Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

lunes, 23 de noviembre de 2009

La única y gran Verdad

El miedo es al final el resultado del silencio de Dios. Lo que importa no es tanto si Dios existe como si estamos vinculados a Dios -por lazos de Amor- o no le importamos apenas nada.

3 comentarios:

Turulato dijo...

He querido exponer este pensamiento del modo más nítido posible, pues no quiero distraer un ápice la atención de quien lo lea.
Por eso aclaro ahora que no es mío sino de Kalia

Anónimo dijo...

Ay Kalía que razon tienes !!
Eso es lo más aterrador ,eso y el silencio de los muertos...
Mer.

Kalia dijo...

La verdad es que cuando leí esa frase que, efectivamente, yo había dicho en algún momento, me pareció que no dejaba de ser interesante. Aunque confieso que cuando la escribí, así de repente -cuando afloran las palabras del alma sin pasar apenas por el tamiz del pensamiento-, no había tomado conciencia de que encerraba cierto misterio. Turulato la recogió y la depositó en esta ventana bien iluminada y ahora observo que tiene un brillo particular.

La veo aquí y pienso que esa frase no es solo mía, que también le pertenece, que es el resultado de muchas conversaciones, de un ir y venir por encuentros magníficos y desacuerdos falsos, de pasear por un camino que nos permite ir creciendo un poco cada mañana, incluso a esta edad tan joven.

Hou me he acordado de ella cuando he leído un comentario que hizo Turulato hace cierto tiempo ya a una entrada en Monocordio sobre El Don de la Ebriedad de Claudio Rodriguez:
http://monocordio.blogspot.com/2008/10/claudio-rodrguez-don-de-la-ebriedad.html.
Así que me voy a permitir ofrecerla a los seguidores de este blog:

Turulato dijo...:

Creo yo, que creo poco, que la vida no es otra cosa que una sucesión de apuestas. Al nacer, sabemos nada y al morir, a veces menos. Por eso intuimos. Porque, nos guste o no, vivir es avanzar y aprender y, en definitiva, esto no deja de ser cosa de elegir.
Elegir.., ¿qué?. Pero elegir; no queda alternativa. Y elegimos esto, lo otro y lo de más allá, apostando por sobres cerrados de una tómbola desconocida. A veces creemos que lo hacemos bien y otras somos pura duda indefinida. El resultado, el que sea, cansancio; y tras el cansancio, la monotonía.
Pero hay ocasiones en que se nos permite descubrir la apuesta e intuir la verdad. Cuando más creo que creo poco, parece que me alcanza una sonrisa y una mano se entrelaza con la mía; y tira de mí suavemente. Lo impalpable me inunda y, si, me embriaga.
Puede que sea un don y eso me asusta, como siempre que me regalan una sonrisa, una mirada, el cálido roce de una mano. O sea, esperanza, fe en lo acertado de mi apuesta. Vida.
¡Y no digamos nada de cuando la vida aprieta!. Cuando todo lo que no sea vacío parece haber huido de nuestra alma. Entonces el don se transforma en beso y, con dulzura, cuando menos lo esperamos, nada ya, nos embriaga con su fuerza, de manera que, en plena borrachera, sentimos la potencia de sus brazos, que nos acogen sin que podamos defendernos.
¡Ay Dios!. La vida. Mi apuesta y tu don. ¿Sabes?; tengo miedo. Hago apuestas en busca de ..; bien comenzaría si lo tuviese claro. Pero hay veces que no se muy bien que es lo que busco; quizá ser dichoso, que más no pretendo, puede que ahuyentar pesadillas por haber olvidado algo en el camino.
Y yo que cuando leí el artículo pensé: "Y ahora, ¿qué le digo?". Y resulta que no paro de escribir. Otra apuesta, una más.
¡Si por lo menos supiese escribir un poema!. Pero no, no vibro como lo hace Marian. Presumo de bruto, pero es que lo soy. Así que termino; con una papeleta de las baratas, de las de a perra gorda, que pocos saben ya que era. Puede que, si tengo suerte, me tocará un caramelo de violeta...
Debo estar ya ebrio, para haber escrito tanto y no pensarlo. ¿Un don, dices?


Ebriedad : estado de conocimiento alterado que cuando es del alma puede alcanzar cuotas mágicas y nos ayuda a perder el miedo. Por un ratito por lo menos creemos en el Amor.