Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

sábado, 17 de noviembre de 2018

Sufrir

Miguel Torga, comunista represaliado por la dictadura portuguesa, en su diario: «Las instalaciones de la PIDE han sido ocupadas. Mientras, en compañía de otros viejos veteranos de la oposición al régimen fascista presenciaba la furia de algunos exaltados que reclamaban la muerte de los agentes, acosados en su interior, y destrozaban sus automóviles, pensaba en el hecho curioso de que las verdaderas víctimas de la represión raras veces ejecutan la venganza. Tienen un pudor que les impide manchar su sufrimiento. Son los otros, los que no sufrieron, los que se exceden, como si no tuviesen la conciencia tranquila y quisieran alardear de una desesperación que nunca sintieron».

Artículo completo de Félix Ovejero en la edición papel del Mundo, de hoy 17 de noviembre de 2018.

martes, 13 de noviembre de 2018

Amor

Amor.. No hay que engañarse creyendo que la ilusión es lo mismo. Todos encuentran ilusiones. La característica principal de estas es que son finitas. La ilusión se encuentra gorda y reluciente, pero, cual gocho de matacía, se va consumiendo según se disfruta. Al final restan unos huesos pelados que no sirven más que para el caldo del recuerdo. 

Unos pocos y me reafirmo, pocos, encuentran el amor. Encuentran, porque el amor aparece ante quien le sale de la punta del ciruelo (me gusta, ¡abajo lo correcto, destrocemos a todos los pusilánimes!). No sirve buscarlo ni esforzarse, como si se estuviese aprendiendo a multiplicar. Un día cualquiera se planta ante ti y te saca la lengua; sí, se cachondea, pues no deja de ser un reto. El amor exige y exige. El amor busca que te entregues y todo aquel que necesita nadar y guardar la ropa, que quiere medrar antes que amar, va jodido. ENTREGA ... .. ¿qué hay que entregar?. 

Todos somos como la Tierra, esferas apepinadas unas, con forma de pera otras, muchas amelonadas o sandíos. Estamos cubiertos de bultos de diferentes tamaños, con volcanes sudorosos y agujeros infernales, unidos por cuanto pliegue y arruga puede uno imaginar. Todo eso podría tolerarse si solo fuese físico, pero resulta que hay mucho más desmadre en nuestro espíritu y en nuestra personalidad que en nuestro cuerpo. 

Pero, órdiga, ¿qué es el amor?, que divagas como siempre y esperan que trates sobre ello. Pues se basa en algo que posee otro y no lo sabe, que emana de él según vive y que no controla. El amor es el resultado del aura que flota en torno a alguien y que envuelve a algún otro, que la recibe cual sopapo, más rápido que deprisa, o le va inundando cual riada, pero en ambos casos de manera que no es posible resistir. 

¿Y cómo actúa? Porque hasta ahora lo único que ha escrito, generalidades etéreas, mayormente. Dije que somos a modo de esferas irregulares, en cuanto a personalidad y ánimo, de rebote inesperado cuando topamos con otra, lo que provoca que resultemos impredecibles en demasiadas ocasiones y que nos proyectemos sin precisión sobre los demás, desviándonos de nuestro objetivo, de manera que dañamos lo que querríamos acariciar, saliendo disparados sin control hacia donde menos se espera. 

Pero aquel aura, siendo anímica, puede impregnar y deslizarse por todas nuestras rugosidades, colmatando golfos y volcanes, suavizando cabos y riscos agresivos, tornando aquel pelotón irregular en una esfera perfecta. La fusión entre dos, gracias al amor (olvidemos lo fácil, las débiles ilusiones) nos completa, nos perfecciona en el tiempo, sin alcanzar jamas la perfección; vamos, que nos exige esforzarnos día a día, hasta el final. El amor no es para quien cede ante un obstáculo o se acobarda ante la dificultad, el esfuerzo y el sufrimiento. El amor es para corredores de maratón, dispuestos a mantenerse en ultra trail. 

Y lo más .. ¿injusto, duro? es que produce sus efectos en tanto en cuanto se mantiene la fusión del pelotón y el aura. Si estos se separan vuelven a aparecer las rugosidades de los cuerpos originales y todo se acaba. Quien espere que basta el amor para vivir es un simple, un iluso. Solo hay una manera de vivir, la del espíritu jinete, ir superando obstáculos lanzando el corazón más allá de cada uno de estos y yendo a buscarlo sin esperar nada. 

Por eso hoy se fracasa tanto, porque se espera demasiado del mero transcurso de la existencia o de la suerte. Ya prometió sir Winston Churchill que para ganar había que luchar y esto trae sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo. 

¡Qué bien!. La ilusión, de la que hablaba al principio, es cual saldo de una libreta en la que se van practicando grandes reintegros y pequeños ingresos; el resultado es que el saldo final es 0. Por contra el amor es cual cuenta de crédito, donde el saldo no es en realidad nuestro sino que está a nuestra disposición para que lo vayamos empleando a fin de alcanzar un objetivo. Cual parábola de los Talentos, alcanzar la meta cuesta, hay siempre que arriesgar y poner constantemente carne en el asador vital. 

La ilusión no exige esfuerzo. El amor, al contrario, es trabajo constante por "amor al arte", sin recompensa ni seguridad de obtener nada. Solo ENTREGA. Por amor. Y todo lo anterior se condensa en el axioma : sin amor soy mero gorilón, con amor, un Hombre.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Mi pata

Eso, mi pata. Que no hace cuá cuá, sino que es una de las dos que me permite caminar e ir dando mal por ahí. Hace unos años publiqué "La tragicomedia de Patachunga"; toca ahora continuar relatando lo sucedido estos días en mi azarosa existencia de retirado. Tenía que prepararme de algún modo para celebrar el día del Pilar, porque tal y como van las cosas -¡la virgen qué tropa!- estoy convencido de que las eminencias que nos dirigen solo son capaces de enmerdar cada día más las cosas de España y creo que solo el Cielo podrá reorientar el asunto.

Como relaté en "La Tragicomedia", a Patachunga le pusieron una prótesis integral de cadera; titanio, no se crean, que no llegaban los maravedís para el paladio, ni otras virguerías. Y disfruté tanto de la experiencia que hace unos días repetí. Dado que la anestesia es, en principio, epidural (no confundir con radicular) disfrutas como un gorrino de como los cirujanos te meten mano. Como un gorrino, porque sospecho que se parece a la matacía esa de los gochos que suele hacerse en España; y que meten mano no es una sospecha sino una certeza absoluta, pues ni en mis mejores tiempos de mozo salido de madre lo hacía con tal furor como los señores esos que tan pronto se visten de verde como de azul. Lo de verde debe ser para que creas en la esperanza y lo de azul, en la pureza.... ¡A rezar pues, maños!.

No quiero cansarles describiendo la sensación que produce oler a hueso quemado -¿recuerdan el olorcillo vaporoso que perciben cuando el dentista les mete el torno hasta el garganchón y convierte una muela en polvo?. Pues eso. Tampoco les cansaré hablando del bamboleo del cuerpo cuando la emprenden a matillazos con el fémur, ni de la habilidad con la grapadora del cirujano, que parece que el hombre inventó la ametralladora. En fin, pequeños detalles que adornan el cuadro.

Cuando han terminado contigo y te sacan del quirófano, un camillero te traslada por los pasillos con un dominio sorprendente para evitar chocar con las esquinas y a una velocidad que no será alta, sin duda, pero que, dado que las referencias físicas son paredes y techos que se deslizan  con demasiada rapidez para mi gusto, logra que el paciente -yo- llegue a la UCI/UVI con un pedo monumental. Y si es para tal fin prefiero darle al Pisco Sour....

Y entonces disfruto al fin. Me sitúan en un aparcamiento desde el que no podía cotillear a otros invitados, pero me permitía observar el gran teatro vital que es semejante lugar. Y se pone uno a meditar... ¿No vendría bien alegrar aunque fuese solo un poco semejante cortijo?; los suelen situar en un sótano, habitación sin vistas donde las haya; lo pintan de gris, tono alegre que te rilas; y por si alguno de los residentes aguanta, te rodean de máquinitas que pitan y te "pretan" el cuerpo cada 10 minutos, logrando que no descansen más que los que están más p'allá que p'acá, En fin..

Recordé lo que ya contó Patachunga sobre aquellos tiempos jóvenes en que tuve un vuelo de apoyo a cierto hospital; formaba parte temporalmente de la tripulación un joven médico intensivista aragonés más somarda que el que inventó el término. Me contaba el hombre que en aquel hospital se había inaugurado no hacía mucho la UCI y que al principio, como no habia especialistas y nadie suspiraba por hacerse cargo de la misma, habían encomendado tal responsabilidad al estomatólogo. Un encanto. El capellán, enterado de la existencia de un lugar desde el que podía accederse a los cielos, decidió colaborar y presto a salvar almas, se revistió como es propio de su ministerio (no sé si se dice así, pero ustedes se hacen una idea), formó a los monagos y los dotó de campanillas de esas que requiebran al mínimo movimiento, además de poner como cabo de gastadores a uno de ellos con la cruz alzada. Y tal procesión se dirigió rauda a aquella UCI; abrieron la puerta de un empellón y penetraron a toque de campanillas y envueltos en sahumerio. "Los cinco que había de cardiología cascaron en el primer instante", rememoraba el joven séneca intensivista.

Como siempre divago. Ya me perdonaran, pero es que a estas alturas uno tiene bastante lleno el saco de lo vivido y se escapa el contenido. Sigo. Me sitúo; en la UVI/área de la UCI.. Observo.. Capta mi atención una rubia de ojos grandes y mirada clara, alta y con tipazo, que sin duda es la que manda allí. En poco tiempo dejo de lado su físico y me conquista su buen hacer. Incomprensible. No para de trabajar, pero lo hace serena; descubre rápidamente los fallos que cometen las enfermeras que la acompañan y, ¡oh maravilla!, no solo las advierte del error, sino que las instruye sobre como realizar el trabajo para que resulte como es debido y todo ello con calma, sin irritarse ni crispar a nadie. Y eso que contemplándola mi vieja sabiduría concluye que es personalidad de fuego apasionado, una mujer que es todo carácter y claridad.

Viene enseguida a saludar a este, su nuevo cliente. Sé que está de trabajo hasta las ....., pero se detiene a mi lado como si lo único que le interesase en esta vida fuese como me encuentro. Regala sosiego y te devuelve la sensación de que eres una persona personalmente, que diría mi admirado Catarella, y no una línea en un listado. Me hago pequeñín y ella grande. Personas así son un regalo de la vida y ella una especie de hada que ayuda a que la realidad se ilumine cuando sonríe.

Llega Fernando Alonso, el habilidoso conductor de mi cama por los pasillos y en un plis plas me devuelve a mi habitación en la planta. Pasan los días y aquí me tienen, contando lo vivido; no tanto para informar de si hago esto o lo otro, cual moderno/a/a/o, sino para reconocer a quien lo merece, como he hecho malamente en los dos párrafos precedentes. El resto, palabras para camuflar la verdad al lector, como hacía cuando me examinaba "long time ago"

sábado, 14 de julio de 2018



¡Qué afán de centrar el esfuerzo en el pasado, dejando de lado el futuro!.

"Siendo Otto von Bismark primer ministro prusiano (1863), con ocasión de recibir a un embajador español, le dijo al funcionario llegado de Madrid: 
España es una gran nación. Yo la admiro profundamente, conozco la historia de la creación de su imperio y creo que resulta indestructible. 
¿Por qué herr Canciller?, preguntó el poncio. 
Porque ni siquiera ustedes los españoles son capaces de destruir su nación."

Me repiten una y otra vez, según he ido haciéndome mayor, que lo que importa es lo que me espera  al día siguiente y que no tengo que centrarme en lo que quedó atrás. En España eso es pecado mortal, pues los hechos muestran que todo se centra en remover la mierda que los de estos pagos fueron dejando por el camino, de modo que a cada instante se reavivan dolores y rencores. ¿Para qué dedicarnos a crear mañanas si podemos inflar a otro a patadas en los bajos?.

Unos grupos, fieles a sus orígenes, se dedican a poner en marcha todo lo que desean quienes les votan, a fin de tenerlos bien atados para lograr los sillones, aunque aquellos deseos de hoy sean dañinos mañana. Son cual esos padres amiguetes que en lugar de apoyar con su madurez la formación de sus hijos facilitan cuanto despropósito nace del deseo.

Otros grupos, tan amantes del sillón como aquellos -no olvidemos que la política en España es la agencia de colocación más grande-, trabajan sobre intereses, que no son siempre límpios, dejando de lado que quien dirige debe generar ilusiones y sueños de un futuro mejor.

Que cada uno se pregunte si construye sobre los cimientos o toda su labor es modificar lo que se hizo el día anterior.
 

domingo, 8 de julio de 2018

Justicia y amor

La vida al revés. Tanto más joven, tanto más ignorante. Al cabo voy alcanzando a entender como soy, aunque no sé aún quien soy. Por eso la vida está al revés, pues cuando decides no sabes y cuando algo sabes, ya está todo decidido. Me voy marchando, que dije hace no mucho a una mujer y sé que no me entendió. ... ¡Pero que cosas digo, que no me entienden los que leen!. Discúlpenme.

Era joven cuando descubrí lo que sentía. Se planteó un juego en el pequeño grupo de amigos del que formaba parte. Jesús expuso un cuento corto con muy pocos personajes y nos pidió que eligiésemos con cual de ellos nos sentíamos identificados. A mi lado estaba la mujer que amaba; elegimos... Después, Jesús nos explicó el significado. Yo había elegido a quien representaba con más claridad la justicia; ella se había decantado por el amor.

Desde entonces he recordado muchas veces en silencio aquellos momentos. He asimilado que en mi caso no se trató de elegir una idea. Opté con claridad por lo que sentía. Sigo sintiéndolo. No puedo ser de otra manera, so pena de no ser. 

Necesito que me convenza cada palabra, cada gesto, cada comportamiento, cada idea. En caso contrario elijo la soledad antes que la compañía. Aborrezco a quien sigue a un grupo, a un líder, a quien se guarda con otros. Se es solo; no hay otra manera. Se alcanza la vida por contacto, inmediatmente, nunca por no se sabe que fin lejano, que nos disculpa por no aceptar la realidad ni nos obliga a comportarnos a tenor de la verdad que nos incomoda.

Sé que ni ha existido ni existe ni existirá Justicia. Exigiría que el Hombre fuese Dios. Como tampoco el Hombre es capaz de otorgar el Perdón, que exige regalarlo sin motivo, con olvido absoluto de lo sucedido. El Hombre llega a lo más a disculpar, si recibe a cambio de la ofensa una razón; pero no olvida lo sucedido, digase lo que se diga. Por eso es solo Hombre.

Sé que si Dios existe Es Amor. O no es. Así que el Amor está infinitamente por encima de la Justicia, como el Perdón está más allá de toda disculpa. Entiendo que mi elección, que ha guiado mi vida, no fue la mejor. Solo muestra mi pobre condición, mis carencias.

Pero sigo sintiendo igual. De ahí mi soledad. Porque el amor nunca queda en segundo lugar.

sábado, 26 de mayo de 2018

¿Cómo titulo la Historia vivida?

Pues eso, ¿cómo dar título a un escrito que desborda todos los títulos? Así que contaré algo de lo que pasa por mi cabeza, vieja ya, pues hace muy pocos días he cumplido 70 años. Mucho de lo que cuentan como pasado en los medios de comunicación no es más que lo que viví en mi madurez y compruebo con amargura una y otra vez que aquellos adulteran lo que fue real y entregan un relato que suena a lo que fue, pero que jamás existió; es muy fácil hacerlo, pues basta modificar pequeños detalles materiales aquí y allá, a la vez que se oculta todo lo que contradice la idea que se quiere trasladar a la masa, magnificando por contra hechos que pueden servir de apoyo a aquel deseo, de modo que quien no viviese el tiempo descrito sorbe como verdadera la descripción engañosa que conviene a los intereses, siempre materiales, de quienes mangonean a la gente.

Daría una regla que ayuda a descubrir mentiras e invenciones. No es exacta, pero funciona en la mayoría de las ocasiones. "Si molesta o incomoda es verdad, si agrada me están engañando". La razón de esto es muy sencilla: somos una sociedad de consumidores; de todo. El consumo necesita que se consuma; esta tautología no es otra cosa que rudimento de Teoría Económica, ya que para que funcione una sociedad consumista es imprescindible que las personas adquieran bienes en mayor cantidad cada vez y para lograrlo hay que mentalizarlos a comprar y comprar; atiendan, por ejemplo, a los anuncios del "Día de la Madre o del Padre" o a las campañas de Navidad de los grandes almacenes.

El fulcro sobre el que pivota la palanca del consumo es la Información. En la entrada de cierto lugar en que me formé pude leer: "La Información es el Poder". Si quiero vender, primero necesito saber que es lo que se puede vender, inmediatamente mentalizar de la bondad del producto a quien puede comprar y crear la necesidad de poseer. Todo, no deja de ser utilidades de la Información. Y hay algo que se nos vende: el Poder. ¿Pero el Poder se compra?. ¡Claro!. Quien ansía este producto y busca poseerlo necesita comprar los votos suficientes para ser elegido. ¿Y cómo se compran los votos?. En el juego llamado democrático, ofreciendo promesas en un programa electoral. 

El Poder no puede consentir, so pena de correr el riesgo de perderlo, que se dé cualquier circunstancia que no facilite la adquisición del voto y la Historia muestra como una y otra vez se ofrece a la población propaganda en lugar de información pura y dura. ¡Consuman, consuman, que así estarán en nuestras manos y jugaremos con sus vidas!. Observen a su alrededor, dejan de lado sus gustos, sean críticos aun en su contra... Se juegan la verdad.

Conocí a Rogelio Alonso cuando él daba clases en la universidad del Ulster, en Belfast. Claro como el agua desde que era un desconocido, aunque sospecho que en realidad sigue siéndolo y eso es un seguro de vida. Esta tarde les ruego que lean y mediten sobre la entrevista que le ha hecho "El Mundo".

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Ahora, en la noche de muy pocos días después, leo otro artículo que en este caso relata una reunión durante una cena y soy incapaz de no relacionarlo con el que he enlazado unas líneas antes. Me considero de un pueblo que está a 60 quilómetros de Bilbao, donde viví momentos muy agradables durante años; y terminé mi vida profesional en Barcelona, donde me resultó agradable la calle y completamente retrasada su "¿gente dirigente?".

El siglo XIX fue determinante en todos los países del llamado hoy Primer Mundo. Provocó cambios que costaron grandes dolores a sus sociedades, pero que permitieron el avance que hemos tenido en todos los órdenes (negado por todos aquellos sin capacidad para seguir "el ritmo del partido"); hoy sucede algo similar con la tecnología, criticada por quienes no son capaces de emplear algo más complejo que un ábaco. La respuesta de las clases dirigentes en muchas regiones fue agarrarse fieramente a sus privilegios, usos y costumbres, cual nobleza medieval ante la Modernidad, para seguir viviendo sin alteración alguna en su comodidad.

ETA brotó en el seminario de Derio apoyándose en las juventudes del PNV, partido que ha aprovechado ad nauseam cada ocasión en que los españoles pasaban por momentos difíciles para sacar tajada. Repugnante. Para mí la gente cabal es aquella que sacrifica lo suyo para ayudar, cual emigrante de una cultura distinta basada en compartir y ayudarse. (Principio básico económico: todo empresario que busque incrementar su beneficio marginal no solo debe pulir su proceso productivo sino hacer lo posible para que se incremente la riqueza de la gente, pues si esta no compra él se puede meter lo que fabrique por el mismísimo culo, ¡qué estoy harto de ser correcto!)

Desde finales del XIX, en Vascongadas y Cataluña (que no olvidemos que nacieron en sus límites actuales de la reforma de Javier de Burgos de 1833) vivieron unas clases burguesas cuya preocupación fue medrar económicamente y aprovecharse cuanto pudiesen. Aun cuando en alguna ocasión expresaron su interés en que España avanzase no lo hacían para que mejorasen las Urdes, por ejemplo, sino para que su velocidad de crucero no disminuyese.

Pues bien lean este artículo


domingo, 18 de febrero de 2018

Sueños de una vida

Uno leía de niño, mucho muchísimo y mayormente como corresponde a esa edad, libros de ... ¿aventuras?. Mi espíritu se forjó en Beau Geste, aprendiendo de Winnetou, bañándome en la soledad de Tarzán, viajando con Picaporte, creyendo en KPO la pantera, soñando vivir en las Tierras Vírgenes, queriendo vivir como Hermann Buhl, ... ¡Y yo qué sé cuanto más!, que el título del blog no lo puse a humo de pajas, pues fui, soy y seré un inútil soñador.

Mi primera y gran vocación fue la de marino. Cosas del ambiente que viví durante mi infancia y juventud. La mar ..., ¡cómo la añoro!. Mis soledades están repletas de recuerdos, de sonidos, de olores, ... (No se extrañen de tanto punto suspensivo, que escribo lo que acude a mi mente y esta suele perderse habitualmente de una cosa a otra). Y en una de estas he recordado que se inicia el Crucero de Instrucción de Guardiamarinas de la Escuela Naval a bordo del Juan Sebastían de Elcano.

Partirá de Cádiz y hará escalas en Funchal, Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Ushuaia, Punta Arenas, Valparaíso, El Callao y Charleston, desde donde volverá directamente a Cádiz, sin arribar a Marín para desembarcar a los guardiamarinas, como suele hacer. La ruta queda clara, la derrota según provea Dios Nuestro Señor, que se ha comentado que intentarán pasar a vela el Cabo de Hornos o de las Tormentas, pero si arriban a Ushuaia y más tarde a Punta Arenas doblarán por el Canal de Beagle ... Que no es moco de pavo, pues Drake, Magallanes y Beagle son áreas de vientos catabáticos, que pueden escorar de tal modo el barco que lleguen a acostarlo, lo que recuerdo que no será una experiencia nueva para la nave, pues me contaron que hasta el pater manejaba el hacha que daba gloria bendita.


Esto me da pié a hablarles de los Anillos, esos que dan derecho a mantenerse en pie ante Su Majestad y a mear a barlovento, lo que no dudo, aunque no sé yo con que resultados, en especial lo segundo. Pero tratando lo concreto recuerden que la "libreta de ahorros" más popular, hasta hace cuatro días, han sido las joyas, que permiten mover mucho capital bien pegado a nuestro cuerpo, por lo que permite sentir cerca los dineros. Así que me apunto a la versión que expone que el verdadero derecho que tenían los marineros que cruzaban a vela determinadas zonas era el de colgar de su oreja un anillo de oro tras navegar por cada uno de los tres grandes cabos o estrechos; dado que los marinos suelen repetir ruta, los que recorrían las más peligrosas se ahogaban tarde o temprano y de esa manera cuando aparecía el cadaver, si aparecía, se podían pagar los gastos de su entierro con el oro de su oreja.

En general se admite que los anillos eran tres y hay acuerdo sobre dos de ellos: el que correspondía por pasar entre el Atlántico y el Pacifico doblando el Cabo de las Tormentas, y el que se lograba por lo mismo entre el Índico y el Atlántico, doblando Buena Esperanza y Agulhas, conocido este por tal nombre al ser nula en el mismo la declinación magnética y marcar las agujas imantadas el norte geográfico.


Pero hay más. ¿Qué hay respecto al tercer anillo?. Hay quien dice que como los dos primeros se ganan doblando cabos, el tercero también, y defienden que se ganaría doblando el Cabo Leeuwin - en holandés, de la Leona-. Pero observando las rutas de navegación en un mapamundi se cae en la cuenta de que el tráfico marítimo entre China, Sudeste Asiático, India y África hacia Europa y América no pasaban por dicho cabo, lo que lo aislaba de las grandes rutas, que además aprovechaban el área del paralelo 40º S para impulsarse.


Así que me apunto a lo que escuché desde niño en el puerto: el tercer anillo se lograba atravesando a vela el Mar de Tasmania, con lo que se lograba de tacada sumar dos estrechos y dos cabos: el estrecho de Cook y el de Bass, y los cabos South East y South West. Tasmania ...; siempre contaron que era terrible. Aunque puede que fuesen ensoñaciones infantiles tras acompañar a los Tigres de Monpracen ...



sábado, 17 de febrero de 2018

Opinión pública

Profesor don José Luís Sampedro

lunes, 29 de enero de 2018

A una amiga

Confío en que ya no estés tan aburrida. Pero por si las moscas te ilustraré sobre mi manera de navegar por aguas tan procelosas (no sé bien que significa, pero queda decimonónicamente elegante) como las del aburrimiento. Antes, bucearé (se nota que pasté junto a la mar) en este último; creo que el aburrimiento mana suavemente cuando coinciden dos circunstancias: poco quehacer y limitación de espacio. La primera no necesita explicación y la segunda tendría que ver con nuestra permanencia en un lugar pequeño, reducido, de donde no nos movemos; el mero hecho de viajar y descubrir novedades, aunque solo sea mirando, diluye el aburrimiento. 

A estas alturas de mi disertación me voy dando cuenta de que me he aburrido una jartá. Horas, días, semanas, .., sin estar autorizado a desplazarme, existiendo en lugares limitados y mayormente sin otra cosa que hacer que estar. Por si pasaba algo tener alguien a quien culpar de lo que fuese... Bien. 

Pasemos a los métodos que empleé para combatir (término del soldado) a ese enemigo implacable, el aburrimiento. El primero fue el bocadillo; sí, un humilde pedazo de pan relleno de algo. Al estar aburrido da lo mismo lo que contenga; los he probado hasta de sopa de fideos. Antes que convertirte en zombi es preferible hacer lo que sea y como no me llaman las manualidades, que he preferido siempre que las haga otro, brotó en mí la calma que aporta el yantar y como no tenía perras para que este fuese de calidad ni ocasión para desplazarme a un buen comedero, pues lo que cayese... No te lo recomiendo. Te desarrollas y eliminas arrugas de la piel, que queda terse y lustrosa, pero pasas mucho calor en verano y a la gente del norte no nos sienta bien. 

Así que pasaré al segundo método: leer. He leído tanto que no me he enterado de la mayor parte. Y es que en aquella situación de asislamiento no puedes elegir la lectura; lees lo que hay o no lees. Así que eché mano tanto de las estadísticas del Servicio Nacional del Trigo en los silos castellanos desde su creación (algo queda siempre y eso permite apabullar a incautos en una discrepancia) hasta la estructura de los dioses hindúes. Por supuesto nada de profundizar que eso convertiría la lectura en algo así como dedicarse a un trabajo (en expresión de alguien en edad productiva) o en una afición o hobby (según diría un jubilado). Además, este método de leer sincopadamente (¿elegante, eh?) tiene la ventaja de que termina atontándote de tal manera que te amodorra y esto es utilísimo para ocultar el aburrimiento. 

Tampoco te recomiendo tres sistemas que conducen a situaciones problemáaticas: el vino, la brisca y las mujeres (hoy habría que decir mujeres, hombres y viceversa). El primero, o similares, suele llevar a una melancolía profunda y esta al desprecio personal, además de al odio al resto de las personas. El segundo, excitante es, como todos los juegos, pero te sumerge en el deseo de ganar cuando, por esencia, el único ganador posible es el propio juego, de quien se depende siempre e inexcusablemente para llevar la cabo la apuesta esperanzada e imposible de ganar al fin a quien te domina y esclaviza. 

¿Y las mujeres o viceversa?. Tentado estoy de quedar por tonto y dejar que pienses que mi cabeza está ya medio perdida y me he olvidado de explicarlo. El problema, dicho así como una parábola, es el mismo que el de estos artículos; expongo una idea, pero para completarla es necesario que quien lee añada lo que piensa sobre lo mismo, pues en caso contrario resulta algo incompleto, imperfecto, que no llega a desarrollarse. Y las personas, de ser algo, somos un añadido de desequilibrios en tensión. Así que combatir el aburrimiento mediante la pareja es un mal negocio. A la pareja hay que acudir bien cocido y suficientemente descargado de las tonterias que priman en los días de la época en que se viva.

Mal asunto. Pero no nos pongamos serios. Exploremos otro método, el que uso actualmente, el propio de ese inútil social al que la organización califica como jubilado, bien sea pensionista o pobre de mierda, que no es más que un subgrupo de aquel. ¡Pensar!. Ciertos individuos a los que su experiencia (cada uno en su nivel, claro, no se lo discuto) les va aclarando la mente y perciben cuando les toman el pelo, quien es un inútil y aun con eso les dirige, que proceso no tiene ni pies ni cabeza, pues lo parió un tonto a quien le dieron un lápiz, ..., y cosas así, la "Organización" los excluye, ya que se vuelven un peligro y diluyen la dicha en que flota la Masa. Te jubilan, te dicen que te substituyen por otro al que van a pagar una miseria, pues tú sales caro, y eso si no dejan vacío el lugar que ocupabas. Y gastan millones en organizar como te atienden (dicen).

Pensar. Comienza uno contemplándose en un espejo. Recuerda la gran cantidad de memeces que ha dicho, las oportunidades que la vida le puso en bandeja para ser feliz y él trituró, todo lo que pudo aprender y desdeñó, ... Se da cuenta de aquello que ya es imposible vivir. ¡Vamos, qué al fin y al cabo comienza uno a reparar en quien y cómo es!. Y poco a poco profundiza, expurga, matiza, ajusta cuentas..... Este proceso no termina nunca, requiere tiempo y evita el aburrimiento. Y así, cuando te vas, una vez aprendido un poco, desapareces. 

Lo que elimina definitivamente el aburrimiento.

viernes, 12 de enero de 2018

El amor es un acto de valentía

Estoy ahora solo. La soledad es una amiga espléndida, siempre que no sea la única que tengamos. Conversar con ella es no solo interesantísimo sino imprescindible, pues nos permite ir conociendo pasito a paso los vericueros del alma y saber así quienes somos. Voy teniendo años y ya no corro como antes; ahora hasta pienso, aunque solo de vez en cuando. Además, callo ante muchas cosas de los míos; resulta que voy comprendiendo a mis padres y me doy cuenta de lo mucho que callaron ante las insensateces y desplantes de un infeliz como yo. Comprendo que nadie nace aprendido y que necesitamos tiempo para digerir el aire que respiramos, por lo que hay que dejar espacio a las oportunidades que, mediante el procedimiento de prueba y error, nos ofrecen la posibilidad de entender como funciona esto del vivir. ¡Lo triste es que desaprovechamos tantas oportunidades..! Vivir, como todo lo esencial, no se aprende en los libros. Vivir se aprende caminando por la existencia, equivocándose, reconociendo los errores y comprendiendo en lo posible la realidad.

Tranquilos que esto es solo para ambientarles. Dentro de unos cien folios creo que comenzaré a tratar lo que de verdad quiero contar.. Aunque mejor entro ya en harina, que sospecho que lo que estoy haciendo es ahuyentarles. El caso es que acabo de escuchar una gran verdad: Amar es un acto de valentía. Me he quedado muy quieto... Hace años me hicieron comprender que amar es entregarse y hacerlo exige ser valiente, pues somos poco dados a regalar nada; el Hombre es egoísta, quizá por aquello de la necesidad de sobrevivir, y hay que esforzarse para depositar lo nuestro en manos de otro sin obligación de que este nos dé cosa alguna.

Pero hay más. Porque lo que acabo de exponer viene después. Lo primero, lo esencial del amor es decidir. Te quiero.... Mejor callar si no sentimos que vamos a entregar alma, corazón y vida. Declarar amor es un acto de enorma valentía, siempre que no sea un brindis al sol, que suele ser lo normal y así nos va. Hay que ser valiente no para decir aquellas dos palabras sino para convertirlas en realidad y en consecuencia entregarlo todo sin esperar nada.

Alguno estará pensando que eso es cosa de santos y tiene razón. Solo el Amor parece que se entregó de verdad. De lo que hablo es de nuestro amor, del que buscamos todos los días, de ese que da pero reclama a la vez. En fin.. Amar es cosa de valientes. Y valiente no es Rambo, sino cualquiera que se decide a vivir de verdad y pagar lo que eso exige.

martes, 2 de enero de 2018

Manos

El padre mantiene la mirada fija. Su mente se perdió. Sentado a su lado, su hijo. Charlamos con normalidad, pero sin que nadie cite al enfermo y la conversación va por otros derroteros. Mantengo silencio. Observo.

El hijo, que pasó los cuarenta, mantiene entre la suya la mano del padre. Con el dedo pulgar acaricia despacio la piel curtida de quien se ha ido. Tengo claro que ese suave roce es el verdadero protagonista de la Vida.

Otro lugar, otras personas. Sobremesa. Como siempre, observo. La mujer no puede más; durante años ha soportado. El marido, igual y sobre lo mismo. Sé que cuando está solo se acurruca en el suelo de la ducha y llora, pero luego se esfuerza y apoya, aunque se equivoque. 

Ella tiene un aneurisma cerebral que se trató hace unos años. Contemplo. Comprendo que por un flanco ha cargado el sufrimiento causado por los fracasos y por el otro el daño que originó aquel. No está perdida, pero si dañada. Y en ese momento su mirada se vacía. Su marido, que no está pendiente, baja al instante una mano y recoge en ella la de su mujer, manteniéndola en un abrazo delicado, mientras sigue charlando con los demás.

Comienza el año, descansa compañero

Llaman. Ha muerto ... 

Soy el más joven. Y soy viejo. Nos vamos yendo. Nos hemos dado el pésame unos a otros. Iremos a despedirle. Le dejaremos en el nicho. Espero, deseo que descanse. Aquí queda su hija con síndrome de Down, mayor, su mujer, a la que tanto debe y por ello tanto debemos todos. El uniforme irá con él. Y una parte de nuestra Historia del último tercio del siglo XX.

Sufrimiento y muerte, sacrificio, Servicio. No puedo contar más. Uno de los compañeros ha dicho que las flores compongan la bandera de España. Así se hará.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Hace 31 años ....

Hace treinta y un años Rosa Montero escribió una columna en "El País" titulada "Príncipe". La he buscado en la hemeroteca para enlazarla y que puedan leer algo bien escrito y no mi texto, que entre mis fracasos y mis emociones suele ser de difícil entendimiento, pero no la he encontrado. Así que intentaré descubrir lo que cuenta en ella, pues conservo en mi archivo y en papel muchos artículos que me plació leer.

Antes quiero hacer una aclaración. Turulato cometió un error: informó a algunas personas sobre quien era. Inmediatamente desapareció el mayor valor de estas pobres letras, que no era otro que la sinceridad. Turulato, cobarde al fin, se autocensuró y eso le llevó a dejar de escribir, pues fue perdiendo la capacidad de compartir, aunque fuese embutido en la bruma de un seudónimo. Pero volvamos al "Príncipe"...

"La verdad es que los cuentos infantiles se las traen"; nos van induciendo a soñar y los sueños, sueños son, que clamaba Segismundo. Los sueños son estrellas que nos guían muchas más veces de las convenientes por el camino de la frustración. "Oiga, señorita, que a los hombres también nos han engañado". "Se nos educó en confundir la pasión con un espasmo pánfilo, y salimos al mundo así de equivocados, con el príncipe enquistado en el deseo".

Pasan los años. Y un día "habitas un terreno común de menudencias". Apego. No, no es el fracaso que parece. Es el resultado del esfuerzo, del hoy por ti y mañana por mí, del trabajo conjunto, del sacrificio en tantas cosas, de caminar de la mano de otro en busca de una meta común. "El príncipe no es más que una momia en el recuerdo y las arañas del palacio se han fundido



Ambición

Iba a titular este apunte "Ambición y competividad" pero basta con la primera. No creo que alguien pueda ser competitivo si no ambiciona. Mi padre era de origen humilde. Luchó con todas sus fuerzas para triunfar. Admiro su esfuerzo; comprendo su necesidad; me agobia lo que sufrió. Quería dejar de ser para llegar a ser. Siempre fué él. Como todos. Así es la vida.

Puedes mejorar cuanto quieras materialmente; la experiencia y el conocimiento te modulan, pero siempre serás el que eres pues "vivimos recordando lo que hicimos y soñando lo que haremos", sin que posiblemente hiciéramos exactamente lo que recordamos ni lleguemos a vivir lo que soñamos. Todo va unido y dentro de un sólo recipiente: "Tú".

Así que murió sin lograrlo. Triunfó, pero no alcanzó a olvidarse. Aprendí a su lado que triunfar es inútil. Que luchar por alcanzar fama, poder, dinero, ... , no te permite ver en el espejo lo que deseas cuando te miras cada día. Querrías ver a quién buscas ser y, día tras día, sigues viendo quien eres. Me convencí de que mi espejo me dirá durante toda la vida: "Este es el único responsable de tí". En consecuencia, ambiciono no ser competitivo y compito conmigo para no ser ambicioso. Intento "ir a mi paso" sea cual sea el de los demás. No es fácil.

Cual resolución de nudo gordiano, lo anterior -escrito hace 13 años y sin publicar- lleva a un callejón sin salida: ya que no puedes cambiar, no hagas nada. Pero los callejones sin salida son trampas imaginarias; basta alterar el punto de vista, para que se abran caminos que no habíamos percibido y que manteniendo el contenido anterior nos abran una salida.

sábado, 18 de marzo de 2017

Por lo vivido, por respeto, por necesidad

Escribe Ignacio Camacho en su columna de ABC de hoy 17 de marzo de 2017:

"En una tumba del cementerio de Vitoria, una mujer ha dejado una corona cuya leyenda dice «L’Chaim»: un brindis por la vida en hebreo. El hombre que ya no podrá leerla se llamaba Fernando Altuna Urcelay y era hijo de una víctima de ETA. A su padre lo asesinaron en 1980 los polimilis, considerados por la opinión pública como los etarras buenos. El crimen quedó impune, al igual que otros 325 de los 858 cometidos por el terrorismo vasco, y como esa rama de la banda se disolvió poco después ni siquiera fue investigado. Fernando solía decir que no podía perdonar porque nunca supo a quién debía hacerlo.

Aquel niño de diez años no pudo superar la orfandad familiar y moral vivió toda su vida trastornado, bajo el angustioso síndrome del hombre al que le falta algo. Le faltaban el padre, la verdad y la paz; le faltaba el consuelo y le faltaba una justicia que aplicase en su conciencia herida alguna suerte de bálsamo. Se sintió siempre un perdedor, un paria de la historia, un ser abandonado. A menudo trataba de esconder su tristeza en un hálito de ternura risueña que a veces le hacía parecer un gran niño simpático. Pero su drama interior le derrotaba una y otra vez con el oleaje de un tormento recurrente, doloroso, trágico. Hasta que esta semana se cansó de vivir, mortal y desoladoramente harto.

Ayer, cuando ETA se abría paso en los medios con su enésimo montaje de propaganda póstuma, con su obsceno trajín de negociadores, observadores e intermediarios, abrí una vez más el Mapa del Olvido, el testamento moral de Fernando. Un espacio digital (www.mapadelolvido.blogspot.com) donde, con ayuda de la tecnología fotográfica de Google, levantó una cartografía del horror que localizaba el escenario de cada atentado. Lo hizo lenta y minuciosamente, apoyado por otras víctimas, en un desafío de rebeldía contra la impunidad y contra la desmemoria, su forma francotiradora de luchar en silencio contra la melancolía del fracaso. Allí está la intrahistoria documental del holocausto vasco, clasificada por provincias, por días, por meses, por años. El verdadero relato que ya nadie quiere leer. Las actas del espanto.

No es difícil imaginar que, de haber vivido un par de días más, la pantomima del desarme le hubiese provocado un comentario entre escéptico y sarcástico. Altuna Urcelay nunca creyó en la paz porque él no la tuvo, pero jamás se hizo a sí mismo una concesión al odio ni al rencor; sólo le mortificaba el olvido, la sensación de pertenecer a un grupo humano preterido, incomprendido, abandonado. Se sentía un zombie empeñado en la verdad mientras los demás le veían como un tipo cenizo y amargo. 326 asesinatos sin resolver le cargaban la espalda del alma con el peso de una causa perdida que le impedía ser feliz como un extranjero en una sociedad donde –lo ha escrito Fernando Savater– la gente huye de las personas tristes como de los borrachos."

"Le faltó el padre, la verdad, la justicia y la paz; se sentía un perdedor, un paria de la Historia, un ser abandonado"


viernes, 13 de mayo de 2016

Muerte

He visto muertos; gracias a Dios muchísimos menos de los que vio mi padre. A mi edad, ya presencié en directo como se fueron todos mis mayores. Y alguno de mis iguales. Morir sentado en un sillón, vestido cual caballero inglés, bebiendo su mejor licor durante dos días, sin moverse, esperando que llegase la que tan bien conocía. Morir metiéndose el revólver en la boca y no aguantar más. Morir asesinado por una bomba puesta por un fanático cobarde, que provoca que desaparezca parte del cuerpo, que se desgajen miembros, que la sangre derramada sea oscura, casi negra y pastosa, que los intestinos se arrastren por el suelo. Morir tras fallar las fuerzas y desprenderse del patín del helicóptero de rescate al que se agarran los brazos, con la boca al final desgarrada y tan vertical como la nariz, con la mitad de la barbilla a la altura de uno de los ojos, con el cráneo estallado y los sesos, blanca pasta esparcida. Morir por sorpresa, en cualquier lugar, un tiro. He visto morir.

Escuchaba una tarde a don Julián Marías decir en voz alta y clara que nos pasamos la existencia buscando seguridad, mientras que lo único seguro es que hemos nacido y que algún día, hagamos lo que hagamos -pobres diablos-, moriremos. Morir no es difícil. Físicamente cuestión de casi nada. Lo difícil es transitar de un lado a otro con entereza y, muchísimo más, con tranquilidad; y lo es porque no estamos seguros de que pasa y pasará. Por mucha fe que creamos sentir y quizá en la misma proporción, nos inundan las dudas; quien ha estado cerca por si mismo sabe que antes es gratis mantener lo que sea, pero cuando llega el momento no mantienes más que el miedo. Nadie sabe. Nadie supo nunca. Nadie sabrá.  

Ví al padre, mi amigo y compañero, acompañar a su hijo muerto. Sereno, como siempre fue su estilo; "cuando uno ha gastado toda la munición y no hay otra, solo queda aceptar e ir tranquilo". He visto hace poco, en la habitación del hospital junto a la nuestra, como un compañero se entregaba a la honda soledad y se ausentaba de todos, perdida la mirada en donde solo él sabe. En fin. Ayer acompañé junto con otros a un amigo que se va .......

Me puso un SMS. Quiero verte. Sabía que su estado era terminal. Me comentó que también se lo había pedido a dos amigas comunes. Le contesté que cuando y donde quisiese; no puedo moverme de la cama, ven... Y ayer a la mañana, cuando dijo, llamamos a su puerta. Nos abrió su hermana, la que le acompaña en todos sus instantes, hambrienta de su presencia, consciente de que se agota; sonrió con suavidad, nos miraron uno a uno sus ojos grandes, y en silencio nos abrazó, uno a uno también, para recibirnos en paz, para que le entregásemos la fuerza que ahora necesita.

Él estaba en su dormitorio, en su cama, en el último lugar que ocupará en el mundo. Quieto. Su pelo, ahora ralo, cano; su barba, crecida, blanca; su cara, afilada; su cutis, pálido; sus manos, finas; su pecho, escaso; sus brazos, trazos; sus piernas y pies, enormes, tanto que a la presión se hundía la piel creando un volcán, que luego iba subiendo cual erupción de líquido retenido.

Nos fue abrazando, uno a uno. Fui el último; contemplaba... Nos abrazaba con ganas, que no con fuerza. Algo dijeron las amigas; quizá dije algo, no recuerdo nada. Nos sentamos; cual teatro griego, él, personaje principal de la mayor obra clásica que todos vivimos, ocupaba el centro del Proskenion y los demás, espectadores privilegiados de la tragedia viva, nos sentamos a su alrededor en el Koilon.

Estoy tranquilo, en paz. La Unción me ha serenado. Habíamos hablado muchas veces de lo que creíamos ambos; que nadie piense que ni él ni yo flotábamos cual San Juan de la Cruz. Somos carnales y débiles, flojitos y sin seguridad en nada. Pero, ¡sobre todo!, que nadie niegue nada ni afirme soberbio lo que nadie puede saber, estableciendo certezas conejiles desde la lejanía de la muerte. A la muerte, socios, hay que mirarla cara a cara, sentir como se acerca mientras niegas que viene a ti, oler a podrido, saborear la dulzura de la sangre, la mierda y la meada que escaparon, sentir el miedo intenso, profundo e íntimo, a ser tú el que muera un instante después, y entonces ¡callaros JODER!, que os aseguro que con coraje solo logras silencio y sin  él, niegas hasta la madre que te parió. Que estamos demasiado acostumbrados a que todo sea palabra, ideas sin completa crítica y a que el papel lo soporte todo. Y la vida es pura obra, nunca postureo ni imagen, ni mucho menos satisfacción de frustraciones.

Conversamos de como se encontraba; él ya no oía bien y se "perdía". Comentó, mirando a la ventana, lo mucho que le gustaba el sol, la luz; la luz..., casi el único placer que le llegaba de fuera. Nos dijo que comía, aunque poquito. Y que dormía bien, a pesar de que se adormilaba por el día de vez en cuando. Paciencia y paz, es lo que me queda vivo, comentó. Alguna insinuación le hice de otro momentos, que jugamos juntos hace tiempo; respondió pícaro, recordando, aunque su fuerza estaba ausente. Yo, de vez en cuando, contemplaba a los demás; sentí que todos íbamos más tarde a comprobar que, en realidad, el presente no se vive, pues vivimos recordando lo que pasamos e imaginando lo que nos espera.

Fui el primero en levantarme. Su hermana me llevó aparte; abrázame.., lo único que desconoce es el plazo que creen los médicos que le queda, alrededor de una semana. Será verdad, pensé, pero sabe ciertamente que su vida se extingue. Ella siguió..: le pregunté que donde quería estar. Me contestó que donde diese menos trabajo. Entonces respondí: estarás hasta el fin en tu cama, en tu casa, con todo aquello que te ha acompañado en cada instante. Me acompañó hacia la salida, pero antes me enseñó su despacho; contemplé el lugar en silencio, paladeando los detalles, la disposición, sintiendo que allí se habían vivido sueños y sentido ilusiones. La casa estaba viva, allí donde llegaba la muerte.

Todo llega. Y esto acaba. Adios amigo. No sé que es lo que vas a vivir. No sé que es después. No sé nada. Pero échame una mano, que si no voy jodido.

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Una amiga con bellos ojos de mirada lejana ha leído a Turulato. "Descarnado, duro.." dice de lo escrito. Le he contestado....: Hace años acompañaba al viejo veterinario del Regimiento cuando tuvimos a la vista una cierva que estaba pariendo; nos tumbamos en la hierba y procurando no hacer ruido ni movernos, contemplamos la escena. No hacen ruido, pero sé que parir no es tan fácil para un animal como presumimos. Al cabo, el cervato cayó al suelo; la cierva volvió la cabeza, lo miró durante unos momentos y, sin más, se alejó. Con toda claridad no quería saber nada de aquel.

Me sorprendió; como todos las personas cuyo ambiente es urbano mi mentalidad está formada por una serie de ideas tópicas cuya única finalidad es facilitar que la sociedad urbana funcione, que aceptamos sin más y que nos acompañan a todas horas. Así que le pregunté a aquel hombre mayor, cuya piel mostraba en su color y arrugas las muchas horas vividas en el monte: "No lo entiendo, ¿y el instinto maternal de la cierva?".

El veterinario me contempló como el maestro al parvulito recién llegado y contestó: "Acabas de comprobar que existe. Sabes apreciar la bondad porque has conocido la maldad; si todo en tu vida hubiese sido maravilloso y bueno, sin contraste con lo malo, su contrario, serías incapaz de reconocer lo bueno. Es como la Belleza, que solo adquiere valor cuando sentimos la Fealdad. Cuando has visto que la cierva, que seguramente es primeriza y no lo ha pasado bien, se alejaba del dolor, has sentido la ausencia del instinto maternal y así sabes que existe".

La muerte es siempre descarnada. No hay muerte amable. Gracias a eso y al dolor que sentimos, podemos apreciar la maravilla de la Vida. Al igual que la cierva, lo que nos pide el cuerpo es huir, rechazar el dolor, negar la dureza, lo que nos agrede. Es lo mismo que nos susurra el Miedo: "niega la verdad, acepta solo lo fácil; en el momento que algo te moleste o te tuerza la oreja, recházalo, desprécialo y niega su valor.." Y así se frustra la Vida.

Vivir es duro. Por eso merece la pena, porque siempre merece la pena ir jodido preparando una prueba, para poder luego saborear el placer íntimo de haberla superado. Es duro morir, no creo que sea un trago de gusto para nadie; ¿pero cabrearse, rechazar la enfermedad terminal, ayudaría?. No nos damos cuenta de que nuestra amargura, airarse por el dolor, negar la realidad, ..., no aporta nada y solo contribuye a nuestro hundimiento y a esparcir amargura y tristeza en nuestro entorno. Vivir es recorrer un trayecto entre el día que nos parieron y nuestro último suspiro. A lo largo de él nos encontraremos pruebas, obstáculos, problemas, dificultades,.. Un niño rechaza la pérdida de un juguete; llora. Un adulto afronta la existencia. Una persona madura siente que lo es gracias a que lo que ha ido pasando va logrando hacerle, a la vez, más resistente ante el esfuerzo y más comprensivo ante las debilidades ajenas de quienes no logran superar algún obstáculo.

Madurez..; sentido comprensivo de la vida, asunción del mérito por el esfuerzo, de avanzar superando obstáculos, de saber que el dolor es útil, que nos permite comprender a otros y ser más sensibles y tiernos de verdad, y no como quien proclama frases huecas desde el rechazo y el miedo. He fracasado mucho; en aspectos vitales esenciales. Pero también tengo clarísimo a estas alturas que lo que aporto a la vida deriva de lo que he aprendido tropezando y volviéndome a levantar para avanzar a trompicones. Así se logra algo magnífico, convertir una derrota o una pérdida pública en una victoria íntima

Un beso

sábado, 20 de febrero de 2016

Re



''Untitled (Yellow, Orange, Yellow, Light Orange)'' 

Intensidad



''The Blow'' 
 Michaël Borremans

viernes, 19 de febrero de 2016

Expresión lírica


''Interchange'' 



''No. 17A''

sábado, 23 de enero de 2016

Cerezas y esperanza

Escribí un artículo sobre la hija de un compañero mío. Supo que iba a morir; tenía un hijo pequeño. Y sabía amar. Ignoro los vientos que recorrerían su intimidad al amparo de soledades, pero conozco a que dedicó sus momentos: dejó a su hijo un libro sobre las estrellas. Quiso que su muerte no vaciase de ternura y llenase de soledad a quien tanto amaba, así que le regaló esperanza. En aquel libro le explicaba al niño que Dios la iba a convertir en una estrella, para que siempre estuviese viva, tan bella. Pero nunca dejaría de estar a su lado y cada vez que la necesitase podría levantar la mirada. Vería palpitar su estrella. Era ella, su madre, atendiéndole, acompañándole; podría contarle sus cosas y nunca se sentiría solo .....

Ayer comí con el abuelo del niño, con el padre de la mujer que escribió el libro y que hoy luce en el Cielo. Somos ya algo mayores y tan pronto reímos, como perdemos la mirada. Me pidió que le fotografiase con su móvil y al hacerlo pude ver imágenes de algunas de sus pinturas. Recogí dos. Hace tiempo que no siento necesidad de escribir; aunque levemente, ayer sentí que debería compartir algo con quien abriese esta página.




¿Saben cómo lograr que palpiten las cerezas?. Entrecierren los ojos y dejen que sueñe en rojo la mirada; añadan ligeros chorros del tono del café oscuro recién hecho, aún humeante. Y terminen de matizar suavemente con algo de amarillo, casándolo con azul para que nazca el verde. El rojo no deja de ser rastro de vida, de pasión, mientras que un buen café, sabroso y ceñido por pequeñas burbujas doradas, tonifica las noches frías. Amarilla o si lo prefieren, dorada es la luz del sol que nos templa la mañana. Y Dios es Azul, que cantaba el poeta, lo mismo que la hondura del mar es azul humo. Vida, pasión, calor, Espíritu, la profundidad de todo misterio.

He escrito muchas veces en estas páginas que la pintura es un lenguaje, la herramienta que permite a ciertas personas abrir su intimidad e impulsarla hacia nosotros para que nos susurre sentimientos, sueños, alegrías y dolores. Hay quien nos habla con música, otros con palabras, algunos con imágenes; necesitamos que salga el alma, como cuando el hombre primitivo convivía con un mundo misterioso y lanzaba al aire sus temores. Hoy pensamos que comprendemos, cuando solo nos hemos acostumbrado. Seguimos envueltos en misterios.

Me confesó el artista que la imagen no es suya. El solo la pintó, copiando lo que veía, e interpretó como aparecen los objetos, componiendo con sensibilidad. Cerezas vivas, que se desprenden y caen. Cerezas en el agua, que se alza cuando se sumergen y parece acoger en un abrazo a las que llegan luego. Es un bodegón, sencillo, en que todo es movimiento, cuando estamos acostumbrados a que sean estáticos. El frutero donde se recogen las cerezas, frescas y jugosas, es cristal de agua, que es espejo. Todo el sabor de la vida, la pasión y la esperanza, verde hoja florecida, se bautiza en agua limpia y fresca. Parábola de vida. Y de muerte, cuando se desprende el aliento y caemos al olvido.




Me contaba que había disfrutado  con este cuadro, depositando la pintura para luego extenderla y diluirla, con fuerza, quizá con rabia. Acuarela, pura y dura. Dos colores, verde y negro, sobre una base clara. El artista juega con tonalidades, que no con la paleta. Derrama, extiende, concentra. Recuerda la representación oriental del paisaje; por eso me parece Zen, aunque no lo sea. Y siempre que es así estamos ante la materialización del sentimiento.

¿Qué toda obra está revestida de sentimiento, responden?; si creer eso les hace felices.. Es como si me dicen que hoy la gente busca encontrar lo que le gusta para luego trabajar en ello, cuando en realidad buscan lo que llaman curro -uno cualquiera-, que no es otra cosa que sacar alguna perra -que eso si gusta- haciendo algo mal, en especial si comprende servicio a otros. Pero no divagaré, que me excita y eso a mis años, enloquece.

Decía que esta pintura es sentimiento. La mano se desliza; ¡zas, fschss!. El color se extiende, sin forma deseada, hacia donde en principio no se sabe. De pronto nace la necesidad de abandonar el verde esperanza y bañar de negro el cuadro de la vida. Me atrevería a decir que estamos ante una Abstracción Lírica. Y cuando sucede esto no se trata solo de contemplar sino de intuir. ¿Qué tensión íntima ha llevado la mano a lanzarse donde la voluntad no decide?.

Nadie puede decirlo; ni el propio autor. Ha habido quien al contemplar esta obra ha visto el desembarco de los Marines en Iwo Jima, aunque con helicópteros, tanques y todo eso. ¿Y por qué no?. Si es Abstacción Lírica, es ensoñación y esta no es más que lanzar a vivir los sueños. Que cada uno, contemplando el Arte, vea lo que quiera. Y que cada artista, vuelque en la obra lo que le pida el alma.