para si en voz alta: ¡Con la de veces que la he bañado y la he tenido en brazos!.
Tras pasar algunos de los que iban antes que ella se levantó y se sentó a mi lado, no porque mi belleza serrana la atrajese sino para que no se le pasase el turno; la pobre estaba que no se tenía en pie.. En estas llegó su padre; ¡qué mala pinta pensé!. La ropa que vestía estaba muy usada, desteñida en parte y con manchas aquí y allá; azules las deportivas, los vaqueros, el anorak y la camiseta, con un cuello desmesuradamente desbocado.
No era ya que la largura de su abundante melena, muy negra y descuidada, y su altura, le hiciesen parecer un guerrero apache, sino que el tostado de su piel, curtida por surcos de muchos aires, y la fortaleza de sus grandes manos, que seguramente eran su instrumento de trabajo, imponían cierto temor respetuoso.
Se quedó de pie, apoyado en la pared, y comenzó a hablar con su hija. ¿A qué hora te fue a buscar el yayo?; ¿has tomado la medicina?; ¿y la escuela?... Quería saber y preguntaba, aunque sin agobiar; dejaba espacio entre una cuestión y otra, mientras contemplaba a su hija con una mirada de grandes ojos negros. Su hija le respondía con cierto cansancio derivado del trancazo, pero que no me impedía sentir con claridad que estaban acostumbrados a compartir sus vidas.
En estas la llamó el médico. Se levantó y avanzaron hacia la consulta, lo que me permitió darme cuenta de que ella era poco más que una niña, con ese aspecto extraño de quien aún no sabe quien es en realidad. Al darse cuenta de que su padre la seguía, se volvió, agachó un poquito la cabeza y le dijo en voz baja: ¡No pases!. El padre se quedó cortado, quieto.. Ella entró en la consulta y se cerró la puerta; él se sentó a mi lado, se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre los muslos. Giró hacia mí la cabeza, me miró y mientras sonreía suavemente comentó para si en voz alta: ¡Con la de veces que la he bañado y la he tenido en brazos!.
Su mirada se hizo tierna sorpresa y su rostro, iluminado por una sonrisa resplandeciente y una dentadura perfecta, era bellísimo, muy dulce.
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Sentimientos
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