Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

martes, 1 de abril de 2008

¡Así necesito que me veas!

Espero no extenderme; que luego me dicen que soy canso. Y más que eso lo que ocurre es que mi cabeza ya no es lo que era. Hoy mismo, he ido a liquidar el I.V.A y he tenido que hacer varios viajes, pues cuando no me había olvidado el nombre dejaba la firma en blanco. En fin.
Aunque todo tiene su ventaja. Tanto paseo dicen que adelgaza; y, además, me permite observar a las gentes...

En un cruce de calles ha parado un coche; y digo parar porque no puedo calificar su maniobra de otro modo. Se ha detenido en el único espacio libre, sobre el paso de cebra y la acera del chaflán de un edificio. Con esa proverbial empatía que me caracteriza y que hace mi trato suave y delicado, he pensado: Un trabajador agobiado por sus obligaciones, que reclama la comprensión y el derecho ajeno ante la dureza de su vida y el poco tiempo que dispone, motivo por el que ignora y pisotea cualquier otro derecho y trabajo. Lo mismo que hacen con él otros como él. Todos jodidos...

A lo que iba. Ha abierto el maletero y he podido ver que este iba lleno de unas garrafas de plástico de unos cinco litros; las mismas que se desparramaban por los asientos del vehículo. Ha cogido varias y ha entrado en la peluquería de señoras que abre su puerta en aquel chaflán. ¡Vaya -me he dicho- un humilde repartidor!.

Pero como a uno le gustan, además de las mujeres y la buena mesa, los coches, no he tenido más remedio que echar una ojeada al vehículo... Un Bayerische Motoren Werke, serie 5, de la última gama, color marfil. Entonces me he fijado en el repartidor, un hombre de unos 30 años, vestido con un pantalón y jersey marrones corrientes, con una pinta física más corriente aún.

Y me he puesto a discurrir.. He recordado inmediatamente a las dos mujeres de mi quinta que merendaban ayer junto a mí en una cafetería..; hastiadas de todo y volcando su tristeza en sus sortijas y visones. Caras silenciosas, miradas opacas, cutis grises..
Y he pensado que quizá nuestro repartidor es un trasunto de lo mismo. Una persona que carece de sensación de su propia existencia y que anduvo a los veinte años por las calles hablando con sus amigos a voz en grito, de manera que el sonido le hiciese sentir que estaba vivo, ya que no encontraba en su interior algo que se lo dijese.
Y que hoy, unos años más tarde, ha utilizado todo lo que tiene o no tiene para comprarse un coche llamativo, que es el sueño de la mayoría de los machos humanos que no saben a que asirse vitalmente, pretendiendo que el resto de la humanidad les digamos convencidos: ¡Oh, si, existes; tu vida merece la pena; te admiro!.
Y saldrá exultante el sábado por la noche montado en su corcel, dispuesto a que le admiren castas y sabias doncellas...

9 comentarios:

currinche dijo...

Hola Turu, pue4s sí como siempre muy bonito y muy profundo lo tuyo,pero yo más prosaica que otra cosa te diré lo que creo yo.En la peluquería se habían quedado sin agua,por algún corte imprevisto y el pobre chico había ido corriendo con los bidones a intentar remediar el desaguisado.No te puedes imaginar lo jodido que puede llegar a ser quedarte con el tinte`puesto y sin poderte aclarar el pelo
Ya sabes que yo siempre tan positiva....

Oshidori dijo...

Hacer el reparto en un bemeuve (en Puebla de los Ángeles, beemedoblebé -para fregar a Mabana-) manda narices...
Pensando en positivo, como Currinche, quizá sea el hijo del peluquero echando una mano. Porque si pienso en negativo -como me sucede tantas veces- se me estremece la espina dorsal al comprobar cómo y cuánto se vive para la apariencia, en qué angostos refugios se guarecen las vanidades humanas.

Silvia dijo...

Yo estoy cansada de ver esos refugios de la vanidad y sobre todo, de ver que cada vez tienen más importancia que las cosas realmente importantes.
Y sobre esas doncella, castas puede haber alguna, pero muy sabias, si admiran a un hombre por su coche, no tienen que ser...

Kalia dijo...

Vanidad.
Vacua como todas las apariencias; triste como todo lo que se desvanece.
Humo.

Anónimo dijo...

Vaya, parece que hacer más viajes que un aguador para tramitar esos asuntos del IVA te han convertido en un agudísimo cronista . Al callejear, si se presta un poco de atención, uno puede darse cuenta de que no todos los que chiflan, son afiladores, que los hay que presumen de tacón y pisan con el contrafuerte.
No pensé yo que lo que antaño fuera humilde oficio de llevar tan preciado líquido vital hubiera mutado en ocupación… suficientemente próspera para sustituir el asno por los caballos de gran cilindrada y el cántaro por el bidón de plástico.
Dirás que soy una sentimental, pero dónde esté el botijo que se quite el bidón de plástico, de lo único que me alegro es que los sacrificados burritos ya no sean tratados como los del aguador: cargados de agua y muertos de sed.

Marian dijo...

Que...se me rompió el cántaro yendo a la fuente, de ahí lo del anonimato

SOMMER dijo...

Y digo yo, un beemeuve serie 5 pa repartir. Dios, dónde están los mileuristas?
Los tiempos cambian, culpa de Aznar.

Manolo dijo...

Pues pobre hombre, si se quiere gastar el dinero en un BMW o lo que sea ¿porqué no va a poder hacerlo?

¿No es eso lo que dice la política económica de los gobiernos occidentales?

¿Que sobre todo, lo importante es que no se deje de hacer gasto y pedir más créditos al consumo para que no haya desempleo?

(Aquí es donde pongo la arenga contra el capital internacional y eso)

Yo creo que el problema está en la aceptación del homo economicus como no sólo lo que es, sino también lo que debe ser.

Saludos

Cobre dijo...

AMÉN, Tururú!.
Horteras de ese tipo los hay por cientos, da igual lo q utilicen para reclamar atención, un coche, unas tetas, un bisón... lo importante es q sientan q les miran y q les admiran, o al menos q se lo crean...

Por cierto, majo, deberías cambiar de cafetería (mi madre, muy sabia ella, dice q lo todo lo malo se pega con mucha facilidad!, y más vale prevenir)

Besazos enormes con mucho mucho cariño, en los morros, faltaría más!