Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

domingo, 18 de febrero de 2018

Sueños de una vida

Uno leía de niño, mucho muchísimo y mayormente como corresponde a esa edad, libros de ... ¿aventuras?. Mi espíritu se forjó en Beau Geste, aprendiendo de Winnetou, bañándome en la soledad de Tarzán, viajando con Picaporte, creyendo en KPO la pantera, soñando vivir en las Tierras Vírgenes, queriendo vivir como Hermann Buhl, ... ¡Y yo qué sé cuanto más!, que el título del blog no lo puse a humo de pajas, pues fui, soy y seré un inútil soñador.

Mi primera y gran vocación fue la de marino. Cosas del ambiente que viví durante mi infancia y juventud. La mar ..., ¡cómo la añoro!. Mis soledades están repletas de recuerdos, de sonidos, de olores, ... (No se extrañen de tanto punto suspensivo, que escribo lo que acude a mi mente y esta suele perderse habitualmente de una cosa a otra). Y en una de estas he recordado que se inicia el Crucero de Instrucción de Guardiamarinas de la Escuela Naval a bordo del Juan Sebastían de Elcano.

Partirá de Cádiz y hará escalas en Funchal, Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Ushuaia, Punta Arenas, Valparaíso, El Callao y Charleston, desde donde volverá directamente a Cádiz, sin arribar a Marín para desembarcar a los guardiamarinas, como suele hacer. La ruta queda clara, la derrota según provea Dios Nuestro Señor, que se ha comentado que intentarán pasar a vela el Cabo de Hornos o de las Tormentas, pero si arriban a Ushuaia y más tarde a Punta Arenas doblarán por el Canal de Beagle ... Que no es moco de pavo, pues Drake, Magallanes y Beagle son áreas de vientos catabáticos, que pueden escorar de tal modo el barco que lleguen a acostarlo, lo que recuerdo que no será una experiencia nueva para la nave, pues me contaron que hasta el pater manejaba el hacha que daba gloria bendita.


Esto me da pié a hablarles de los Anillos, esos que dan derecho a mantenerse en pie ante Su Majestad y a mear a barlovento, lo que no dudo, aunque no sé yo con que resultados, en especial lo segundo. Pero tratando lo concreto recuerden que la "libreta de ahorros" para la inmensa mayoría de la población hasta hace cuatro días han sido las joyas, que permiten mover mucho capital bien pegado a nuestro cuerpo, además de verse y tocarse. Así que me apunto a la versión que expone que los marineros que cruzaban a vela determinadas zonas tenían derecho a colgar de su oreja un anillo de oro por cada uno de los tres grandes cabos o estrechos; se concretaba después que dado que los matinos suelen repetir ruta, los que navegaban por las más peligrosas se ahogaban tarde o temprano y de esa manera cuando aparecía el cadaver, si aparecía, se podían pagar los gastos de su entierro con el oro de su oreja.

En general se admite que los anillos eran tres y hay acuerdo sobre dos de ellos: el que correspondía por pasar entre el Atlántico y el Pacifico doblando el Cabo de las Tormentas, y el que se lograba por lo mismo entre el Índico y el Atlántico, doblando Buena Esperanza y Agulhas, conocido este por tal nombre al ser nula en el mismo la declinación magnética y marcar las agujas imantadas el norte geográfico.


Pero hay más. ¿Qué hay respecto al tercer anillo?. Hay quien dice que como los dos primeros se ganan doblando cabos, el tercero también, y defienden que se ganaría doblando el Cabo Leeuwin - en holandés, de la Leona-. Pero observando las rutas de navegación en un mapamundi se cae en la cuenta de que el tráfico marítimo entre China, Sudeste Asiático, India y África hacia Europa y América no pasaban por dicho cabo, lo que lo aislaba de las grandes rutas, que además aprovechaban el área del paralelo 40º S para impulsarse.


Así que me apunto a lo que escuché desde niño en el puerto: el tercer anillo se lograba atravesando a vela el Mar de Tasmania, con lo que se lograba de tacada sumar dos estrechos y dos cabos: el estrecho de Cook y el de Bass, y los cabos South East y South West. Tasmania ...; siempre contaron que era terrible. Aunque puede que fuesen ensoñaciones infantiles tras acompañar a los Tigres de Monpracen ...



sábado, 17 de febrero de 2018

Opinión pública

Profesor don José Luís Sampedro

lunes, 29 de enero de 2018

A una amiga

Confío en que ya no estés tan aburrida. Pero por si las moscas te ilustraré sobre mi manera de navegar por aguas tan procelosas (no sé bien que significa, pero queda decimonónicamente elegante) como las del aburrimiento. Antes, bucearé (se nota que pasté junto a la mar) en este último; creo que el aburrimiento mana suavemente cuando coinciden dos circunstancias: poco quehacer y limitación de espacio. La primera no necesita explicación y la segunda tendría que ver con nuestra permanencia en un lugar pequeño, reducido, de donde no nos movemos; el mero hecho de viajar y descubrir novedades, aunque solo sea mirando, diluye el aburrimiento. 

A estas alturas de mi disertación me voy dando cuenta de que me he aburrido una jartá. Horas, días, semanas, .., sin estar autorizado a desplazarme, existiendo en lugares limitados y mayormente sin otra cosa que hacer que estar. Por si pasaba algo tener alguien a quien culpar de lo que fuese... Bien. 

Pasemos a los métodos que empleé para combatir (término del soldado) a ese enemigo implacable, el aburrimiento. El primero fue el bocadillo; sí, un humilde pedazo de pan relleno de algo. Al estar aburrido da lo mismo lo que contenga; los he probado hasta de sopa de fideos. Antes que convertirte en zombi es preferible hacer lo que sea y como no me llaman las manualidades, que he preferido siempre que las haga otro, brotó en mí la calma que aporta el yantar y como no tenía perras para que este fuese de calidad ni ocasión para desplazarme a un buen comedero, pues lo que cayese... No te lo recomiendo. Te desarrollas y eliminas arrugas de la piel, que queda terse y lustrosa, pero pasas mucho calor en verano y a la gente del norte no nos sienta bien. 

Así que pasaré al segundo método: leer. He leído tanto que no me he enterado de la mayor parte. Y es que en aquella situación de asislamiento no puedes elegir la lectura; lees lo que hay o no lees. Así que eché mano tanto de las estadísticas del Servicio Nacional del Trigo en los silos castellanos desde su creación (algo queda siempre y eso permite apabullar a incautos en una discrepancia) hasta la estructura de los dioses hindúes. Por supuesto nada de profundizar que eso convertiría la lectura en algo así como dedicarse a un trabajo (en expresión de alguien en edad productiva) o en una afición o hobby (según diría un jubilado). Además, este método de leer sincopadamente (¿elegante, eh?) tiene la ventaja de que termina atontándote de tal manera que te amodorra y esto es utilísimo para ocultar el aburrimiento. 

Tampoco te recomiendo tres sistemas que conducen a situaciones problemáaticas: el vino, la brisca y las mujeres (hoy habría que decir mujeres, hombres y viceversa). El primero, o similares, suele llevar a una melancolía profunda y esta al desprecio personal, además de al odio al resto de las personas. El segundo, excitante es, como todos los juegos, pero te sumerge en el deseo de ganar cuando, por esencia, el único ganador posible es el propio juego, de quien se depende siempre e inexcusablemente para llevar la cabo la apuesta esperanzada e imposible de ganar al fin a quien te domina y esclaviza. 

¿Y las mujeres o viceversa?. Tentado estoy de quedar por tonto y dejar que pienses que mi cabeza está ya medio perdida y me he olvidado de explicarlo. El problema, dicho así como una parábola, es el mismo que el de estos artículos; expongo una idea, pero para completarla es necesario que quien lee añada lo que piensa sobre lo mismo, pues en caso contrario resulta algo incompleto, imperfecto, que no llega a desarrollarse. Y las personas, de ser algo, somos un añadido de desequilibrios en tensión. Así que combatir el aburrimiento mediante la pareja es un mal negocio. A la pareja hay que acudir bien cocido y suficientemente descargado de las tonterias que priman en los días de la época en que se viva.

Mal asunto. Pero no nos pongamos serios. Exploremos otro método, el que uso actualmente, el propio de ese inútil social al que la organización califica como jubilado, bien sea pensionista o pobre de mierda, que no es más que un subgrupo de aquel. ¡Pensar!. Ciertos individuos a los que su experiencia (cada uno en su nivel, claro, no se lo discuto) les va aclarando la mente y perciben cuando les toman el pelo, quien es un inútil y aun con eso les dirige, que proceso no tiene ni pies ni cabeza, pues lo parió un tonto a quien le dieron un lápiz, ..., y cosas así, la "Organización" los excluye, ya que se vuelven un peligro y diluyen la dicha en que flota la Masa. Te jubilan, te dicen que te substituyen por otro al que van a pagar una miseria, pues tú sales caro, y eso si no dejan vacío el lugar que ocupabas. Y gastan millones en organizar como te atienden (dicen).

Pensar. Comienza uno contemplándose en un espejo. Recuerda la gran cantidad de memeces que ha dicho, las oportunidades que la vida le puso en bandeja para ser feliz y él trituró, todo lo que pudo aprender y desdeñó, ... Se da cuenta de aquello que ya es imposible vivir. ¡Vamos, qué al fin y al cabo comienza uno a reparar en quien y cómo es!. Y poco a poco profundiza, expurga, matiza, ajusta cuentas..... Este proceso no termina nunca, requiere tiempo y evita el aburrimiento. Y así, cuando te vas, una vez aprendido un poco, desapareces. 

Lo que elimina definitivamente el aburrimiento.

viernes, 12 de enero de 2018

El amor es un acto de valentía

Estoy ahora solo. La soledad es una amiga espléndida, siempre que no sea la única que tengamos. Conversar con ella es no solo interesantísimo sino imprescindible, pues nos permite ir conociendo pasito a paso los vericueros del alma y saber así quienes somos. Voy teniendo años y ya no corro como antes; ahora hasta pienso, aunque solo de vez en cuando. Además, callo ante muchas cosas de los míos; resulta que voy comprendiendo a mis padres y me doy cuenta de lo mucho que callaron ante las insensateces y desplantes de un infeliz como yo. Comprendo que nadie nace aprendido y que necesitamos tiempo para digerir el aire que respiramos, por lo que hay que dejar espacio a las oportunidades que, mediante el procedimiento de prueba y error, nos ofrecen la posibilidad de entender como funciona esto del vivir. ¡Lo triste es que desaprovechamos tantas oportunidades..! Vivir, como todo lo esencial, no se aprende en los libros. Vivir se aprende caminando por la existencia, equivocándose, reconociendo los errores y comprendiendo en lo posible la realidad.

Tranquilos que esto es solo para ambientarles. Dentro de unos cien folios creo que comenzaré a tratar lo que de verdad quiero contar.. Aunque mejor entro ya en harina, que sospecho que lo que estoy haciendo es ahuyentarles. El caso es que acabo de escuchar una gran verdad: Amar es un acto de valentía. Me he quedado muy quieto... Hace años me hicieron comprender que amar es entregarse y hacerlo exige ser valiente, pues somos poco dados a regalar nada; el Hombre es egoísta, quizá por aquello de la necesidad de sobrevivir, y hay que esforzarse para depositar lo nuestro en manos de otro sin obligación de que este nos dé cosa alguna.

Pero hay más. Porque lo que acabo de exponer viene después. Lo primero, lo esencial del amor es decidir. Te quiero.... Mejor callar si no sentimos que vamos a entregar alma, corazón y vida. Declarar amor es un acto de enorma valentía, siempre que no sea un brindis al sol, que suele ser lo normal y así nos va. Hay que ser valiente no para decir aquellas dos palabras sino para convertirlas en realidad y en consecuencia entregarlo todo sin esperar nada.

Alguno estará pensando que eso es cosa de santos y tiene razón. Solo el Amor parece que se entregó de verdad. De lo que hablo es de nuestro amor, del que buscamos todos los días, de ese que da pero reclama a la vez. En fin.. Amar es cosa de valientes. Y valiente no es Rambo, sino cualquiera que se decide a vivir de verdad y pagar lo que eso exige.

martes, 2 de enero de 2018

Manos

El padre mantiene la mirada fija. Su mente se perdió. Sentado a su lado, su hijo. Charlamos con normalidad, pero sin que nadie cite al enfermo y la conversación va por otros derroteros. Mantengo silencio. Observo.

El hijo, que pasó los cuarenta, mantiene entre la suya la mano del padre. Con el dedo pulgar acaricia despacio la piel curtida de quien se ha ido. Tengo claro que ese suave roce es el verdadero protagonista de la Vida.

Otro lugar, otras personas. Sobremesa. Como siempre, observo. La mujer no puede más; durante años ha soportado. El marido, igual y sobre lo mismo. Sé que cuando está solo se acurruca en el suelo de la ducha y llora, pero luego se esfuerza y apoya, aunque se equivoque. 

Ella tiene un aneurisma cerebral que se trató hace unos años. Contemplo. Comprendo que por un flanco ha cargado el sufrimiento causado por los fracasos y por el otro el daño que originó aquel. No está perdida, pero si dañada. Y en ese momento su mirada se vacía. Su marido, que no está pendiente, baja al instante una mano y recoge en ella la de su mujer, manteniéndola en un abrazo delicado, mientras sigue charlando con los demás.

Comienza el año, descansa compañero

Llaman. Ha muerto ... 

Soy el más joven. Y soy viejo. Nos vamos yendo. Nos hemos dado el pésame unos a otros. Iremos a despedirle. Le dejaremos en el nicho. Espero, deseo que descanse. Aquí queda su hija con síndrome de Down, mayor, su mujer, a la que tanto debe y por ello tanto debemos todos. El uniforme irá con él. Y una parte de nuestra Historia del último tercio del siglo XX.

Sufrimiento y muerte, sacrificio, Servicio. No puedo contar más. Uno de los compañeros ha dicho que las flores compongan la bandera de España. Así se hará.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Hace 31 años ....

Hace treinta y un años Rosa Montero escribió una columna en "El País" titulada "Príncipe". La he buscado en la hemeroteca para enlazarla y que puedan leer algo bien escrito y no mi texto, que entre mis fracasos y mis emociones suele ser de difícil entendimiento, pero no la he encontrado. Así que intentaré descubrir lo que cuenta en ella, pues conservo en mi archivo y en papel muchos artículos que me plació leer.

Antes quiero hacer una aclaración. Turulato cometió un error: informó a algunas personas sobre quien era. Inmediatamente desapareció el mayor valor de estas pobres letras, que no era otro que la sinceridad. Turulato, cobarde al fin, se autocensuró y eso le llevó a dejar de escribir, pues fue perdiendo la capacidad de compartir, aunque fuese embutido en la bruma de un seudónimo. Pero volvamos al "Príncipe"...

"La verdad es que los cuentos infantiles se las traen"; nos van induciendo a soñar y los sueños, sueños son, que clamaba Segismundo. Los sueños son estrellas que nos guían muchas más veces de las convenientes por el camino de la frustración. "Oiga, señorita, que a los hombres también nos han engañado". "Se nos educó en confundir la pasión con un espasmo pánfilo, y salimos al mundo así de equivocados, con el príncipe enquistado en el deseo".

Pasan los años. Y un día "habitas un terreno común de menudencias". Apego. No, no es el fracaso que parece. Es el resultado del esfuerzo, del hoy por ti y mañana por mí, del trabajo conjunto, del sacrificio en tantas cosas, de caminar de la mano de otro en busca de una meta común. "El príncipe no es más que una momia en el recuerdo y las arañas del palacio se han fundido



Ambición

Iba a titular este apunte "Ambición y competividad" pero basta con la primera. No creo que alguien pueda ser competitivo si no ambiciona. Mi padre era de origen humilde. Luchó con todas sus fuerzas para triunfar. Admiro su esfuerzo; comprendo su necesidad; me agobia lo que sufrió. Quería dejar de ser para llegar a ser. Siempre fué él. Como todos. Así es la vida.

Puedes mejorar cuanto quieras materialmente; la experiencia y el conocimiento te modulan, pero siempre serás el que eres pues "vivimos recordando lo que hicimos y soñando lo que haremos", sin que posiblemente hiciéramos exactamente lo que recordamos ni lleguemos a vivir lo que soñamos. Todo va unido y dentro de un sólo recipiente: "Tú".

Así que murió sin lograrlo. Triunfó, pero no alcanzó a olvidarse. Aprendí a su lado que triunfar es inútil. Que luchar por alcanzar fama, poder, dinero, ... , no te permite ver en el espejo lo que deseas cuando te miras cada día. Querrías ver a quién buscas ser y, día tras día, sigues viendo quien eres. Me convencí de que mi espejo me dirá durante toda la vida: "Este es el único responsable de tí". En consecuencia, ambiciono no ser competitivo y compito conmigo para no ser ambicioso. Intento "ir a mi paso" sea cual sea el de los demás. No es fácil.

Cual resolución de nudo gordiano, lo anterior -escrito hace 13 años y sin publicar- lleva a un callejón sin salida: ya que no puedes cambiar, no hagas nada. Pero los callejones sin salida son trampas imaginarias; basta alterar el punto de vista, para que se abran caminos que no habíamos percibido y que manteniendo el contenido anterior nos abran una salida.

sábado, 18 de marzo de 2017

Por lo vivido, por respeto, por necesidad

Escribe Ignacio Camacho en su columna de ABC de hoy 17 de marzo de 2017:

"En una tumba del cementerio de Vitoria, una mujer ha dejado una corona cuya leyenda dice «L’Chaim»: un brindis por la vida en hebreo. El hombre que ya no podrá leerla se llamaba Fernando Altuna Urcelay y era hijo de una víctima de ETA. A su padre lo asesinaron en 1980 los polimilis, considerados por la opinión pública como los etarras buenos. El crimen quedó impune, al igual que otros 325 de los 858 cometidos por el terrorismo vasco, y como esa rama de la banda se disolvió poco después ni siquiera fue investigado. Fernando solía decir que no podía perdonar porque nunca supo a quién debía hacerlo.

Aquel niño de diez años no pudo superar la orfandad familiar y moral vivió toda su vida trastornado, bajo el angustioso síndrome del hombre al que le falta algo. Le faltaban el padre, la verdad y la paz; le faltaba el consuelo y le faltaba una justicia que aplicase en su conciencia herida alguna suerte de bálsamo. Se sintió siempre un perdedor, un paria de la historia, un ser abandonado. A menudo trataba de esconder su tristeza en un hálito de ternura risueña que a veces le hacía parecer un gran niño simpático. Pero su drama interior le derrotaba una y otra vez con el oleaje de un tormento recurrente, doloroso, trágico. Hasta que esta semana se cansó de vivir, mortal y desoladoramente harto.

Ayer, cuando ETA se abría paso en los medios con su enésimo montaje de propaganda póstuma, con su obsceno trajín de negociadores, observadores e intermediarios, abrí una vez más el Mapa del Olvido, el testamento moral de Fernando. Un espacio digital (www.mapadelolvido.blogspot.com) donde, con ayuda de la tecnología fotográfica de Google, levantó una cartografía del horror que localizaba el escenario de cada atentado. Lo hizo lenta y minuciosamente, apoyado por otras víctimas, en un desafío de rebeldía contra la impunidad y contra la desmemoria, su forma francotiradora de luchar en silencio contra la melancolía del fracaso. Allí está la intrahistoria documental del holocausto vasco, clasificada por provincias, por días, por meses, por años. El verdadero relato que ya nadie quiere leer. Las actas del espanto.

No es difícil imaginar que, de haber vivido un par de días más, la pantomima del desarme le hubiese provocado un comentario entre escéptico y sarcástico. Altuna Urcelay nunca creyó en la paz porque él no la tuvo, pero jamás se hizo a sí mismo una concesión al odio ni al rencor; sólo le mortificaba el olvido, la sensación de pertenecer a un grupo humano preterido, incomprendido, abandonado. Se sentía un zombie empeñado en la verdad mientras los demás le veían como un tipo cenizo y amargo. 326 asesinatos sin resolver le cargaban la espalda del alma con el peso de una causa perdida que le impedía ser feliz como un extranjero en una sociedad donde –lo ha escrito Fernando Savater– la gente huye de las personas tristes como de los borrachos."

"Le faltó el padre, la verdad, la justicia y la paz; se sentía un perdedor, un paria de la Historia, un ser abandonado"