Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

sábado, 6 de junio de 2009

Libre soledad

Hace poco que he leído este artículo de Silvia y desde entonces he tenido ganas de escribir algo relacionado con lo que expone, aunque en una línea más general que la del comentario que hice. Y por lo que sea, que no lo se, he sentido la necesidad de hacerlo a través de un cuadro....

Der Mönch am Meer
Caspar David Friedrich
1810 - Óleo sobre lienzo - 110 x 171.5 cm.
Gemäldegalerie - Berlín - Alemania.

Pero esta vez voy a seguir un esquema diferente al que utilizo habitualmente. Si hacéis clic sobre el título de la obra que aparece bajo ella, podréis leer el comentario sobre el cuadro que existe en la página de la U.O.C.. Actuando igual sobre el nombre del autor, abriréis la página que le dedica la Wikipedia y haciendo lo mismo sobre el nombre de la pinacoteca, os llevará a su página, que se ofrece bien en alemán o en inglés. En principio y para lo que pretendo, suficiente. (La imagen se amplia siguiendo el mismo procedimiento)

Expone Umberto Eco -posiblemente el semiólogo vivo de mayor nivel- en "Apostillas a El nombre de la rosa" (Barcelona, Lumen, 1985) que “escribir es construir, a través del texto, el propio modelo de lector” (p. 54) y que “el autor no debería, en buena lid, facilitar interpretaciones de su obra, pues esta, por esencia, debe ser ante todo una máquina de generar interpretaciones” (p.10).
Esta es la razón por la que en este artículo, más que autor, me convierto en espectador del cuadro -lector en caso de un libro-, junto a quien quiera acompañarme. Y que mi interpretación, especialmente después de lo expuesto, no es más que una visión parcial, que debe digerirse junto a cualquier otra para desarrollar una idea mínimamente válida. (Por esto dejé de contestar a los comentarios a mis artículos; como ya expuse, mi texto y los comentarios constituyen un todo indivisible que cada uno debe recoger, sin que yo deba apuntillar nada a estos últimos)

Y ahora si; planteado esto, contemplemos el cuadro.... Cuando lo vi por primera vez en una clase de Pintura Romántica alemana me sobrecogió, mientras que, por el contrario, la representación de cementerios, riscos y castillos derruidos, suele causarme una sensación de puerilidad.

Para comprender una pintura de paisaje es necesario tener en cuenta a dos personajes: el espectador que la contempla y el artista que la crea, ya que no existe una estética en el paisaje hasta que el ser humano se la otorga, pues el artista es quien la identifica y la reproduce, y el espectador quien la interpreta.

En cuanto a la aparición en una obra paisajista de la figura humana, creo que la mejor explicación que podemos hallar se encuentra en la tradición China de paisajes "puros", donde la diminuta figura humana simplemente invita al observador a participar en la experiencia.

Así que comencemos por aproximarnos a la estética que crea el artista en el cuadro. Todos sus lienzos son deslumbrantes por muchas razones, tanto técnicas como sensoriales, pero en "El monje junto al mar", uno de los más apreciados, sorprendió la ruptura del concepto de la perspectiva que aplicaban sus contemporáneos; no la utiliza y da profundidad a la escena mediante una sucesión de planos fuertemente contrastados: una delgada franja de tierra elevada y clara, un mar de un negro profundo y un inmenso cielo nublado, donde sólo se atreven a aparecer tres gaviotas y que quiebra una luz cenital, de manera que aún resulta más inquietante que la mar batida por la marejada. La luz y el color configuran la atmósfera, cuya presencia inunda el lienzo....

Sigue pues un esquema que utiliza la horizontalidad para dar sensación de verticalidad, de profundidad. La imagen no posee un punto de vista sino que se elabora sobre una serie de horizontes visibles, en un espacio de perspectiva invertida, pues prima el fondo sobre el primer plano. Y fijaros en como aproximando la línea de tierra al borde inferior del cuadro y bajando el horizonte marino, de modo que tierra y mar ocupen poca superficie pictórica, obtiene una gran profundidad, pues siempre que una pintura esté cruzada por la línea del horizonte, cuanto más baja se represente esta más fondo se obtiene

La composición es extremadamente austera y sólo una minúscula figura, apenas perceptible, se opone sin gran éxito a su inmensa horizontalidad, introduciendo al espectador en la grandiosidad del paisaje. Algún experto ha sugerido que el monje podría ser una representación del mismo Friedrich, aunque en realidad la identificación de esa persona es irrelevante; podría ser cualquiera, un espectador que ante la inmensidad inabarcable de la naturaleza toma conciencia de su propia pequeñez, uno de nosotros... Friedrich sitúa al ser humano en un reducido lugar en el universo de sus telas y casi siempre de espaldas o en escorzo, de manera que no distinguimos sus rasgos.

Y ahora observemos con atención a ese espectador que contempla la obra. Leamos sus pensamientos... Así que ese hombrecillo podría ser yo... Y el paisaje trasluciría mis sentimientos... Cuando quiero vivir de verdad mi realidad abandono la compañía de los demás y solo conmigo mismo procuro cantarme mis verdades. No es fácil; intento desesperadamente encontrar cualquier disculpa que justifique mi comportamiento, mi manera de vivir.

No se que pinto en esta vida. Ahora, recién cumplidos los 61 años, comienzo a darme cuenta de algunas pocas "cosas" que he querido vivir y de cuales son mis cualidades; en cuanto a las primeras, la mayoría, ¡cómo no!, ya no serán posibles, pues pasó mi momento; nunca supe esperar y en lugar de coger el tren que me llevaría a mi destino, tomé el primero que pasaba.

Mis cualidades son indiferentes. He aprendido mucho y aun así me queda todo por saber. Pero no es eso. Vivo en una sociedad que prima la juventud, pues todo lo que pretende es exprimir a las personas devolviéndoles a cambio lo menos posible, ya que es fácil torear a quien carece de experiencia, suele confiar en sus fuerzas y le han formado en que lo que importa es tener solucionada materialmente la vida, cuanto antes y más, mejor.

¿Donde quedaron los ideales y los sueños que movieron a mi generación?. Estoy convencido de que se ha cometido un error descomunal: se ha puesto todo el esfuerzo en aumentar el nivel económico de las personas y se ha despreciado su formación. En términos de mi oficio, diría que se ha entregado un arma cargada y alimentada a un niño que juega con ella desconociendo la terrible realidad de sus consecuencias.

Me encuentro muy solo, aislado, como el hombrecillo del cuadro. Mi entorno no me ofrece abrigo ni asidero, como tampoco a él esa costa desnuda. Y frente a mí, la Masa; Masa y Mar..; se parecen. Siento que ambas son terribles, despiadadas. Uno de mis orígenes está en la mar, en el Cantábrico. Solo quien, como yo, haya vivido una galerna puede comprenderme. Inmerso en ella, como en la Vida, si te dejas llevar dejas de existir; así que solo cabe desplegar todas tus habilidades y aplicar todos tus recursos, junto con toda la entereza humana disponible, para salir con bien.

No valen esos falsos ánimos, preñados de debilidad, con los que suelen apoyarse las gentes; son ánimos que buscan consolar ocultando, ignorando o reduciendo la gravedad del problema, como si eso bastase para dar solución a nuestras cuitas y, por eso, se reducen en realidad a palabras y algo de compañía.

¡Qué idiotez!. Ante un problema, solo cabe resolverlo; ante una dificultad, solo cabe encontrar como superarla; ante uno mismo, solo cabe crecer día a día.. ¡Y hay que vivir con dignidad!. Y para eso es imprescindible un comportamiento ajustado a la Moral, pues no es válida cualquier respuesta o solución y crecer es aumentar nuestra calidad humana; e imprescindiblemente debemos basarnos en el conocimiento, pues solo este nos permitirá utilizar los medios y procedimientos que nos ayuden.

Por eso el Hombre necesita que le doten de conocimientos y le fortalezcan el espíritu, de forma que esté en condiciones de afrontar lo que le toque en suerte vivir. Vivir es crecer como persona, para lo que se requiere superar la serie de dificultades que la vida nos plantea. ¡Superarlas, enfrentarse a ellas, dejando en el empeño, si es preciso, alma, corazón y vida!. Así crecemos y maduramos; así y solo así, nos sentiremos felices, paladeando el inmenso placer de alcanzar la meta gracias a nuestro esfuerzo. Y si no llegamos...; será para bien, que decía mi abuela.

Pretender, como hacen algunos que dicen ayudarnos, ocultar la gravedad de las situaciones y mantenernos agazapados en espera de que pase el temporal, es capitidisminuir al Hombre. Empequeñecerlo y despreciarlo. Puede salir uno vivo de una galerna porque Dios lo quiso -y solo los que hemos visto la muerte cara a cara tenemos la certeza de que Él lo quiso. Aunque seamos agnósticos-, pero parece más humano y prudente luchar, esforzarse, para salir con bien.

¿Y cómo lucha el Hombre por su Vida?. Con dineros os aseguro que no. ¿O sóis tan simples que os creéis que es posible comprar a la Muerte o atraer a la Felicidad?. Los dineros ayudan a que no se presenten, o a resolver, determinados problemas que origina su carencia; pero ninguno más. El problema no es la falta de dinero en si, sino que hemos creado una sociedad y un estilo de vida en los que no tener dinero es ya un problema. Pero eso es otra historia...

En fin. El Hombre vive en tanto en cuanto se esfuerza y procura ser cada día más Hombre, una persona más solida. Y para ello utiliza su mente, su personalidad; voluntad y carácter. Y como nadie nace enseñado, todo es una cuestión de... ¿Instrucción, Educación, Enseñanza, Formación?; llamarlo como queráis, pero ahí reside todo el problema: En que valores criamos y hacemos crecer a las generaciones que nos siguen. Y la vileza más grande que puede cometer un individuo es manipular la formación de sus semejantes en su propio beneficio. Está destruyendo el futuro. Y formar a una persona es enseñarla a pensar con independencia, por si misma, de manera que pueda ser el protagonista de su vida y no una mera marioneta cuyos hilos manejan otros.

Comenzaré mi asalto a la costumbre y mentalidad que encuentro en la gente, declarando que estoy totalmente convencido de que mi esfuerzo es inútil. El resultado es el mismo que razonar con las paredes de un manicomio..: vano esfuerzo enloquecido.

¿Por qué?. Creo que cualquier ser humano nace sabiendo mamar, berrear, dormir, agitarse y cagar; ¿hablo claro, no?. A las 24 horas de ser parido, el Código Civil español le considera persona, lo que hay que entender en el sentido de la acepción 6ª del diccionario de la R.A.E., lo que recomiendo hacer antes de que aparezca en nuestra cara la sonrisa propia de un imbécil babeante, efecto natural en todo aquel que sitúa la convicción propia por encima de toda razón y conocimiento.

Nacemos, a veces, entre mierda -que no será la primera ni la última la próxima mujer que, con los esfuerzos del parto, defeque- y morimos igual, pues la costumbre es dejar de funcionar y se relajan los esfínteres. ¿Pero que es lo que existe entretanto?. Pienso que la respuesta a esta pregunta depende del desarrollo de aquello que más nos caracteriza, la mente, de modo que en tanto en cuanto esta tenga tales o cuales matices y características el individuo será distinto.

Centrémonos pues en nuestra mente.. Hace muchos años, un compañero me dijo algo que tengo siempre presente.... "Cuando alguien tiene muchas ideas variadas es posible razonar con él y convencerle de algo contrario a lo que piensa dándole argumentos suficientes; pero si una sola idea preside su cabeza, se aferrará a ella con fiereza, ya que perderla es tanto como quedarse vacío y eso le horroriza. Así son los fanáticos.".

Ideas, pensar, filosofar... Eso es lo que nos humaniza. Un loro pronuncia palabras, hay animales que parecen sonreír y algunos tienen más bondad en la mirada, y fidelidad en su comportamiento, que más de una persona. Pero para bien y para mal, solo piensa el Hombre.

El Hombre... Una Masa no piensa. Solo el individuo. El pensamiento, con sus inimaginables matices y variables, es privativo de cada uno de nosotros y su ejercicio es una acción de carácter personalísimo -como testar o morirse-, ya que nadie puede hacerlo en nuestro lugar.

Por eso me horrorizan, me repugnan, todas esa manadas humanas que vociferan sus consignas en apoyo de un fin determinado, tanto para ellos como para los ajenos a su idea, basándose no en el diálogo, el acuerdo y el análisis razonablemente ponderado del caso concreto, sino en sus deseos, complejos, miedos, ambiciones, frustraciones y prejuicios, únicas causas que en realidad les agrupan.

Pensar.. Confrontar el contenido de nuestra mente con lo que no reside en ella.. Contemplar algo intelectualmente con detenimiento y atención, analizarlo luego, extraer conclusiones, inducir principios después, para alcanzar un resultado, una idea, un concepto..., que desde entonces tiene que guiar nuestro comportamiento. E ir así entendiéndonos y creciendo como personas, pues aquella confrontación no deja de ser una dura pugna con nosotros mismos, en la que debemos superar nuestros miedos para llegar a ser. Ese es el auténtico camino iniciático del Hombre y como tal, solo es posible hacerlo y vivirlo en soledad, en intimidad.

Así que fijaros en todo lo que da de si contemplar un cuadro. Abre la mente ..... Incluso, alguno podría pensar que esa luz que rompe las nubes es la Esperanza. A pesar de todo.

6 comentarios:

Silvia dijo...

Me he quedado un buen rato contemplando el cuadro antes de seguir leyendo, esperando a que avivara mi imaginación y me contara algo.
Cerré los ojos, imaginando sonidos y olores que acompañan la subida a ese altozano. Llegar hasta el monje, al que "veo" rezando, en un diálogo mudo con Dios y permanecer en silencio, para no molestar. Ni a él, ni al entorno.
Aislándome mientras observo el mar. Me invita a sumergirme en él para olvidarme un poco de todo, y diluirme. Y al mismo tiempo, me sobrecoge y me lleva a intentar luchar contra las olas, en un vano intento de domarlas. Que soberbia, ¿verdad?
Después he leído el texto. Despacio, saboreando tus palabras, tu distinta percepción del cuadro (o no tan distinta).
Gracias.

Kalia dijo...

Si fuera posible pintar la metafísica se parecería a los colores y las disposiciones de este cuadro. La infinitud, la discontinuidad, la forma recortada ante un vacío inescrutable. La pregunta, de nuevo la pregunta: el ser, la nada, la soledad, el mundo. Invierno desconsolado en primavera umbría, o algo parecido, decía hace no tanto, cuando solo un soterrado susurro apagado por el miedo me hablaba, allá dentro, detrás de mi sonrisa acostumbrada. Ahora el grito, como el de Munch, que no sé por qué me trae al recuerdo este cuadro, se ahoga en mi garganta. Y a ratos no puedo ya hablar, ni tengo palabras para escribir, ni ojos para mirar.
Es difícil la dialéctica humana, el enfrentamiento con lo desconocido, es difícil asumir esa inmensidad gris a la vez que nos ponemos del lado de la vida.
Pero hoy por lo menos he dado ya un paso. Creo que ayer empecé a levantar el pie. No sé cómo el sentimiento puede acompasarse con la solidez. Las alas caídas deben ser empujadas por los ángeles, por el soplo de aire de quienes me acompañan.

alelo dijo...

Aunque abriera la mente, sería incapaz de ver lo que tú entiendes. Gracias por enseñarnos a ver el arte.

Un abrazo.

unamaruja dijo...

Es un placer inmenso leerte, aquí la obra de arte son tus palabras. Un abrazo caballero :).

Marian dijo...

Libre soledad.
Libre… soledad.
Le he dado muchas vueltas al epíteto… no sé muy bien dónde exactamente me duele esa comunión. Pero a fin de cuentas nuestra humana relación con las ideas también es una cuestión de “fe”- no en el sentido cristiano sino autobiográfico. La soledad inquebrantable se afinca en nosotros mientras custodia esos abismos donde todo parece a punto de desvanecerse. Ni el camino que se elige ni el que no se elige: el camino que no se elige ni se impone sino que cae sobre uno como una tormenta. Porque el camino está arriba, no abajo. Abajo está la sombra del camino. Andamos por la sombra del camino y de todas las cosas… Y así llegaremos al final, reales a medias, como ese eremita cósmico expulsado de la vida en mitad de la nada con la ceguera abierta a sus espaldas en busca de visiones reservadas para volver a despertar.

Anónimo dijo...

Sigo pensando ....