Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

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domingo, 16 de diciembre de 2012

Una comida cualquiera

El restaurante es sencillo y agradable. Y se come bien, incluso a veces algún plato que sorprende tanto por su sabor como por su originalidad. Pero no les voy a contar nada esta vez sobre la comida ni sobre el local, sino sobre el ambiente; de lo que quiero hablarles es de la gente que me he encontrado allí este mediodía. No lo tomen como crítica, que todos cojeamos de algún lado, sino como mera descripción de semejantes; o sea, que si yo les veo así.., ¡cómo me verán ellos a mí!.

Nos hemos acomodado en una sala donde solo había otra mesa ocupada, en la que esperaban tres personas mayores, de los de la Quinta Edad. Se hallaban junto a la ventana, en la que colgaban de una barra de madera a media altura unas cortinas de tela blanca, con bordaditos, muy monas. Nuestros mayores, con toda naturalidad, habían colgado sus bastones y muletas de dicha barra, imagino que para tenerlas al alcance de la mano. El efecto era sorprendente, tanto desde dentro como desde la calle, pues la ventana parecía el escaparate de una ortopedia.

Pero bueno, al fin y a la postre a todo se acostumbra uno y terminas olvidándote del mostrario -como dice a voz en grito algún gitano del mercadillo-, excepto cuando un abuelo necesita el convoy y soluciona la cuestión descolgando la muleta, trincándola por el pie y sirviéndose de ella para acercar el servicio de vinagreras, cual hábil crupier recogiendo fichas en mesa de ruleta.

Vuelvo a lo mío, unas pochas con almejas, hasta que un alarido me desconcentra. ¿Qué pasa, qué pasa?. Nada importante, salvo que los tres, una mujer y dos hombres, son sordos, deben de tener el sonotone estropeado y en lugar de hablar, gritan como si les fuese la vida en ello. Así nos vamos enterando que son un matrimonio y el hermano de ella, tión; que el hijo del matrimonio les va a joder las Navidades, según clama su tío, pues les dará aquello que no les gusta y que por él, unas sopas de ajo y a dormir.

¿A TI LA VERDURA NO TE VA, EH?, vuelve a la carga el soltero dirigiéndose a su cuñado, que como no le oye sigue a lo suyo, que no es otra cosa que intentar que su dentadura masque los langostinos con aguacate que le han servido, tras aclararle que era eso del aguanosequé, pues creía que era un bicho. Y el hombre va despacio, no porque no le guste lo verde sino porque no tiene dientes y su dentadura postiza es de aquellos modelos de mi juventud, que a cada movimiento se desacoplaban, tocaban una sinfonía e iniciaban una salida triunfal.

Pero dejemos a nuestros mayores, que uno va acercándose a sus filas y cualquier día voy con trompetilla. Además se acaban de sentar en otra mesa un señor de mediana edad y dos mujeres que, sin ser viejas, posiblemente nunca fueron jóvenes, acompañados por un niño de unos cuatro o cinco años, cuya cabeza busca el suelo mientras mira al techo; inténtenlo, inténtenlo.. Mareante.

Serio que te c...., el chaval se marca un paseíllo por el comedor que no lo mejora Manolete en sus mejores días. Torero él, nos mira desafiante según pasa bajo nuestra vista; no cabe hacer juego de miradas, que no se presta, ya que analiza a los comensales cual matarife al gocho por san Antón.

Completan la mesa los jóvenes papás de nuestro manolete, que llegan poco después. De los cinco servicios que tiene la mesa, pues está junto a la pared y no caben más, uno lo ocupa el caballero maduro, otros dos la mujeres que llegaron con él, otro el papá casi treintañero y el que resta, el niño. Su madre, se queda de pie tranquilamente, quizá porque está preñada, puede que porque nunca la consideraron en demasía; y no crean que unos momentos, nooo..

Son padres modernos, que dialogan con el churumbel con tanto interés como algunos le explican al perrito que no ladre y les obedezca. Y el rorro responde de la misma manera, pues se mete debajo de la mesa, se echa en el suelo y se reboza. Por fin sus papás deciden que debe sentarse en su silla -la de calle, con ruedas- para echarse la siesta.., y comienzan a negociar.

Contemplo atónito como para llegar a un acuerdo el papá se dirige a su heredero en inglé. Separa las palabras como Jesús Gil, con su misma soltura, adornándolas con un acento entre baturro y maño. Cada dos o tres se vuelve hacia los adultos restantes y les explica lo más complicado: yes quiere decir si. La madre bípeda ayuda, explicándole en español que tiene que ser bueno.

Al cabo lo sientan en la sillita y el niño se estira al instante con la misma energía que un luchador de grecorromana intentando evitar la puesta de espaldas. Para sosegarle, se sientan todos y se ponen a mascar, mientras la madre -preñada- se va a la calle a pasear al hijo hasta que se duerma. Como no come, digo yo que mantendrá el peso recomendado y el tocólogo estará contento.

Cuando estoy terminando mis naranjas con crema de éclair, entran de nuevo madre y niño, que parece que se ha dormido al fin. No se despierta, pues nadie les hace caso, ni al crío ni a la madre, que se sienta al fin en donde es debido. Y para que no resuelle cubren la sillita con cuanta cazadora tienen a mano, de modo que parece un iglú de colores.

Así que como yo tampoco deseo que despierte, me despido....




domingo, 7 de octubre de 2012

Las espeluncas

Cuando uno es joven aprende cosas muy curiosas; como este texto, que tuve que memorizar tal cual lo hice con el Orate frates.., bajo pena de agua. ¡Qué tiempos!.

Las espeluncas que pasteurizan la desamortización del dextrocalio, no argumentan la saponificación de la sinéresis. Aforando subvalveas y exviajados en la leticenia emboica de los hemalios, no palentografiamos el ecubeo de las murtas. Asaz, desconsiderado y ambrósico, el prontuario descabezado de la pronuba no desconceptualiza su vivencial atavismo, sino que desentumecense los silurgos similicandentes que nos venían antiliquizando. Ni luxuarios pírricos ni gamberrongos en contumacia, saponificaron nunca la pintura quiliástica, sino que fueron estas eternas satisfacciones las que desnaturalizaron las Meninas y la Gioconda y desagnotizaron amoniacalmente toda la pintura antipicassiana. ¿Despanzurramiento?, No, prosodia colorista; esto es, colodia prosorista. Ni más ni menos la concatenación exorcista.

lunes, 7 de junio de 2010

Unos días por ahí

Pues si. He estado unos días por ahí. Me hacían falta. Romper el contacto para luego entablarlo mejor. Uno de nuestros hijos nos ha invitado a pasar unos días en Londres; o sea, que me ha costado un ojo de la cara. Cosas de la paternidad..

El viaje
Viajar al revés es, cuando menos, muy extraño. Aunque han pasado unos años, mi costumbre es moverme por los aeropuertos como si estuviese en mi casa. Ahora, por contra, cuando quiero entrar, unos señores muy serios me contemplan como si fuese el pavo de Navidad al que van a desplumar.. Y es cierto. Te dejan casi en pelota, te hacen pasar por unos arcos que pitan -casi siempre- y en cuanto te descuidas te soban de lo lindo.

Así que no es extraño que cuando en Stansted sonó el pitico y el hombre aquel me llamó a su presencia, diciéndome que abriese los brazos, me saliese del alma un sonoro Y looove you!. Comprenderán que con el magreo que me estaba metiendo no pudiese resistirme. Pero tenía buena pasta.. Cuando descubrió la razón del piiiii, me dijo sonriendo: A bionic man!.

El resto, cuando hay que superar hoy en día el control de un border anglosajón, se reduce a paciencia y a sumergirte en una masa gigantesca que se desliza muy lentamente. Si vuelves la cabeza contemplas como unos pastores vestidos con un chaleco amarillo conducen al aprisco en el que estás a otros borregos como tú.

Y digo lo de borregos porque cuando nos permiten acceder al avión aquella gente pierde la poca compostura que tenía tras la espera aeroportuaria. Quedaron atrás los tiempos en que el tenis y el volar eran lugar de damas y caballeros. Ahora corren, se atropellan unos a otros para coger un sitio junto a la ventanilla, de modo que quien les contempla no siente que está ante personas. Desagradable.

Ya en el avión -de Ryanair- suelo situarme en los asientos inmediatos a las salidas de emergencia. Son mucho más amplios. Una de sus azafatas, que presenta el mismo gesto avinagrado y displicente de todas las de esta compañía, me dice en inglés que en esos asientos no puedo colocar objeto alguno, pues tienen que quedar libres y etc.. La escucho cual Buster Keaton y cuando acaba le preguntó en alemán que que ha dicho, a lo que colabora mi querida esposa pidiéndole que se lo diga en francés. Tocapelotas; desahoga.

A partir de ahí, el vuelo es un circo. Una tripulación de cabina que se empeña en no hablar más que en inglés y un pasaje que solo habla español en un 95%. En el de vuelta, con ese carácter nuestro, tan propio, que considera que sus costumbres son ley, muchos pasajeros se sueltan los cinturones y comienzan a levantarse en plena carrera de aterrizaje. La caravinagre se desgañita diciendo que se sienten -¡coooño!- y se abrochen.. ¡Ja!. Simon, el único sensato y ágil entre el personal de cabina, comienza a clamar una y otra vez por megafonía algo así como ¡Schuschu!, mientras hace gestos de abrocharse el cinturón...

Dormir y eso
España está en ciertos aspectos a un nivel muy alto. Y estamos acostumbrados a pensar que lo que hay aquí es similar a lo que encontraremos por ahí; y no. Existen establecimientos espectaculares, pero según algo se masifica decae la calidad, por lo que hay que tener cuidado en lo que se elige.

Londres es así como grandota. Eparramá, que diría.. De modo que hay que analizar donde tenemos la base de operaciones. En mi caso, junto a Lancaster Gate y Hyde Park. El hotel es chiquito, como debe ser, y su calidad responde a lo que aparece en su web. Diría que más, incluso. Impecablemente limpio y cuidado, y con un servicio exquisito.

Lobby bar

Deduzco que es un hotel para británicos. Solo dispone de canales de televisión de su país y no he conocido a clientes de fuera de las Islas. Creo que es una ventaja; niños, sudores y esas cosas. Las marcas de los coches aparcados ante él, en calle privada, orientan algo: varios Jaguar XJ y algún XF, negros e impecables, un Bentley y un Maserati Quattroporte.

Comedor

Tanto el desayuno como cualquier comida que deseen se la servirá en la habitación un camarero vestido de blanco y con un completo delantal negro; el comedor se utiliza como parte del salón de estar. Como ustedes eligen lo que quieren desayunar, les recomiendo su yogur natural, que sirven en un cuenco, y la macedonia de frutas, absolutamente espléndida. El pan es de tres clases siempre. El café, excelente y abundantísimo, como todo en general, aunque los croissants quizás estén poco horneados para el gusto español; por eso me gustan. La mantequilla, exquisita. Y más.. Por cierto; les recomiendo que reserven siempre habitaciones executive, que conceden cierto desahogo, y camas king size, pues por lo menos a mí me gusta dormir pata'qui pata'lla.

Chimenea del saloncito

Manduca y lo otro
En este asunto hay que hilar muy fino, que ya se dice en El Quijote que no puede haber buen gobierno de algo sin el mejor gobierno de las tripas. Y es que si no eso, no duermo y si no como bien me angustio.

Típica comida de pub

Pueden hacerlo decentemente en un pub (por favor, pronuncien terminando en una sonora "pe", que algún día van a tener un disgusto), en especial si quieren saber que es eso del Fish & Chips, aunque suelen tener alguna otra cosa. Les recomendaré dos.. The Swan y el Carpenters Arms. El primero, según pueden leer, tiene varios siglos a sus espaldas y es un clásico, si no imprescindible. Para no cansarles, bebedero junto al matarile que daban a lo más granado y florido de la sociedad...


El Carpenters Arms queda más a trasmano, en Windsor, en un callejón anterior al de la Casa Inclinada. Bonito. Y también con su historia a cuestas. Resulta que en sus sótanos parece que existen unos túneles que lo conectan con los Apartamentos del Castillo de Windsor, donde vivieron los reyes durante unos 9 siglos, si mi memoria no falla. Así que pueden pensar lo que quieran.. Dicen, Oh my God!, que en realidad los usaban para ponerse ciegos de...

Windsor - Casa Inclinada


Antecedentes del Carpenters Arms



Bien, prosigamos. Ya en Londres, cené en la terraza -pequeñita- de Cristini, en una curiosa rotonda, sin obra y pintada en el suelo. Les aconsejaría que prueben el ravioli de langosta y gambas, que está muy rico. O el restaurante de comida india que está justo al lado. Para gustos, colores. Pero les dirigiré a otros sitios.. La mención de Cristini me ha recordado una escena de seducción que presencié en la mesa de al lado...

Ambos de treinta y muchos. Posiblemente escandinavos. Ella, vestida de verano en color malva, espectacular. Deslumbrante como solo pueden serlo las mujeres con personalidad e inteligencia que, además, físicamente tienen algún rasgo que les otorga un equilibrio fantástico. Él.., seguro y despreocupado.

Siempre sentí que seducir es jugar. Vivir y disfrutar. Entregarte a la inteligencia de ella y olvidarte de lucir pretendidas dotes. Escuchar. Y contemplar.. Y eso hizo él. En silencio. Bailar con los ojos de ella en silencio. Pensé que iba a ganarla.. ¡Pero qué señora!. Aceptó el reto. Y usó su palabra para llenar el aire de ritmo vital, mientras le bañaba con su sonrisa. Le aconsejé en silencio que se rindiese y se dejase llevar.. Ellas saben.

Así que pensemos en un lugar para ir a cenar suavemente con ella. Island, frente a Hyde Park. El ambiente es algo fresco; quizá puedan amparar sus hombros, si saben.. Luz tenue. Excelentes los calamares y la parrillada de carnes; la lubina con limón, quizá no tan a nuestro gusto. El servicio muy amable; en mi caso, brasileña.

Vayamos ahora a un lugar distinto y alejado del anterior. Tuttons, en Covent Garden. Es sorprendente la cantidad de franceses que encuentra uno allí; se comprende al probar el paté. Y la carne, sabrosa; aunque aun pidiéndola red rare me la dieron, para mi gusto, al punto. La próxima vez, pediré que me la sirvan viva .. ¡Ah!; excelente la sidra irlandesa, aunque tirando a dulce.

Compras y lugares
Hay dos tiendas que me privan: Harrods y Fortnum & Mason. He dudado si hablar sobre ellos aquí o en el apartado anterior, pues acudo a ellos a ... ¡siiii, a comer!. En Harrods suban al Terrace Bar a tomar el afternoon tea; es una manera de saber que es eso del té de las cinco. La bandeja más alta de pastelitos muy ricos, la de en medio de unos extraños bollos cuasi incomibles y la inferior con los típicos sandwichs británicos en tamaño mini, que si no les gusta el pepino y los ahumados van listos. El servicio atento. Pueden pedir café en lugar de té, pero se lo servirán clarísimo, así que solicítenlo bien cargado. Y cuando terminen pueden repetir.. ¡Ah!, y pueden pedir tap water; aquí y en otros sitios.

Prueba superada. Así que vamos a lo serio. Lo que cualquiera de nosotros llamaría el supermercado. Organizado en salas, según productos. Y con posibilidad de comer ... ¿Qué quieren que les cuente?. Nunca se imaginarán lo que supone para mí contemplar tanto y tan bueno. Solo pasear despacio e ir observando orígenes y calidades, es un placer.

Olvídense de las prisas. Que en Londres hay mucho que ver -en este artículo solo picoteamos un poquito y sin mayores pretensiones, pues su único objeto es contarles algo de lo que he hecho-. Por mí pueden "hacer el turista" e ir con la lengua fuera, corriendo de aquí para allá, sintiendo que para una vez que salen en su vida tienen que ver mucho, aunque no se enteren de nada. Pero no es eso, no es eso.. No se trata de acumular, como si se tratase de un programa de puntos para que te regalen una fregona barata. Se trata de vivir, de saborear... Requiere tiempo y calma.

Sigamos, que me disperso con facilidad. En Fortnum & Mason .., más de lo mismo. El trato no es que sea para enamorar, precisamente; quizá me tocó a mí.. ¡Pero que espectáculo!. Distinto a Harrods, más elegante, con más estilo. Por cierto.. España tiene productos fantásticos, pero de nada sirve la calidad sin mejor presentación; nuestro aceite tiene inexcusablemente que desterrar el envase de plástico. Eso de que "el buen paño en el arca se vende" es una memez absoluta en el ámbito comercial actual. Precisamente en un comercio como este se aprecia el valor añadido del estilo y la imagen a la calidad intrínseca del producto. Sin duda. Y quien no es competitivo, se muere de hambre.

De modo que pasemos a la ropa. Acerquémonos a Ede & Ravenscroft. Allí pueden encontrar esa ropa tan necesaria para vestir como un señor. Lo de caballero tendrán que demostrarlo en la mesa, en el juego y con una mujer. Les aconsejo que pasen por la tienda abierta en Savile Row; suele vestir a gente de cierta calidad.


Prima el colorido. Calabaza, verde manzana, malva, amarillo huevo, azul río ... Gustos clásicos. El contrapunto de la chancleta sudada, el pantalón corto peludo y la camiseta sobaquera. En mi caso, encontré una americana azul mahón, a juego con una camisa listada en blanco y azul, corbata marrón carmelita, pantalón hueso y zapatos de ante malva oscuro que me encantaron. Y es que cada uno es cada cual y no como otros.

Jolgorio
Solo citaré dos .. ¿eventos?. Es que ahora se dicen cosas así; hay que epatar. Cantamañanas, pero epatantes. Así que vayámonos a uno de los lugares en que disfruto más, el Speaker's Corner de Hyde Park, junto al Marble Arch. ¡Me entusiasma y me divierte!. Lo primero porque puedo comprobar la disparidad del pensamiento humano y lo segundo por la puesta en práctica de lo primero.


Les muestro un vídeo con dos especímenes, uno cristiano, tipo Texas -lugar donde hasta pudiera ser que ajusticiasen a un bebé (Homer Simpson dixit)- y otro musulmán. Subidos en sendas escaleras caseras, típicas del chapucillas, se desgañitaban pregonando sus creencias. Y de vez en cuando, el cristiano se volvía hacia el musulmán haciéndole gestos para que se callase, mientras daba alaridos mentándole a ...


Por si quieren contemplarles más a gusto incluyo alguna foto, tanto del musulmán como de otro curiosísimo..; vestido con prendas del Bristish Army (¡por favor, no sean paletos y no lo confundan con la Armada!), con el pelo cortadico, cortadico, una cicatriz en la cara y sosteniendo una bebida en sus manos, paseaba de un orador a otro mascullando su disconformidad.., hasta que se detuvo a perorar su pensamiento en voz tan baja y con tal pinta de alunado que no cosechó éxito alguno.


¡Y ahora démonos prisa y acudamos a la Fiesta Española!. Pues viene a resultar que hay que darse a conocer. Para que se hagan una idea del asunto voy a incluir unas cuantas fotos. En la primera, correspondiente a la Comunidad de Navarra, pueden ver una charanga; fíjense en el fulano del micro.. ¡¡¡Un crack!!!. Con un inglés parecido al que hablaba Sitting Bull, explicaba literalmente la letra de la canción.. Algo así como decirle a un Royal que "of lost to the river". ¡Absolutamente genial!.


El resto, pobrecico; para que engañarnos. Mucha publicidad y poca chicha. Promoción deportiva de nuestro baloncesto, fútbol y tenis. Exhibición de Emilio y sus coches (¡con que fuerza y habilidad ha sabido entrar en el mercado británico!), churros y poco más. ¡Ah!, representando a Aragón estaba un tal Callizo, dándose ufano el pote a costa de nuestros bolsillos.. La caseta de su comunidad autónoma, cerrada.




Lugares
En mi opinión, Londres es muy parecido arquitectónicamente. Si quieren ser viajeros y no turistas, hagan lo que hicimos nosotros; alquilen un coche con navegador en el aeropuerto y penetren de madrugada en la ciudad a través de los barrios periféricos. Observen al personal que está en la calle, alguna de sus fruterías abiertas, el fulano haciendo esquina, .. Eso, contemplar a quienes no conocemos, vivitos y coleando, es más instructivo que arremolinarse ante la Piedra Rosetta. Así que les mostraré algunas imágenes, más dulces, por si deciden caminar..

Casa típica - esquina Regent Street

Entrada a Clarence House y Spencer House
(Predestinatos..)

Del frontón del Partenon
(¿Pero hay algo suyo en el Museo Británico?)


Primeras casas de Eton vistas desde el puente sobre el Támesis

Acabo. Que ya va siendo hora. Quedaría Portobello.. Buen sitio para comprar, si se sabe que se compra y si se entiende sobre lo que se compra. Recuerden lo que cantaba Patxi Andión.. Lo demás, una masa enloquecida de Mari's gritando en español: ¡¡¡Pepiiiiiiiii, mira que mono, me chifla!!!. Y una soba como resultado de la caminata.. Así que les dejo, que tengo que descansar. Y ustedes también, después de semejante discurso...

domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Pero, de qué vas?

Más de uno se preguntará de que voy, tras inspeccionar los artículos de este blog, en el que se mezclan sin orden ni concierto Arte, sucedidos públicos, explosiones vehementes, anécdotas, .. Y es que voy de yo mismo; es decir que cuento aquí algo de lo que vivo y aprendo según lo entiendo, y al ritmo que me sucede.

Así que, amigos míos, ahora les toca cenar conmigo ... Que este que les cuenta, suyo que lo es, goza saliendo por esos mundos y observando a las gentes. Que ya decía alguno que en el amor y en el juego se aprecia al caballero, y añado que en la mesa se descubre quien es quien. Y la existencia es algo de gran riqueza, cuya contemplación regala un buen aprendizaje sobre la condición humana.

El comedero, pues reservo restaurante para lugares más especializados, me sorprendió. Trato agradable y buen servicio, presidido por la cercanía de una sonrisa. Una mesa pequeña para ocho, la nuestra, otra en la que se sentaron siete matrimonios de corbata y peluquería, mostrando que su tiempo se detuvo allá por 1950, y la más grande, de veinte, que presumí que correspondería a la típica cena de Navidad de los empleados de alguna pequeña empresa.

Me olvidaré de aquellos siete matrimonios, pues ya les he contado cuanto ofrecían reseñable, y me centraré en la cena de empresa. Cuando llegué su mesa estaba vacía, así que pude fijarme en ellos según fueron entrando ... No perderé el tiempo describiendo como transcurren este tipo de reuniones, que casi todos lo sabemos por haberlas vivido, y me centraré en los personajes que llamaron mi atención. Una mujer y dos hombres ...

Los tres se sentaron juntos justo a mi izquierda, de modo que girando algo la cabeza y sin molestarles, podía contemplarles a mis anchas. Ella, alta, con pantalón vaquero y camisa azul, que rellenaba bien, no era especialmente guapa, pero tenía atractivo; uno de los hombres, el que se sentó a su lado, vestido también con vaquero y camisa, era menudo de cuerpo y suave de carácter, mientras que el otro, sentado a continuación del anterior, parecía Otelo, el Moro de Venecia, vestido de negro, con pelo rizado y barba fina muy recortada, negros igualmente, y anillo en la oreja.

Nada más llegar iniciaron el ritual de fotos y acoplamiento, ahora junto a este y ahora te cambio el asiento, acompañado de alaridos masculinos y gritos femeninos, intentando comprobar que existían, no por tener conciencia de ello sino por la simple reverberación del sonido. En esos trotes, a la treintañera de la que os hablo se le abrió la camisa, dejando ver completamente un delicioso sujetador blanco de blonda, lo que fue captado inmediatamente por otra compañera, que le advirtió de ello.

Aún no les habían servido ni el agua .. Ante mi sorpresa, no solo no le importó sino que con gesto decidido se despechugó algo más, mientras se movía rápida entre sus compañeros, que por otro lado no prestaban mayor atención al asunto. Al fin se sentó donde les dije, quedando el sensible entre ella y Otelo.

La moza, genio y figura, activa y espontánea, intentó charlar con el chico, menudo de cuerpo y suave de carácter, que se sentaba a su derecha.. Querrá subvertir lo que intuyo, pensé.. ¡Vano intento!. A pesar de que la camisa se abría ya espléndidamente, mostrando totalmente un tetamen firme y redondo, Otelo no le dio ninguna oportunidad y trincando por la nuca al Menudo, le atornilló la dentadura en el cogote, tras explorarle la boca y perforarle la laringe.

Nuestra protagonista se rindió, ante muestra tan clara y conforme, dedicando su atención a dos muchachotes fornidos que tenía frente a ella, aunque estos tampoco parecieron prestar atención a lo que se les ofrecía a pares. Y yo me preguntaba que había cambiado en las gentes ..; que no me importaba tanto la actitud de la mujer, que una cosa es mostrar y otra entregar, ¡no nos confundamos!, como la de los hombres. ¿Será que soy un viejo verde depravado?. ¡Me gustan las tetas, órdiga!.

Entretanto, Otelo miraba intensamente al Menudo, mientras le echaba despacio en la cara el humo azul grisáceo de un cigarrillo...

lunes, 23 de noviembre de 2009

El cementerio

Acabo de regresar. Del cementerio. Pero no como un visitante cualquiera. No. Me he perdido de noche dentro de sus profundidades. ¡Espectacular!. Les aconsejo que experimenten algún día lo que yo he catado en la oscuridad de noviembre; mes propicio a tratar con difuntos.

Falleció ayer un familiar lejano y esta tarde hemos ido mi mujer y yo a acompañar a sus hijos durante un rato en el velatorio, cuyo ambiente es, en cualquier caso, singular; pero de esto quizá trate otro día. Centrémonos. Hemos llegado al atardecer al Complejo, que así llaman los de aquí a las instalaciones mortuorias y tras estar con la familia del difunto nos hemos vuelto al aparcamiento a recoger el coche.

Arranco y, disciplinado que es uno, sigo la señalización de salida. Sorprendentemente, he sido el único, pues los demás que salían cuando lo hacía yo han ido todos en dirección prohibida. Unos expertos; deben haber visto ya muchos nichos y saben lo que hay.

Sigo adelante, brillan por su ausencia las señales, se acaban las farolas, ... Orillado a la derecha veo aparcado un coche rojo, que tras rebasarle arranca y se me pega como una lapa .. Avanzo despacio entre bloques de nichos de cinco alturas, que me cierran el paso por ambos lados .. Flores mustias .. Lápidas blancas, alguna negra. El otro coche sigue fiel en mi retaguardia. Calles y calles silenciosas .., cinco .., diez ... Tras un rato infinito, como la muerte, me doy cuenta con claridad que estoy en lo más profundo del laberinto sepulcral. No tengo ni idea de por donde salir ni de donde está la puerta ...

En una curva, frente a mí, se abre entre las sombras de las viejas farolas mortecinas un paso, que guardan unos cipreses.. ¡Adelante, clama mi espíritu jinete!; ¡sigue el lema de la Caballería y lanza tu corazón más allá del obstáculo, para ir a buscarlo a lomos de los caballos de mi coche!.

Nada más atravesar aquellas cancelas corroídas por tantas humedades y antes de que el asombro me permita reaccionar, me doy cuanta de que he abandonado la parte nueva del cementerio y he entrado en el vetusto espacio decimonónico. Tremendos mausoleos y cruces repujadas a punto de derrumbarse sobre mí, alargan sus escuálidas sombras. Los faros iluminan una lápida: "Pedrito, hijo querido.... 1867".

Por el retrovisor consigo distinguir la figura que conduce el coche que no es que me siga, sino que de un momento a otro se me va a subir a la chepa. Es una señora con gafas, que agarra el volante con tal pasión que podría romperlo de un momento a otro.

El pavimento, de duros adoquines desgastados, blancos, eso si, como la cera de una vela derretida. Ya no hay flores, solo arbustos. Las tumbas, algunas rotas. Las cruces, hierros oxidados.

Y en estas, en lo más oscuro, tropiezo ... con el Minotauro no, sino con dos tíos montando bicis de montaña. ¿Sabe donde incineran los cadáveres?, me pregunta el que marcha en vanguardia; "pues en la salida", respondo dispuesto a seguirles y sin interés alguno en saber que coño buscan aquellos dos fulanos en el crematorio. Quizá sean chatarreros y ...

Y, efectivamente, parten en pos de las cenizas o de lo que sea; les sigo ... Y los muy joíos, tras muchas vueltas y revueltas, salen aventados por un portillo que se abre en el muro lateral del cementerio, por donde sin duda yo no soy capaz de pasar. En estas, la señora que me sigue -ironías de la vida; recuerden lo que digo en el título de este blog sobre mi deseo de que alguna me mire. Pues esta no me pierde de vista-, se baja del coche y lo más histérica que puedan imaginar, clama: "¡No me abandone, no me deje!". Lo que siempre quise oír; pero no en un cementerio ..

Así que como uno es muy hombre -¿quién puñetas pariría esa chorrada?- y lleva a su lado a una señora, que a estas alturas no deja de decir: "Si ya lo decía yo..", que uno no sabe bien como interpretar, y pegadica a su trasero a otra que intenta llamar a la policía desde el móvil, pero que con los nervios marca los números de cuatro en cuatro, .. Como digo, pero no se lo crean, uno es muy hombre y confía en aquello de que audax fortuna juvat, me lanzo de nuevo a recorrer el camposanto ....

Milagrosamente, topo -si, de frente, con los ..- con un plano cochambroso en el que puedo deducir donde estamos y el camino de salida, pues ya saben que los laberintos no son difíciles por su tamaño sino más bien por sus engaños. Y despacio me dirijo hacia el túmulo de Joaquín Costa, que yace aquí olvidado como Aragón en España.

Me cruzo con un tío delgadito, con pinta de buitre por sus andares y la inclinación de su cogote, que ni me mira y se aleja despacio entre las tumbas contemplando el suelo .. Algo después distingo escrito sobre el mármol el nombre de quién quiso cerrar con siete llaves el sepulcro del Mío Cid y hoy yace él ....

Sigo por un pasaje estrecho, que en aquel plano estaba representado por dos anchas avenidas paralelas. Y tras apartar a un lado un cubo de basura, de esos de plástico verde que hay en los portales, para lo que me tengo que bajar del coche, me tropiezo con una pareja gótica, que papel en ristre inspeccionan con detenimiento las tumbas. "A pasar buena noche", les digo mientras me alejo, pero me responden con un silencio despectivo.

Y, ¡por fin!, en un recodo entre dos panteones, oculto por cipreses, bajo un arco de ladrillo, encuentro una de las dos únicas salidas del antiguo cementerio. ¡Qué ganas tenía ya, qué me veía haciéndole el boca a boca a la señora que me escolta!.

Y tras la paz, el fragor de la vida ... Tráfico, obras, más obras, más tráfico... ¿Saben que allí hay mucha tranquilidad?. Buenas noches .......

lunes, 5 de enero de 2009

Sueños e ilusiones

"¡Ero cataña!". Como Patachunga camina sin muletas -eran azulitas, ¡más monas!-, desde la Nochebuena pasea despacio y va observando lo que se vive a su alrededor. "¡Ero cataña!". El niño va embutido como un salchichón; apenas asoman sus mejillas -modelo Heidi (para los no iniciados, como pompones sonrosados)- pues lo han envuelto a conciencia. A pesar de ello, estira los brazos y, mientras una de sus manos agarra una pernera de quien supongo es su padre -no se lo que dirá su madre-, señala hacia la pequeñísima caseta de madera de la castañera con el mismo entusiasmo con el que Rodrigo de Triana anunció Guanahaní.

Dentro de unos momentos pasará por la plaza donde estamos la Cabalgata de los Reyes Magos. "¡Ero cataña!" es de las pocas frases que he podido entender, pues lo que me rodea es una algarabía infantil de padre y muy señor mío. Sonrío.. Es de los pocos momentos del año durante los que he sido siempre feliz; durante toda mi vida. De niño, ¡ni les cuento!; cuando tuve hijos y les llevaba a la Cabalgata, .... ¡la lecheeeeee!. Y ahora, que soy solo un mero espectador, creo durante un rato que la gente es buena.

Suelo quedarme quieto, observando una cara, un gesto, unos ojos ... ¡Si supiese pintar!. Los mayores viven por y para los niños, los aupan, les indican, les dicen cosas para excitarlos.. "¡Ya vienen, ya vienen ... Mira, es Baltasar... Quizá vaya ahí tu camión...!". Y los niños no dudan, pues mantienen libre al Mundo de la Nada mientras imaginan con pureza que existen los sueños.

Y destapan el mundo mágico de mis recuerdos...

"Obélix, mañana tienes que llevar a los Reyes Magos; tripulaciones de lujo, váis los jefes, que la chusma prefiere ver el espectáculo. Despegáis a las 17:00". Era el 5 de enero de hace años.. El alcalde de la ciudad en cuya proximidad estaba la base había solicitado que Sus Majestades de Oriente llegasen volando... Lógico; desde tan lejos y con tanto trabajo...

Así que a la hora convenida, transformado en un ser atractivo, gracias a mis arreos de vuelo, recibí con gran reverencia a S.M. Baltasar, que ya desde niño fue mi preferido. Simpático y señorial, me dio un suave tirón en la mejilla y me regaló un caramelo de violeta antes de entrar en la cabina. Cuando me dijeron por el intercomunicador interno que habían conseguido acomodar a S.M., a su plumero y a sus pajes .... "Torre Eco Tango buenas tardes, permiso turbinas...".

Y allí nos fuimos.. ¡Piloto real, nada menos!. Nuestro destino era el campo de fútbol de la ciudad, donde seguro que el agudo de turno había mantenido muy seriamente que aquello era muy grande y allí cabía lo que fuese.. ¡La madre..!. ¡Qué no se pueden hacer las cosas sin profesionales!. Pero bueno, un día es un día. Quizá por eso "Larry" -el oficial de Operaciones- había designado las tripulaciones como lo hizo..

Cuando tuvimos a la vista el estadio, del tamaño de un sello de correos, visto desde el aire, descendimos y puestos uno tras otro los tres helicópteros hicimos una pasada a baja altura y poca velocidad... No te da tiempo a ver mucho, pero si lo suficiente como para darnos cuenta de que la tribuna era una masa efervescente....

A la hierba, llegar, lo que se dice llegar, llegamos bien. Los mecánicos abrieron las puertas y los Reyes bajaron con la cabeza gacha, embistiendo con el plumero p'alante, pues no tenían otra manera de bajar con aquello puesto. Y se armó, ¡vaya que si se armó...!. Según los críos vieron a Sus Majestades de Oriente se desmandaron..

Cuando me quise dar cuenta corría hacía mí la marabunta.. ¡Niños y niños, de todos los pelajes y tamaños, en desbandada incontenible!. Delante, con los brazos en cruz y dándome la espalda, corría marcha atrás un municipal -con porra y eso-, tal cual defensor de rugby que retrocede hacia la línea de touchdown, mientras se le viene encima una locomotora..

Le grité por el intercomunicador al mecánico que lanzase a Baltasar y a sus negritos hacia la estampida, que se subiese como un "cuguete" -raudo y veloz-, que nos largábamos de allí a toa .., antes de que alguno de aquellos tiernos angelitos se diese de morros contra los rotores o se nos enredase en ellos el plumero...

¿Saben?. Patachunga, con muletas y to, daría lo que fuese por volverlo a vivir. ¡Qué caras, qué ilusión en aquellos niños!. No oía nada, con el casco puesto y cinco equipos de comunicaciones conectados simultáneamente en mis auriculares, pero ¡veía..!. Contemplé la belleza de la vida, la inocencia, la imaginación, los sueños, .... en su estado más puro, una y mil veces.

¡Gracias Baltasar!. Me voy a la cama, que son las dos de la mañana. ¡A ver cómo te portas!.

domingo, 2 de noviembre de 2008

La tragicomedia de "Patachunga"

Érase una vez que se era una tarde cualquiera. Patachunga, malandrín de poca monta, aguardaba en la habitación de la clínica a que fuesen a buscarle para bajarlo al quirófano. Se puso el camisón verde -modelo Jack Nicholson, o sea con el culo al aire- y un gorrito de gasa. Luego se sacó la foto.. Deprimente.

Poco después vino un celador, vestido también de verde, que es un trabajador que vale tanto para un roto como para un descosido y que más que celar suele ir de culo. Patachunga se acostó, sonrió a su mujer y se dejó llevar... Recordó sus años mozos, cuando se dedicaba apasionadamente al automovilismo; en tensión, dispuesto a ganar aun sabiendo que podía perder, recostado en un lugar estrecho, sintiendo pasar las luces cual meteoros, trazando las curvas al límite, rebotando de vez en cuando contra una esquina..

Las luces se deslizaban sobre él, hipnóticas, como hipnotizadas eran las miradas que le dirigían las gentes que pululaban por los pasillos, mostrándole el mismo interés que los del tendido del siete hacia el morlaco cuando sale de toriles. ¿Qué juego dará?, ¿rehuirá el castigo?, ¿se crecerá cuando le piquen?, ¿sabrá palmar con estilo?. Y así..

Cuando aquella carrera se detuvo al fin en el quirófano, aparecieron más seres verdosos; no podía sentirlos como personas, pues todos iban uniformados de aquel color y con todo el cuerpo oculto a excepción de los ojos. Ausente toda sonrisa, cualquier gesto cómplice, solo eran mirada inexpresiva.
Entonces, uno de ellos le quitó el gorrito y el camisón, como si eso dejase bien claro que solo él, el distinto, un puro despelote, era un enfermo; ellos sabían como curar aquel cuerpo desnudo y se aplicaban diligentemente a la tarea. La dificultad es que el mono desnudo es algo más que un cuerpo...

Utilizaron anestesia radicular durante la operación, esa que la gente suele llamar epidural, así que nuestro Patachunga no se perdió ripio. Identificó claramente el momento en que descoyuntaron la articulación de la cadera. No dudó; sonó igual que cuando él lo hacia con los pollos que guisaba.
Luego oyó la puesta en marcha de la sierra -que dedujo sería circular, ya que tenía tiempo para pensar en eso y en to-, que le recordó el placer que sentía cuando la dulce Mary se le acercaba torno en mano ... TSCHIIIIIIIIIII
Y rebotó de contento, y su cerebro 1/4 de fase retrasado, cada vez que uno de los seres verdosos se batía el cobre con el que imaginaba descomunal martillo, pues bien clarito le oyó cuando lo pidió: "El martillo..; no, ese no, el grande. Que tiene el hueso muy gordo".
Al cabo, percibió el ruido de la grapadora.. "Un pistolero", pensó; le está dando gusto al dedo.. Y es que, como dice no se quien, con todo se puede hacer música. Chuinxq, chuinxq, chuinxq,.. Y es que notaba que el tío se ponía cachondo por momentos y aceleraba el disparo.
Le volvieron boca arriba. Otro ser verdoso le separó impúdicamente las piernas, cogiole el miembro viril -que a estas alturas de la película andaba no ya en retirada sino, mismamente, en desbandada- y se la metió toda, de una embestida. ¡Qué sonda, qué pedazo de sonda, qué parecía una anaconda del Amazonas!.

Llegó a la U.C.I. Era su primera vez, como doncella candorosa que se entrega al tálamo. Un cubo pintado de gris; todo, paredes, suelo, techo ... Silencioso. Sin referencia temporal o espacial alguna, cual catacumba martirial, situado en alguno de los anillos circulares profundos del inframundo hospitalario.
Curiosamente, aquí los seres iban de blanco. "Será que estamos próximos al gran tránsito", pensó. Pureza y eso. Y recordó lo sucedido hace muchos años, cuando era un joven piloto para emergencias en un curso de buceadores de combate.
El joven médico que formaba equipo de rescate con la tripulación de vuelo le contó que acababan de inaugurar la U.V.I. del hospital. "Mucha idea no tienen, la verdad; la han puesto a cargo del dentista". "Y resulta", prosiguió, "que el páter -buen mocé donde los haya- se enteró de que habían reunido a todos los enfermos desahuciados en una misma sala. De manera que en cumplimiento de su sagrado ministerio y para auxiliar como es debido a quienes se hallaban en semejante trance, se revistió de pontifical, o como se diga, y dispuso a dos monagos -vestidos de grana y oro (blanco manchao)- para que le acompañasen; uno con la cruz alzada y otro con aquellas campanillas en montaje cuádruple que sonaban como la sinfónica de Filadelfia. Precedido por ellos, penetró sin avisar en la U.V.I., sosteniendo bien alto el Santo Viático ..... ". El médico cabeceaba.. "En el primer minuto, según vieron el desfile, cascaron cinco de un infarto".

A lo que iba, que en seguida me voy por los Cerros de Úbeda.. Me dejaron encamado en el centro del cubículo e inmediatamente se pusieron a enchufarme a maquinitas. Lo hicieron primero con una que parece ser que mide la tensión cada cinco minutos, pero que en realidad consigue mantenerte despierto por agotado que estés, pues cuando menos lo esperas suena algo así como PUTCHUUUSS y te preta el brazo con desesperación. Al primer intento se descojonó, pues Patachunga, suyo que lo es, tenía antes de este tratamiento un perímetro de bíceps de 51 cms. y pura y simplemente el manguito reventó al hincharse. Pero encontraron la medida..
Y allí se quedó solo Patachunga... Sin rostro humano que mirar, sin voz que oír, sin reloj que consultar, sin saber como, cuando ni donde... Solo, desesperadamente aislado, cual mono desnudo, cuyos ojos siguen diciéndonos que no solo necesita cuidado y comida, pues VIVE DEL CALOR HUMANO.

No es de extrañar que Patachunga, dándose cuenta de que en la punta de su dedo índice portaba una luz roja -cual entrada de putiferio- que controlaba su pulso, extendiese el brazo y se dedicase a dibujar en rojo el vacío del aire, mientras decía bajito cosas incomprensibles.. "Mi caaaassssaaaaaa".
Seguía la soledad invadiendo la vida, avanzando como la Nada en contra de Bastian... Gélida, implacable. En la frontera del Hombre, que sabe que carece de ayuda y debe de enfrentarse a sus miedos y soledades.
Patachunga llegó al punto en que dudaba que fuese real; aquello era un sueño. Y para salir de dudas, King Kong. Así que cerró los puños y, como no sabía que coño dice King Kong en semejante situación, se dedicó a golpearse los pechos cual gorila de montaña, mientras clamaba algo así como UHHHHUAHHHH. Le tranquilizó. Sobre todo porque como estar mucho rato haciendo el gorila, aburre, comenzó a modular el UHHHHUAHHHH, de manera que más que un gorililla comenzó a sentirse como Baloo, el oso del Libro de las Tierras Vírgenes. ¡Y es que la música...!.
Con todo, la Nada iba ganando terreno poco a poco... Recordó sus primeros años, sus ilusiones, la juventud,.... y púsose a cantar... NADIE EN EL TERCIO SABÍAAAA.... Se dio cuenta de que ya no entraban en su box las enfermeras y solo aparecía de vez en cuando un mocetón, que, eso si, le dijo muy amablemente que eran las cuatro de la madrugada. ¡Y Patachunga que creía llevar en aquel antro solitario tres años y un día!.

Al fin le sacaron de allí. Por razones médicas no creo, pues estaba más o menos como entró. Posiblemente para perderlo de vista. Un alunado. Y lo llevaron a hacerle una foto, que en los hospitales se conocen como placas. Cosas.
Por el camino encontró una mirada y una sonrisa. Y se sintió mejor. Además los pasillos estaban más fresquitos, ¡qué es horroroso el calor que hace en un hospital, por Dios!. Gracias que él siempre va en pelota, que es propenso a la caló y al sofoco -más desde que está pitopáusico perdío- y le basta, y le sobra, cubrirse con una sábana, para que no sufran pudores ajenos.
Ya en la sala de rayos, le colocaron entre varios celadores sobre la especie de cama metálica que permite hacer las radiografías, pero en la operación se separó de la sábana que protegía sus frágiles carnecillas.
Uno de los celadores se quedó pensando... "Hay que taparlo, que se ha quedado desnudo". Patachunga le contestó que no se preocupase, que ni tenía frío ni pudor. Era ya solo un mono desnudo. Pero el celador sonrió ... "No, si no es por usted; es que alguno se va a alterar demasiado si le ve..".

Por fin le dejaron reposar en su habitación. Reposar si, que comer en absoluto. El buenazo de Patachunga, grandón y todo eso, es en realidad algo inocentón. Y viene a resultar que al ingresar declaró que era hipertenso -típico; las mujeres le han hecho siempre poco caso y no está desfogao-. Así que algún gracioso discurrió que había que darle comida hipocalórica, hipograsa, hiposódica, hipomierda.... Que los purés de verdura eran, tal cual, diarrea de mamoncillo.
¡Otra vez...!. Que no compañero, que la vida no es solo sufrimiento ni pastillas ni cables, ni medidas de no se que. La vida es una caricia, y también una mirada, y siempre una sonrisa, y no sobra una palabra suave, y vivir es sentir que una mano coge la tuya. Y no dudes, campeón, que vivir son también dos huevos fritos con chorizo. ¡Ayyyyyy...!.

Estoy seguro que dentro de unos siglos, si antes no hemos quebrado todo, cuando la gente del mañana lea algún trabajo histórico sobre nuestra medicina pensará: "¡Qué atrasados estaban; qué primitivos!". Y es que la ciencia, aunque no sepa admitirlo, siempre fue, es y será primitiva. De ahí la pasión por saber e investigar del Hombre.

Pero hay algo intemporal. La ternura.

lunes, 23 de junio de 2008

El negro y los demás

Una vez más. Vuelvo a la costa mediterránea española. Quizá ahora ... Es difícil, lo se. Ella y yo hemos fracasado hasta hoy en todos y cada uno de nuestros encuentros. Ella huele a pino y yo quiero olerla a basa, como huelen las marismas cantábricas de mi bahía; ella es templada y yo la busco fría y cortante; ella, si no se enfurece, solo me acaricia suavemente y yo busco que me abatan sus olas y me cubra su espuma; ella es amante del sol y yo de la bruma y de la lluvia ....

Así que esta vez he elegido un gran hotel costero, con centro de belleza, gimnasio, wifi y todo eso. Hasta tenía reservada en la playa cada día una tumbona debajo de un toldo; todo del hotel, atendido por un amable marroquí durante la mañana, pues por la tarde lo sustituía un español de amargada catadura, terriblemente molesto por tener que atender a quienes por todo mérito tenían el de dar a cambio un dinero del que salía su sueldo.
Pero queridos míos.. El hotel es grande; y como me confesaba el maître del restaurante -digno oficio en el que suelo buscar amigos-, para rentabilizarlo hay que procurar que esté lleno. Al precio que sea... Temed lo peor.

Las comidas se sirven mediante buffet. Y estos no son lugares donde comer, no se crean. No. En ellos salen a relucir los más fieros y primitivos instintos. Allí se comporta con la misma ferocidad una dulce y encantadora abuelita que un niño de primaria, y en ellos se demuestra la avaricia del Hombre, capaz de acumular para si mucho más de lo que necesita.

El parapléjico mantiene una mirada torva; su mujer, que camina tras su silla con motor eléctrico, la muestra cansada, sin brillo. Se dirige a la primera mesa disponible y espera, sin pestañear, que le abran paso. La mujer le pregunta que le apetece y él ordena cual general con mando en plaza. Sentada, le corta en pedazos la comida, de modo que él pueda llevárselos a la boca, y le da de beber, pues él no tiene suficiente destreza para ello.
De vez en cuando, protesta. Ella le discute, le corta la aspereza, no se amilana; voy viendo que hace mucho que entendió que tiene que convivir con la amargura del hombre que, posible y extrañamente, aún ama, pero, también, que nadie puede argüir una tragedia para pasar por encima de los demás en cualquier situación. Eso sería tanto como suicidarse.
Pero siempre se pagan precios en esta nuestra vida. Y me pierdo en sus ojos, que no en su mirada. No luce en ellos esperanza alguna; solo determinación. Comprendo que ella será su esposa y compañera, que aguantará. Y en esas me hago, una vez más, la misma pregunta íntima... ¿Cual sería la respuesta si ella fuese la parapléjica?.

Veo como el hombre, que presumo que ya cumplió hace años los 70, sostiene entre sus manos con gran cuidado un plato hondo. Se dirige hacia la mesa que está a mi espalda; despacito, que su edad y lo colmado del plato no admiten riesgos ...
¡Jesús, María y José!, oigo exclamar detrás de mí a quien creo su mujer. ¿Pero qué has cogido infeliz?. Y es que el abuelo mira con ilusión el platazo de fabada con ... uno, dos, tres, cuatro trozos de morcilla, que con seguridad no ha catado desde hace años. ¡Es que me gusta tanto!, responde con cara de inocencia ....

Tiene unos treinta y tantos años. Le observo despacio ..; su aspecto corresponde al del promedio masculino del comedor. Calza unas sandalias, mezcla de goma y loneta, que conservan sus pies sudorosos y enrojecidos, combinación perfecta con varias durezas y bastante mierda callejera que han acumulando mientras camina. Las féminas, más delicadas, suelen calzar algún tipo de chancleta, que cuando está bien pringada hace resbalar de vez en cuando la planta del pie, provocando una especie de "vete y ven que m'escoño," que realza su cadencioso caminar de princesas y destaca su grácil figura.
Pero sigo, que me distraigo ... Aquellos pies sustentan unas piernas sin volúmenes, temerosas durante años de todo deporte y amantes del fútbol televisivo; o expertas en Formula 1 -eso si, solo durante el tiempo en que Fernando (Alonso para los ignorantes) lograba algún triunfo que otro-.
Compruebo que, como muchos otros ejemplares del comedor, el individuo es algo patizambo -que mea entre paréntesis, si ustedes quieren una descripción más gráfica-, producto, posiblemente, de esas prisas que les entran a muchas mamás para lograr que sus retoños sean los primeros en decir algo, pedir pis y caca, o caminar.
El cuerpo de nuestro protagonista es peludo; más o menos como la media, sin abusar. Pelo lacio, sucio en apariencia, que se descuelga por los bordes del elegante conjunto de camiseta de tirantes y pantaloneta gris semicaída, dado totalmente de si. El resultado es, cuando menos, asqueroso.
Le observo mientras recorre la línea de fuentes de comida ... Transporta en cada mano un plato, en los que va depositando sucesivamente y según toca, una ensalada de arroz y plátano con salsa rosa, espaguetis con chistorra, jamón asado, sepia a la plancha, bolas de patata rebozadas y fritas, salsa dulce de mango, y albóndigas. ¡Si puede con eso, me pongo a dieta!, pienso abrumado.

A mi izquierda está la máquina de helados. Están de "pedrada", o sea que son una mezcla barata de colorante, polvos y algo más. Pero eso si, su fórmula es absolutamente eficaz; comas lo que devores, tomarlos elimina toda sensación de pesadez.
El niño tendrá unos 10 ó 12 años. Se acerca despacio, con prudencia, hacia los grifos dispensadores de helado.. Entre sus manos, una sopera individual de las que hay en la vajilla para servir el gazpacho y las cremas. Se da cuenta de que le miro ..., pero sigue maniobrando mientras me contempla a hurtadillas...
Sitúa la sopera bajo el grifo nata-fresa y baja la palanca con cuidado, observando como un churro de helado se autoenrrolla según cae.. Me mira ... Se desliza ingrávido hacia el de vainilla-chocolate y le da ... En la sopera va apareciendo una especie de monte Fuji que se retuerce sobre si mismo a consecuencia de aquella erupción de colores. Sigue sin perderme de vista ..., como yo a él. Sube la palanca y cesa el churretón de helado.
Y sin dejar de contemplarnos, se acerca, serio y circunspecto, a los botes situados junto a la máquina y que contienen los dulces confetis de colores ... ¡A cucharón, los echa a cucharón!. Me mira por última vez, sin temor -sabe que no me chivaré-, y se pierde entre las mesas ...

Mi gran momento es el del atardecer. Tiempo para mecer y acariciar recuerdos. La noche llega mientras los veladores de la terraza, en cuyo centro se sitúan la orquesta y la pista de baile, van siendo ocupados ...
Me siento al fondo, desde donde contemplo bien la pista y una amplia zona de la terraza. Y comienzo ... "Manhattan, por favor". El servicio, eso si, impecable. Y como iba diciendo .., comienzo a disfrutar del espectáculo...

Al rato atraen mi atención dos parejas. Creo que hace tiempo que cumplieron los cincuenta y está claro que no han dejado de trabajar de sol a sol durante toda su vida. Lo de trabajar al sol es evidente; su moreno cuarteado y profundo no lo han logrado en la playa.
Pero destacan porque parecen haberse escapado de un futbolín. El más alto puesto de pie es más bajo que yo sentado. Siento respeto, y mucho, por ellos. Hacen falta muchas generaciones desayunando un vaso de cazalla y sin probar carne, para que las personas se desarrollen tan poco. Y horas y horas de azada, para tener tal fortaleza en las manos.
Y con todo en contra, aquí están. Disfrutando de lo que tienen bien ganado. Si algún día tengo que pelear por algo, me gustaría tener gente así a mi lado.
Recuérdenme que algún día escriba sobre esto, solo datos de una tesis doctoral, para que atisben la miseria de la España de la última mitad del XIX y primer cuarto del XX.

"Dry Martini", que la noche es larga... Y es que he decidido recorrer la carta ... A mi derecha están los que inmediatamente llamamos "los vascos". Simplemente porque por su acento desmedido, el volumen de su voz y su declaración de ser vascongados, no permiten otra cosa.
Sobre su cuerpo, todo un surtido de joyería. Por lo que dicen, empresario triunfador él; ella, amargada -de sabor amargo- juzgadora de todo. Hacia los sesenta, ambos. Delgados, morenísimos, vestidos tan clásicos que más es imposible.
Él, de estirado pelo negrísimo azabache, fuma un puro, que sabe encender. Ella, de lacia melena canosa, es un quita y pon constante de unas pequeñas gafas de lectura, que, excepto para ser mordisqueadas, no se que chorra pintan en la noche bailable. Él muestra en la muñeca un peluco -su grosor, brillo y número de botoncitos, excitan mi vena barriobajera- que tampoco se muy bien que utilidad puede tener para un fulano de ciudad y oficina. Ella es solo tensión sobre dos patas, recubierta de pedrería. Cuando ha fumado el puro, se van. ¡Qué alivio!.

"Daiquiri" .... Y mi mirada es atraída hacia la pista de baile; bueno, la mía y la de la mayoría. ¡Qué espectáculo!. Francesa -lo supe luego-, casi tan alta como yo -con tacones-, corpiño sin mangas de lamé, falda tubo negra algo por encima de la rodilla, con poderío, pelo garçon, mirada firme y directa, y unos zapatos de altísimo tacón que eran poco más que una plantilla donde apoyar unos pies bien escoscaos, sujetos a sus piernas por un larguísimo cordón, que se enrrollaba hacia arriba ...
Y se empieza a mover ... Poco, muy poco más, que un balanceo de caderas y un dibujar círculos en el aire con las nalgas .. Sus piernas -espectaculares, largas, fuertes, formadas- deslizan el cuerpo, mientras los brazos bailan al compás del vaivén de sus pechos .. Los ojos cerrados, sintiendo ... La cabeza, puro equilibrio mágico.. Sola .. Una espléndida mujer, plena de sabor, con esa belleza demoledora que ellas solo alcanzan tras cumplir los cuarenta .... ¡Madredelamorhermoso!.

"Piña colada".. Pasa a mi lado. Me mira. ... "Gin Fizz", que hay que refrescar el ambiente y, además, voy a terminar con un pedete lúcido, que decía el aspirante frustrado a notario. Y no hay mejores acompañantes de la pasión que la elegancia, la inteligencia y el amor.

Él es negro; delgado, de unos 50 años, cerca de metro noventa. En su sencillez, pura elegancia; sus calcetines y zapatos negros de cordones, limpísimos, como el suéter gris ceniza de manga larga y sus "jeans", recién planchados.
Ella, algo más joven. De rostro típicamente bretón. Un cuerpazo. Sandalias de cordones, pies limpísimos, falda oscura y una blusa clara, sin mangas. Entre sus manos, guarda una rosa de tallo largo.
Hablan en inglés. Él, un "british" exquisito; ella con un claro acento francés. Lo de hablan tengo que matizarlo.. Están tranquilos, serenos; se escuchan el uno al otro, sin interrumpirse, charlando sin prisas, manteniéndose a veces en silencio, contemplándose, viviendo el entorno...
Él no pretende demostrarle nada a ella. Paladea a la mujer, la considera importante, haciéndola sentirse inteligente. La acompaña; busca estar junto a ella, caminar a la par, las manos entrelazadas. No hay conquista; se saben parejos, iguales y se gustan así. Compañeros, cómplices, amantes ....
"Coke" para él, cerveza a presión para ella. Están enamorados. Creo que les siento. Amar requiere cierto tiempo, comprender. Nosotros, los llamados hombres por ejemplo, tenemos que intentar no ser importantes. Más bien se trata de ser, solo, uno mismo, para conseguir vivir algo importante, el amor.
Debo estar ya borracho.. Me retiro a mis aposentos. Tengan ustedes, mis amigos, una noche enamorada.

lunes, 2 de julio de 2007

Peeling y huevos fritos

Me afeito a navaja, a la antigua usanza. Y luego me aplico un bálsamo after shave. Y uso gafas para leer. Recordé hoy que me habían regalado una muestra de un producto para después del afeitado de una marca de mucho renombre. Y decidí que era hora de probarla. Y en el baño no tengo gafas. No se sí me captan...
Bien. Extendí sobre mi cara, que había quedado como culito de recién nacido, aquello.. Calmar la irritación, lo que se dice aplacar el ardor, como que no... Además, la piel no lo absorbía con rapidez, la verdad.. En lugar de barba mi cara aparecía blanquecina, como sí me hubiese maquillado para actuar de payaso en el circo.
Tenía prisa.. Así que deduje que ya iría desapareciendo y salí a la calle... Cuando vi la mueca de mi mujer pensé que no, que parecía Tonetti..
Con un perfecto estilo de jugador de póker he pasado la tarde. Al entrar de nuevo en casa, me he puesto las gafas, he ido al baño, he cogido el tubito y he leído...
Lo confieso. ¿Creen que he purgado mis .. defectos?. Pasearse con la cara untada de pasta de dientes parece buena penitencia...

Aunque recuerdo... En una travesía de montaña, de esas en las que vas cargado como lo que eres, un animal, y lo que necesitas lo llevas pesado y medido en pequeños recipientes, uno de mis compañeros se hizo para comer un huevo frito, que en esas circunstancias -y en cualquiera- es un manjar sublime.
Según lo trapiñaba, murmuraba "sabe raro, sabe raro".. Cuando terminó, un alma caritativa, con total seriedad, le hizo ver que, aunque parecido en textura -que dicen ahora-, el jabón líquido Mistol no proporciona la misma fritura que el aceite de oliva...

domingo, 8 de octubre de 2006

Cena notarial

El sábado fuí de boda. Y antes de seguir confesaré que cada día me siento más lejos del "circo" en que se han convertido. Oyendo, con los ojos cerrados, la fórmula que manifiesta el consentimiento matrimonial, me quedé en suspenso..
¡Impresionante!. ¿Se han parado a pensar el compromiso que encierra?. Entrega total al otro y de por vida... Para discurrir durante horas. ¡En fin!.

Para cenar, mi anfitrión había dispuesto una mesa notarial. Gente seria los notarios, pero no cenando.. Nos pasamos el condumio relatando anécdotas de clientes, comenzando por "Maruja" y su necesidad de traducción registral...
Hubo tres anécdotas muy simpáticas, que quiero compartir con quien me visite...
La primera se produjo en el acto de otorgamiento de capitulaciónes matrimoniales de una pareja, que, como muchas personas cuando se enfrentan al lenguaje jurídico, se aturulló y no comprendió nada de lo que se les decía.
Cuando se les preguntó cual era su régimen matrimonial, ambos se miraron, agacharon confusos la cabeza y, al fin, el hombre dijo en voz baja:
"Pues sí va bien, dos a la semana. Aunque sí tuve viaje, sólo los domingos."

La segunda ocurrió en el acto de firma de una escritura; el otorgante manifestó que no sabía leer ní escribir, por lo que en lugar de firmar deseaba poner su huella genital...

Y la última sucedió en una habitación de un hospital. Como habrán comprobado, el trabajo de una notaría suele acumularse, por lo que las actuaciones fuera del despacho es preciso hacerlas en el menor tiempo posible.
El caso es que cierto notario de Valladolid fué solicitado para el acto de otorgamiento de un poder por un anciano que estaba hospitalizado. Cuando llegó a la habitación, su cliente no estaba visible, pues se encontraba en el baño...
El tiempo pasaba y el enfermo -con un proceso gastro-intestinal- no salía, por lo que el hijo de este, ante las protestas del notario, le dijo:
"Tranquilo, que se lo soluciono ahora mismo". Y antes de que nadie reaccionase, abrió de golpe la puerta del baño, de manera que el compareciente, que estaba sentado en el trono, quedó a la vista...
"Proceda señor notario, proceda". Ante semejante desafío, el notario respondió con gallardía y, en voz bien alta y a pie firme, formalizó lo debido, ante el asombro de quienes pasaban por el pasillo de la planta, que veían a un fulano trajeado diciendo cosas raras a una pared..

sábado, 23 de septiembre de 2006

Le Chef

Hoy en día soy un buen cocinero, aunque flaqueo a la hora de imaginar postres. Y me considero bueno porque puedo prescindir de recetas e ingredientes, guisando por instinto y utilizando los alimentos que tengo a mano.
Aunque dicen que tengo un fallo. Me acusan -infundadamente, a mi entender- de que mancho mucho y luego recojo poco. ¡Hombre por dios! -que dice una amiga mía-. ¿Cuando se ha visto que un artista se preocupe de menudencias?.
Pero no siempre ha sido así, no. Que nadie nace enseñado. Y mis pifias han sido de las que pueden pasar a la historia, porque valiente..., eso si, ¡soy un rato largo!.
En mi casa aún recuerdan una comida, "experimental" como la de mi colega Adriá. Se me ocurrió que podía hacer una crema de mejillones agridulce. Cometí dos errores; me atuve a una receta y la preparé por primera vez el día que había invitado a mi familia.. política.
Cuando probé la crema me resultó dulce, así que corregí.. y me supo salada..., así que.. "Tengo que partir de cero" discurrí.. Así que hice un poco más... Y vuelta a empezar... Así que...
Cuando recuperé el tino tenía ante mí un perolo de considerables proporciones, lleno hasta los bordes, de un color blancuzco, y que unas veces sabía a leche condensada y otras a pura sal marina.
Miré atónito mi obra... Una sonrisa maligna iluminó mi cara... ¡Jaaaaaaaaajaaaaaaja!. E histérico perdío serví el condumio.
¡Oigan, qué educada es la gente!. Entre sonrisas y amena charla comenzaron.. Segundos más tarde se podía oir el vuelo de una mosca. Se miraban unos a otros.. De cucharada a cucharada transcurría un siglo...
Perverso, les dije: "Sí alguno quiere repetir, tranquilos, que sobra". Un cuñado mío levantó la vista y mirándome a los ojos me contestó: "¡Cago'n la leche, que no hay dios que se lo coma!".

Pero esto es sólo el aperitivo de lo que quería contarles. Realicé mi obra cumbre a poco de casarme. Un sábado pensé en hacer un estofado de garbanzos para comer al día siguiente. El caso es que se me olvidó ponerlos a remojo la noche anterior...
Cuando la mañana siguiente me dí cuenta, recordé que mi madre echaba, a veces, una pizca de bicarbonato para ablandarlos. ¡Solucionado!. Además los haré en la olla exprés; les tengo unos minutos más, pongo el fuego a tope y no hay garbanzo que se me resista, pensé.
¡Dicho y hecho!. Preparé la olla, puse agua, los garbanzos y ¡yo que sé que más!; luego el bicarbonato... Y para no fallar, ¡nada de pizcas, cucharón!.
Encendí el fuego, coloqué sobre él la olla exprés y aguardé impaciente, orgulloso de mi habilidad, seguro de mi éxito...
La olla era de aquellas antiguas que tenían un pitorro sobre la tapa, en el que se ponía una pieza perforada cuando comenzaba a salir vapor, momento desde el que comenzaba a contarse el tiempo recomendado.
Pasaron unos minutos... Y de pronto: ¡¡Pppprrzzzusssssss!!. Discúlpenme, ¡pero el artilugio soltó un pedo de no te menees!. Por el pitorro, si.
Atraida por el ruido, mi mujer acudió a la cocina. Me miró. Y luego miró en silencio la olla, contemplando como por el dichoso pitorro salía sin pausa una pasta blanquecina, de aspecto mugriento, que iba, primero, enroscándose sobre la tapa de la olla y luego resbalando por los bordes hacia la placa....
"Por favor, procura que los churros no queden poco fritos..", me dijo antes de alejarse.

sábado, 8 de julio de 2006

Pedos, vino y culo

En aquellos años yo era piloto del Ejército. Y viene a resultar que un día volé sin motor. ¡Mala cosa, oiga!. Me he acordado por la historia de la clinica que les conté. Pasé 14 meses y 10 días hasta que se decidieron a operarme, pues tenía rotas todas las vértebras lumbares, y luego 8 meses y 21 días hasta que recuperé mi aptitud física, pues la mental nunca lo he tenido claro (No como un compañero mío, que presumía de su normalidad exhibiendo el alta de Ciempozuelos).
Por cierto; luego de clasificarme en las urgencias del hospital y como iba convertido en un "mecano", me subieron a una habitación donde había cuatro pacientes más. Uno de ellos era un muchachote al que acababan de operar, pues se había partido la pierna en un accidente de tráfico.
Le rodeaba su madre, su novia, la madre de su novia, su padre, el padre de la novia, un tío por no se que parte, su hermanico, su hermanica, el sacristán y alguno más que no recuerdo.
Ya estaba despierto, pero doliente, y de cuando en cuando exclamaba "¡¡Aaaayy!!, momento en que su madre, su novia, su ...., se lanzaban sobre el bizarro mozo y le preguntaban: "¿Te duele criatura?" o decían: "¡Pobrecito, pobrecito, como sufre!".
Él, quiero pensar que aún no dueño de sus actos, aprovechaba la ocasión para soltar un pedo. Uno, solo uno, rotundo y claro. ¡Aaaaaayyyy, pedo!.
Oiga, llega a cansar... De verdad. Discurría yo que se necesita cierto comedimiento y recato; que aunque sea uno un ser doliente, no debe aprovechar el amparo familiar, especialmente el de los futuros suegros, para ajustar cuentas.

Entre los otros enfermos me llamó la atención un abuelo, enjuto donde los haya, que siempre tenía la boina en su sitio, en la coronilla. Alguna enfermera intentó quitársela sin éxito, pues era receloso como un lince y cuando notaba que se acercaban con intención de "caparle la coronilla" amenazaba con soltarle tal ... "mangurrina" que provocaba su retirada inmediata.
Pues bien, cuando llegó la hora del condumio, verdaderamente bueno -que no sabroso-, el abuelo miró la bandeja con cara hosca y exclamó: "¿Donde h...... está el vino?".
"Oiga -contestó digna la auxiliar- que aquí no se bebe vino" (No recuerdo bien su cara ní su nombre, pero quizá era la actual ministra de Sanidad). "Pues yo siempre tomo vino; no como", contestó furo el abuelo. Y no comió.
Gracias a insignes personajes como él, la investigación médica ha descubierto que un vasito de tintorro en las comidas previene cardiopatías y similares, lo que ha aprovechado Sanidad para desterrar el brebaje de sus dieta. Cosas veredes...

Pasaron los meses.. Mi culo fué pareciendo un acerico; era tal la cantidad de inyecciones que me ponían y lo hicieron durante tanto tiempo, que la cuestión se convirtió en un pequeño drama. Un día, mi mujer le contaba el problema a uno de nuestros mejores amigos, un veterinario, que al verla agobiada se ofreció a ayudarla:
"Sí quieres le pincho yo"
"Ah, ¿sabes pinchar?"
"¡Hombreeee, cerdos he pinchao muchos!".
Sí no fuese por los amigos, ¡qué monótona sería la existencia...!

jueves, 29 de junio de 2006

Historias clínicas

Pasarse unos días en una clínica enseña mucho. ¡Si señor!. Cuando tu espacio se reduce a unos pocos metros cuadrados y a una ventana a través de la que ves sólo dos cipreses, te dedicas a pensar y a observar. Y, de verdad, hay mucho que ver y, en consecuencia, mucho que aprender; sí se quiere, claro...
Nada más llegar comienzas a darte cuenta de cosas en las que no habías caido hasta entonces. En la puerta de la clínica hay una pequeña muchedumbre, con ligero predominio de mujeres; casí todos con cara hosca, dedicados a lo suyo... ¡Fuman!. Con necesidad, apasionadamente.
Y comienzas a discurrir, lo que para muchos es un auténtico suplicio.. La legislación actual sobre el tabaco no sé sí conseguirá reducir su consumo y dudo mucho que álguien sepa -a pesar de la contundencia de nuestros "físicos"- sí reducirá el devenir de ciertas enfermedades, pero de lo que estoy convencido es que ha logrado aumentar con eficiencia el ansia de fumar de los que se dedican a tan nefando -según algunos- menester. O sea, que vamos en camino de reeditar la "Ley Seca", que tan ricos hizo a muchos criminales y que no sirvió para mucho más que para satisfacer a unas cuantas personas convencidas de que nuestros inmensos pecados se borran con gestos y símbolos.
¡Ah!. Yo no fumo; dejé el pecado cuando tenía 6 años. La cajetilla de "Bisonte" -sin filtro- costaba 20 reales y mi economía, basada en la sisa y la mangancia, no daba para tanto.
Pero puede que si sirva para algo. Al igual que muchas parejas se han iniciado gracias a que los perros necesitan mear de vez en cuando... (por cierto, ¡tela! lo de esas personas que les recogen la caquita en una bolsa... Tal capacidad de entrega a las necesidades ajenas me llena de esperanza, pues estoy convencido de que, sí así actúan con el chucho, su comportamiento con sus familiares y amigos será un ejemplo para todos).
A lo que iba.. La clínica es un puro paritorio. Y no, no son sólo extranjeras -que no suele haber, hoy por hoy, en lugares donde primero se paga y luego se recibe-; lo único exótico era una mesnada gitana, gente como cualquier otra sí le diesen al jabón bastante más, alguna de sus mujeres jóvenes se pusiese a régimen, no asasen sardinas en la terraza de la habitación que estaba junto a la mía y no celebrasen su convención anual en un espacio que no supera los 20 metros cuadrados.
Como decía.. Nuestra televisión debe de ser de una calidad tan ínfima y nuestros presupuestos domésticos tienen que estar tan ajustados que el populacho recurre a lo esencial.. Ya me entienden.
¡Por cierto!; tampoco es posible beber alcohol, pues está prohibida su comercialización dentro del ámbito hospitalario. No me extrañaría que dentro de poco tiempo el señor que recorre la clínica en silla de ruedas vendiendo el cupón -o cualquiera otro- se ganase unos euros suministrando de tapadillo algún que otro "mejunge"... La vida.
Sigo.. Tengo que confesarles que soy un pervertido. Como lo oyen. En cuanto se dan las circunstancias adecuadas actúo como Marilyn Monroe, que creo que dijo un día que su ropa de dormir se reducía a unas gotas de Chanel... Y, para mí, adecuado es estar así, en pelotas, en cuanto puedo. Y cuando recogían la cena, sobre las ocho de la tarde, y no era previsible que ya entrase nadie más, pues todos nos íbamos preparando para no dormir, me ponía cómodo...
Hete allá que nuestra habitación estaba horquillada entre la de la tribu -como dije- y la de "la yaya". La "yaya" es -espero que aún- una monja de 92 años, que estaba rodeada de media congregación. Sus compañeras vestían de uniforme, o sea, con falda midi de recio paño oscuro, camisa blanca cerrada al "garganchón", rebeca intrascendente y zapato negro indescriptible; ¡ah!, y pelambrera de macero medieval.
Era ya noche cerrada y atronaba con furia la tormenta, cuando decidí ir al baño...., en el mismo momento que la monja pequeñita, pequeñita, encargada del cuarto de guardia de barlovento se confundió de habitación..
Me quedé quieto, cual gárgola sorprendida por el amanecer, dando frente a la intrusa.. Ella, impávida, me atravesó con la mirada, como si mis tiernas carnecillas fuesen pura transparencia y fijó su atención en la ventana, mientras se convertía en algo así como la mujer de Lot..
¿Un segundo, una eternidad..?. No sé que decir. Antes de que yo pudiese reaccionar, su magnífico entrenamiento emocional le permitió balbucir un "creo que no es aquí", tras lo que giró sobre sus talones y desapareció en la soledad de la noche..
¡Increible!. Tienen un estilo delicioso. Símbolos y gestos. Un mundo pleno de magia.. ¡Qué difícil debe de ser captar que el Cristianismo consiste, simplemente, en un alegre vivir enamorado de los demás!.
Y lo digo por lo que sucedió a la mañana siguiente.. De pronto se montó un enorme revuelo en la planta; timbres que no dejaban de pitar, carreras, voces, ... y todo a barlovento. Mis largos años de servicio en el recontraespionaje no hicieron posible que tuviese otra alternativa.. Salí a cotillear..
¡Elemental, querido ..!. La cuestión estaba clara. El capellán de la clínica -probo varón- había atendido la llamada de la Congregación y había llevado la comunión a la "yaya". Le sumistró una hostia -lo siento, pero otra cosa sería tergiversar- de tamaño regular; la pobre anciana, entubada, con la boca reseca, medio exánime, no pudo tragarla y se le quedó pegada en la garganta.. Casi se ahoga.
Cuando ayer abandonamos la clínica seguía en la U.C.I.....
Y eso me recuerda -tranquilos que ya termino- un suceso vivido hace casi 30 años... ¡Ay!. Se estaba realizando un curso de buceadores de combate y dadas las circunstancias extremas de sus prácticas se envió en vuelo una cámara hiperbárica al hospital militar que les apoyaba.
Yo formé parte como 2º piloto de aquella tripulación.. El caso es que acababan de activar su primera U.V.I., cuyos pacientes eran enfermos cardiológicos en su mayor parte, y no todo el personal hospitalario entendía bien aquello de la vigilancia intensiva.
Uno de los que caminaba un pasico atrás del momento era el capellán. ¡Santo varón, lleno de buenas intenciones!. En cuanto supo que en cierta sala estaban concentrados los enfermos más graves, creyose en la obligación de llevarles su auxilio, ungirles con los Santos Óleos y darles la Sagrada Extrema Unción.
¡Dicho y hecho!. Revistiose, ensotanó a dos monaguillos y, a cruz alzada, plantose frente a la entrada de la U.V.I. Derribó las murallas, digo abrió las puertas, atizando campanillazos uno de los monagos, y penetró la comitiva en tan delicado recinto...
A poco, resuelve "ipso facto" los problemas de cardiología. Cinco infartados estuvieron a punto de alcanzar la paz eterna...
Ya les digo. Se aprende mucho en los hospitales.