Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

domingo, 5 de abril de 2009

Zaragoza y la Memoria

Zaragoza es la ciudad donde vivo, aunque no nací ni he vivido siempre en ella. No es bella, pues, aunque en el siglo XVII fue conocida como la Ciudad de los Palacios y alguno llegó a considerar que se asemejaba a Florencia por su riqueza monumental, los Sitios de Zaragoza se encargaron de arrasarla -información somera aquí y más extensa en esta página-; como no somos de los U.S.A. y Hollywood no es nuestro, se han conmemorado de esas maneras, que si llegamos a ser yankees nos forramos haciendo películas y saben de aquellos héroes hasta en El Álamo...; si, ese de la película, cacho mamón -y también mamona, que es bien propio-.

Aunque bien es verdad que por lo menos nos hemos acordado ... -poco, eso si, que la Historia no da votos a mamandurria alguno y conocer en profundidad cualquier asunto no es progresista, pues tiende el ilustrado a ser crítico y no oveja fiel, por lo que al final terminan entre todos empalándole el culo y helándole el alma- ..., acordado decía, de aquellas gentes que supieron luchar y dar su sangre por lo que creían suyo, lo mismo que quienes vivían ...-los hubiesen parido donde fuese, como hoy en día-... entonces en Gerona, que también le echaron un par, aunque, quizá, por aquello de que don Mariano Álvarez de Castro era granadino -nacido a'laico de la calle de san Antón- y no fue una gesta autonómica... -tampoco recuerdo ninguna, más allá de cierta especie de chantaje político-.. los altísimos y excelsos actuales mandamases de Cataluña no han considerado que merezca relevancia.

Y es que hay que distinguirse aunque sea jodiendo, que no hay mejor manera de echar un capote a los complejos, manías, problemas y prejuicios propios de cualquier memo, y aquí añado con fruicción mema, que gritar mucho, ir en manada, defender lo que ni se ha analizado en profundidad ni sometido a crítica ni se domina intelectualmente y perfumarse todas las mañanas con la meada del líder. ¡Ah!, que me se olvidaba: Atacar hasta la indecencia a todo lo cristiano..., que es algo tan perverso que hasta tiene la culpa de que el Paloma F.C. -el equipo de mi pueblo- no juegue la Champions... y no favorecer ni defender nunca lo del otro, aunque lo merezca y sea razonable. ¡Pero que hijos -e hijas, indudablemente- de la gran puta por parte de padre! (por parte de madre quedaría simpático).

Bien. Ahora que he dicho una miajica de lo que pienso y siento, volvamos a hablar de Zaragoza.. Esta ciudad, que a mí no me gusta desde el punto de vista arquitectónico, parece haber comprendido que la mejor defensa es atacar.

Y organizará en 2014 otra Expo, Floralia, además de irse preparando para intentar ser en 2016 Capital Europea de la Cultura ..., para lo que creo que le falta mucho, pues aunque es una ciudad grande, no es una gran ciudad.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

contentico has venido ,ya te veo ,y de muy buen humor ..

Una maruja en internet dijo...

A mí me das un alegrón, así tendré otra excusa para ir otra vez y a lo mejor tengo más suerte :).

Penélope dijo...

Ay, turulatico, no se me sulfure usted, que luego se pasa muy mal. Pero que digo!!, sulfurese, sulfurese, que usted no es de los que se pueden quedar callados, que antes reventar que disimular, si yo le entiendo. Somos de la misma onda.
Ay, si llega a estar usted en los Sitios Aquellos. Menudos palos hubiera repartido a diestro y siniestro.
No sé si nació en Zaragoza o no. Poco importa.
Tiene usted sangre bien brava en las venas.

alelo dijo...

Lo de la cultura no parece fácil. Aparte de las candidatas de Letonia, Suecia y Polonia, nuestro querido país presenta a Alcalá de Henares, Oviedo, Gijón, Avilés, Burgos, Cáceres, Córdoba, Cuenca, Málaga, Murcia, Pamplona, Segovia, San Sebastián, Santander, Tarragona y Zaragoza.

http://www.candidatecities.com/ Entra aquí y vota por tu favorita.

A ver si hay suerte...

Oshidori dijo...

Mi querido Turu, me va a permitir que sea un poco "ladino" y no entre en las cuestiones que usted plantea y yo comparto. Hablaré sólo un poquico de la ciudad, Zaragoza.
Esta Zaragoza de nuestros amores y nuestros pecados remolca el lastre de los Sitios, con la mitad de su población aniquilada y su estructura desmoronada. Mientras otras ciudades prosperaban, la nuestra se quedó atrás.
Ha vivido siempre de espaldas al río, por su situación estratégica, que encontraba en el Ebro la mejor defensa (recuerde que hasta hace poco, la división acorazada Brunete sólo podía cruzar el Ebro por el Puente de Santiago). Y además de vivir de espaldas al Ebro, se ha avergonzado de los otros dos ríos -Huerva y Gállego- que la atraviesan y los oculta como si fueran deslices de la naturaleza.
Urbanísticamente mantiene su estructura romana (cardus y decumenus perfectamente delineados) y su edificación es caótica.
Pese a todo, Zaragoza es una ciudad agradable, que todavía nos permite ir caminando a muchos sitios, lo que propicia toparse con muchos conocidos y "coger un capazo" (un rato de charla, para los que sean forasteros) en cualquier calle o esquina. Hasta hace poco nos conocíamos casi todos, aun siendo muchos.
Y Zaragoza ha tenido un poso de cultura, a pesar de los políticos de todos los signos que siempre la han querido averiar. Que usted o yo nos hayamos sentado en el mismo pupitre en el que se sentó Luis Buñuel muchos años antes, me resulta simpático. O imaginar a Ramón y Cajal estudiando junto al Hospital Ntra. Sra. de Gracia.
Ya, ya sé que estos sentimentalismos no justifican la designación de Zaragoza como Capital europea de la cultura. Pero, ¿qué quiere que le diga? A mi me haría ilusión.

Silvia dijo...

Yo con lo de la Capital Europea de la Cultura del 2016, tengo el corazón partío, que además de mi patria chica de adopción, se presentan unas cuántas ciudades que me gustan.
Y digo yo, con todas las que se presentan, ¿no se podría hacer una candidatura conjunta? Me imagino que las reglas no lo permitirán, pero sobre todo, en este país hacer algo juntos que no sea fastidiar al de al lado, es casi imposible.
Las imágenes del vídeo una delicia y espero volver pronto, que en la última visita se me quedaron muchas cosas pendientes.
Un abrazo

Kalia dijo...

Aunque ya parece un poco tarde para escribir un comentario tras una semana de haber sida escrita esta entrada (a veces las entradas a los blogs o sus comentarios están tan pegadas a la actualidad que enseguida parecen obsoletas), voy a contar aquí mi percepción, como zaragozana adoptiva, de cómo es esta ciudad en la que vivo bien a gusto desde hace bastante tiempo. Hagamos memoria.

Para bien o para mal Zaragoza es lo que es: una ciudad que tiene un tamaño adecuado, ni muy grande ni muy pequeña, ni muy provinciana ni muy cosmopolita, que no ha sabido beneficiarse de su antigüedad para obtener ingresos del turismo y que ahora parece querer apostar por el futuro. Su situación geográfica, en un cruce de caminos, fue lo que impulsó su fundación y también lo que le da más posibilidades ahora que el intercambio de personas y mercancías es cada día más frecuente.

En Zaragoza la vida es agradable, hay bullicio y alegría por las calles; todavía podemos pasear por ellas contemplando aquí y allá lo que va cambiando y lo que es como siempre. En los días de invierno frió bajo un sol que te despeja y en las noches del caluroso verano bajo las estrellas que se ven con claridad en un cielo normalmente despejado. Y aunque ya es una ciudad de cierto tamaño es muy agradable encontrarte con conocidos, aquí y allá. La gente habla alto, rápido y de modo bullicioso con frecuencia, lo cual puede chocar a alguno que venga de sitios más pausados, pero es un signo claro de vitalidad y confianza.

Los zaragozanos (los aragoneses en general) son gente sabia, tan sabia que suelen tender a ser humildes. El mundo rural está cercano y eso les proporciona esa fama de nobleza, de mirar de frente, que poseen, una fama que hace honor a la verdad (doy fe de ello). Y eso es bueno, aunque no es tan útil como quisieran muchos para enfrentarse con eficacia a los valores del progreso y la modernidad.

Pero lo mejor de Zaragoza, al menos a mi juicio, procede de esa sabiduría: sus gentes no son nada chovinistas, por lo que enseguida te encuentras aquí como en casa, seas de dónde seas. Aunque eso quizá también es lo peor, al menos para sus propios intereses económicos. Cesaraugusta, otras ciudades sólo con tan glorioso nombre ya hubieran fabricado un fructífero negocio para atraer viajeros y dinero, y sus habitantes se hubieran sentido hijos directos de los dioses a nada que los políticos hubiesen incidido un poco en ello. Pero no, los zaragozanos son críticos con lo suyo, hasta el punto de que en un partido de fútbol (hablo de oídas) si el Real Zaragoza juega mal, no es infrecuente oír abucheos o aplaudir a equipo visitante. Quizá por esta cualidad, curiosamente muchos de los personajes que se asocian con Zaragoza -con su valor y su defensa, o incluso con el sentimiento regionalista- no sean zaragozanos (al fin y al cabo Agustina de Aragón era catalana).

De tan poco que los zaragozanos han valorado lo suyo (si dejamos a un lado El Pilar y el río Ebro, que tiende a identificarse con la sangre que discurre por las venas de cada uno de los habitantes de esta tierra en el una suerte de flujo místico colectivo), han dejado que su ciudad no exhiba apenas sus rancias hechuras, y en su afán por adaptarse a las exigencias de la vida contemporánea, esta ciudad conserva menos de lo deseado los restos de una historia tan larga. Pero, seamos optimistas, eso le sirve para mirar con alegría las nuevas posibilidades cotidianas.

Zaragoza necesita ilusionarse, crear lazos entre sus habitantes, sentir que está orgullosa de sí misma. Quizá esto ha sido lo más importante de la Expo. Y está bien que tengamos una Expo de plantas y de flores. Y si somos la capital de la cultura, pues bien y si no, ¡qué más da! Lo que importa es que esta ciudad que no tiene mucha memoria de su historia, siga teniendo la cordialidad y el buen sentido de sus habitantes.