Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

miércoles, 7 de abril de 2010

Memoria y sexualidad de las mujeres

Uno ya va siendo madurito. Pelo más bien blanco, dolores diversos, entumecimientos varios, surtido diario de píldoras de colores, mujeres jóvenes que me hablan, ya, sin preocupación ... ¡Cómo pasa el tiempo!. Pero conservo una memoria de elefante...

Y hoy en día me joroba, por no comenzar tan pronto a maldecir, que me cuenten en la tele, periódicos y otros medios tan serios como los citados, como fueron mis días en aquellos años de las décadas de 1950, 60, 70 y ... Lógicamente cada uno vive cosas diferentes, pero hay hechos comunes a todos. Y me están contando, y lo que es más grave, les están contando a quienes no lo vivieron, cosas que no sucedieron. Mercadotecnia social domadora de masas amorfas.

Además, se achacan a aquellos años el origen de tantos males que comienzo a tener ganas de salir a la calle con una pancarta: "Os aseguro por la memoria de los míos que ni dejamos a Abel en el sitio con la quijá del burro, ni crucificamos a Cristo". Fue el origen de muchas instituciones (conjunto de normas, personas y medios materiales dispuestos para la consecución de un fin -cultureta, chavalotes-), como la Seguridad Social y el régimen jurídico de protección laboral que hoy padecemos y se intenta desmontar. ¿Maldades?; muchas, claro. ¿O es que hoy podemos tirar la primera piedra?.

Pues bien. Me han tocao la entrepierna. Gente cultivada, curtida en papel impreso, y que no son nada tendenciosos, han organizado un seminario. Silvia, que participaba en su foro, tuvo el buen sentido de preguntarnos a los viejos como follábamos entonces. Si era verdad que ná de ná y que antes de la España celestial de hoy en día, todos los españoles son descendientes de esquimales, pues aquí, como dijo uno, toos esmériles.

Y como el asunto iba de mujeres, retireme y dejé paso a la opinión de Kalia, que vivió y creció en aquellos años. He aquí su relato y sus razones..:

A ver si aporto algo a un tema que será tan amplio y variado como personas pudieron vivir en aquél momento. Puedo hablar algo de mi experiencia, no solo personal sino también de lo que pude ver a mi alrededor. Pero se limita más bien al tardofranquismo.

Que había represión sexual, nadie lo duda, pero una cosa era el bienpensar y otra bien distinta la realidad. Al menos una realidad quizá minoritaria, pero más mayoritaria de lo que pudiera parecer y de lo que los "estudiosos" ahora querrán darse cuenta de que existía.

¿Quién no estuvo entonces en un guateque?. ¿Qué era eso?. ¿Represión castradora e incapacitante o aprendizaje del sexo sin necesidad de que el gobierno de turno tuviera que entrometerse en la vida privada de los adolescentes?. La llegada de los turistas del norte de Europa fue cambiando mucho las cosas en este país de gente dividida entre los que estaban obsesionados por el sexo y los que pasaban olímpicamente de todo lo que tuviera que ver con la sexualidad. Pero más o menos como ahora y como siempre.

Pero los chicos de entonces éramos mucho más autónomos que los de ahora, sin duda alguna. Lo mismo que cuando fuimos niños no necesitábamos que nos organizaran el ocio, llenándonos las tardes de actividades importantísimas, también fuimos capaces de descubrir por nosotros mismos la sexualidad. Cada uno a su hora, sin más presiones que las de nuestro entorno. Y aunque al principio lo que nos dijeron los curas y las monjas nos hizo pensar que éramos seres malísimos si teníamos aquello que llamaban "pensamientos y deseos impuros", lo cierto es que la propia naturaleza iba abriéndose camino con bastante tranquilidad. Al menos para la mayor parte de los jóvenes de entonces, con sus más y sus menos, con sus tiras y aflojas.

Claro que siempre hubo un buen número de mediocres miedosos oscuros y grises que temieron yo qué sé que infiernos y, a lo que parece, vieron castrada su sexualidad. Deben de ser esos mismos los que ahora, muchos años después, han llegado a tomar el control ideológico de ésta nuestra sociedad y consideran que es necesario enseñar a los chicos en las aulas cómo hay que... ¿follar?. Me da que igual ellos no lo aprendieron nunca y, como muchos fueron tan disciplinados y obedientes y estuvieron en Seminarios, en la OJE y en agrupaciones similares de la época, puede que comprendieran lo importante que es la "doctrina política" para controlar a la gente, y como son expertos en la tarea de inmiscuirse en la vida privada de la gente, ahora nos quieren contar lo mal que se vivía entonces y lo bien que se vive ahora.

Y no hablo de suposiciones: conozco directamente a gente que responde perfectamente a esta trayectoria personal. Descubrieron, no hace mucho por cierto, que era conveniente ser feministas, progresistas y todos los istas que se quiera, pues ello daba un plus de calidad a la hora de optar a plazas de profesores en las Universidades o de conseguir subvenciones bien dotadas para llevar a cabo representaciones teatrales que explicaran lo oscura que era la vida en el franquismo.


Pero cualquiera puede estar de acuerdo conmigo: al menos desde finales de los 60 y principios de los 70 en España había una rica y variada, ¿cómo diría? ... ¿vida sexual?. Es decir, las chicas y los chicos en general tenía relaciones sexuales, eso sí, cuidándose muy mucho de no llegar al coito, o al menos al final. Pero creo que eso, más que por una represión ideológica producto de ningún franquismo ni de ningún fascismo, ocurría por el miedo al embarazo. Porque no era nada fácil para una mujer soltera sacar un hijo adelante y los padres de la chica lo tenían muy claro y se lo inculcaban a fuego. La alternativa era bien clara: la familia de la chica venía a dejar muy claro que un embarazo acababa en boda o en funeral. En funeral del hombre que la hubiera "deshonrado". Porque, claro, se suponía que una mujer como es debido solo podría ser seducida, engañada y abandonada. Y eso implicaba una consideración poco elevada de su altura intelectual, porque de la moral nadie dudaba...

Pero claro que existía una mentalidad generalizada respecto a que el sexo era asunto exclusivo del matrimonio. Como la había antes de Franco, en la República y antes de la República. No tenía nada que ver con el régimen político. La mujer debía "guardarse" para así conseguir un matrimonio como es debido, pues lo cierto es que la mujer era dependiente, primero de su padre y luego de su esposo, social y económicamente dependiente.

Era más bien un pensamiento heredero del siglo XIX (para nada original de ningún franquismo, insisto), propio de la burguesía, particularmente de la pequeña y mediana burguesía. Porque en la alta sociedad, que la había, la culta y "vivida" alta sociedad, se hacía de todo, como siempre ha ocurrido en los ambientes que se lo han permitido y que se han saltado a la torera las barreras morales e incluso legales de cada momento.

El mundo del artisteo, por su parte, era visto como algo especial y allí los homosexuales, adúlteros-as, y todo lo que se nos pueda ocurrir pensar, campeaban por sus fueros y eran contemplados con interés desde las revistas del corazón, como si tuvieran una especie de bula moral. Y en los pueblos..., en los pajares, ¡vaya usted a saber lo que pasaba en los pajares de los pueblos o en los ribazos de los ríos o en las fiestas de los pueblos, por mucho que el cura intentara poner su orden! (a no ser que la moza fuera de Navarra, porque Navarra y Pamplona...).


Pero lo que me parece más importante cuando digo que había una amplia vida sexual, es que la gente en general valoraba el sexo, creo yo, mucho más de lo que lo hace ahora. Aunque pueda parecer extraño desde hoy en día decir esto, creo yo que así eran y son las cosas. Y al sexo se dedicaba, y que nadie lo niegue ahora, buena parte de los encuentros entre los chicos y las chicas de entonces, cuando se ennoviaban e incluso cuando tenían cualquier aventurilla.

Aunque, como digo, tuviera una limitación bien precisa en la mayor parte de los casos. ¿Era eso represión? Seguramente sí, pero bien fructífera. Porque ahora, que aparentemente todo el mundo se ha "liberado" sexualmente, no sé si no ha desaparecido también con esa liberación la sexualidad misma, el verdadero y auténtico sentido del sexo, algo propio de los humanos en toda su dimensión y muy superior y mucho más rico que la cópula que suelen realizar los animales cuando el instinto de supervivencia de la especie es el que manda.

Pues la triviialización de algo, la ausencia de juego, el considerarlo todo tan natural, tan "fisiológico" creo yo que está ayudando a que ... se esfume. (Odio pensar que el sexo es algo fisiológico, comparable con otras cosas fisiológicas de nuestro cuerpo, como parecen querernos machacar desde esa "ideología progre" y banal al uso, hasta el punto de que llega incluso a personas que claramente se definirían de derechas). Ahora la gente pretende tener una amplia, rica y variada vida sexual, llena de experiencias placenteras.... ¿Como aquellos que pastaban libres de represión (y de deseo, claro) en "El Mundo Feliz"?. Afortunadamente no es cierto; solo están más engañados acaso que antes, creyéndose liberados y no reprimidos por dictadura fascista alguna. ¡Pobres incautos!. ¡Al menos antes la gente se sentía libre para pensar, libre para dudar, libre para desear!
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Pero, a lo que iba, que me voy por las ramas: conocí lesbianas que vivieron juntas una larga vida como amigas, compartiendo piso sin que nadie se metiera con ellas. Tuve por lo menos dos profesores muy dignos y respetados en la Universidad que eran homosexuales y que compartieron su vida con sus amantes tan ricamente. La prostitución estuvo permitida en la España franquista hasta, creo, mediados de los cincuenta, por exigencias de la Iglesia. Había cantidad de espectáculos "picantes" por todas partes (algunos creíamos que eso era el producto de la represión, pero hoy sé que estábamos confundidos).

Pero también es verdad que una mujer honestamente casada solía estar poco interesada en el sexo, que sus maridos solían buscarse la vida por otros lugares y que ellas con frecuencia lo sabían y les parecía muy bien, pues así no las molestaban. Y también es cierto que se persiguió la homosexualidad, pero solo la pública, la que iba exhibiéndose, y que se metía en la cárcel a los homosexuales que inducían a los jovencitos a practicar sexo con ellos a cambio de dinero, o sea, a los homosexuales pederastas. Hablo en general, claro.


Y si alguien habla de la mujer en el franquismo, sin duda debe hablar en primer lugar de la Sección Femenina. Conocí muy bien a muchas mujeres de la Sección Femenina; es más, si lo pienso bien fui educada por mujeres de la Sección Femenina. Casi por mi educación soy heredera de aquellas mujeres que desde el principio me inculcaron un claro sentimiento de independencia respecto de los hombres, de responsabilidad y de ser capaz de trabajar y buscarme la vida por mis propios medios.

En el ideario oficial está escrito que el papel de mujer debe de ser el de la amantísima esposa sumisa madre de los hijos de su esposo-amo. Pero la realidad era bien distinta, mucho. No hay más que mirar la estética de aquellas mujeres: enseguida encuentras algo de masculino en su porte, en su elegancia incluso. Muchas parecían responder a esa estética de mujer que tiene algo de "manía por los hombres", en realidad, parecían tener algo de lesbianas. No sé si lo eran exactamente, pero no me atrevería yo a negarlo poniendo la mano sobre el fuego, particularmente de alguna de mis "tutoras" y profesoras. En realidad y aunque parezca paradójico, creo que aquellas mujeres fueron las verdaderas precursoras de los derechos de la mujer en España (junto con alguna en la República) y de su función igualitaria en la sociedad, aunque nunca osaran creerse feministas.


La verdadera represión es la interna. Esa es la que causa estragos, la de los que quieren ser "normales", bien vistos, la de los que se niegan a sí mismos. Y eso no tiene nada que ver con el franquismo. Y si alguien tiene dudas todavía sobre la represión sexual en la España de entonces que la compare con nuestro entorno cultural, por ejemplo, el inglés. Que se acuerde de la triste muerte de uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, Alan Turing. Creo que su historia sería incomprensible en aquella España tan pretendidamente represora.

Por último me voy a permitir el gustazo de decir que me ponen enferma todas esas corrientes universitarias (que conozco de cerca) feminiostoides que han encontrado un excelente medio de ganar plazas en universidades si propagan fielmente la "Ideología del Nuevo Régimen" (me refiero a esa ideología vacía de contenidos con la que el Gobierno y sus apesebrados acompañantes son tan hábiles en transmitir).

Me he despachado a gusto, ¿eh?

Estas palabras dieron lugar a que Silvia comentase lo anterior en el sentido siguiente...: Aunque la conversación en la que tomaba parte, ha tomado otros derroteros (ahora estamos lanzándonos los trastos a la cabeza por ciertos historiadores y las faltas de ortografía), he aprendido mucho con las respuestas. Todo lo que cuentas es lo que me han contado mis padres, mis abuelos u otros amigos con los que había hablado del tema tiempo ha.

A veces tengo una sensación, que no sé si me sabré explicar, respecto a la gente de mi edad y "la liberación sexual".... La mayoría hemos vivido en nuestra adolescencia una sexualidad como la que hablas. Cambiábamos el guateque por las discotecas o bares (o por el botellón el que lo hiciera), pero era prácticamente igual. El "irse a lo oscuro" a magrearse.

Porque nosotros también teníamos miedo al embarazo y más tarde, al SIDA. Y eso de conseguir condones, al menos cuando yo era adolescente, no era tan sencillo. No porque no los vendieran, sino porque entre que no teníamos un duro y había que vencer ciertas vergüenzas. Si ahora entras a ciertas farmacias y cuando te oyen pedir una caja de preservativos se te quedan mirando (o te echan la charla como a mí, que fui a dar con una de las pocas farmacias de Madrid que no venden, por ideología, condones)

Pero nos encontramos que tenemos veintimuchos o treinta y pocos años, y quizás por cierta mentalidad infantil, vemos lo que hacen las generaciones que vienen detrás nuestro, nos obnubila y nos da cierta envidia. Nosotras con catorce años aún jugábamos con muñecas; ellas, follan. Y parece que se lo pasan bien y no tienen las historias que teníamos nosotros (mentira).

Pertenezco a la generación de los "amigos con derecho a roce" (ahora conocidos como follamigos) y sé que buscamos algo más que satisfacer una necesidad fisiológica, nos contemos la milonga que nos queramos contar a nosotros mismos. Porque esa necesidad, que sí existe, se resuelve masturbándose, no tirándose a todo lo que se menea o teniendo nuevas experiencias sexuales (que luego, llegada la hora de llevarlas a la realidad, nos arrugamos casi todos). En el fondo, aunque nos equivoquemos en los métodos, buscamos que el sexo sea algo más que un refrotón, dotarlo de la trascendencia que tiene.

Y bien. Creo que las palabras de estas mujeres merecen la pena y deben ser divulgadas, así que les he pedido permiso para publicarlas. Yo, un hombre sin conocimiento o práctica sexual alguna, babeante ante una farola con faldas y que no tuvo un psicosociologopedagogo en labores de apoyo de la motricidad sensitiva de su miembro viril.

¡Vaya sociedad de soplapollas!

1 comentario:

Anderea dijo...

Pensé que iba a leer testimonios personales mucho más íntimos.