Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

jueves, 20 de septiembre de 2012

Gentleman Jack, boy

Nighthawks 
Edward Hopper
1942 - Óleo sobre lienzo - 72,2 x 144 cm.
Instituto de Arte de Chicago - USA

¿Qué hago aquí, qué hago aquí..? Que importa....; da lo mismo. ¿Qué sitio mejor que un diner que flota a la deriva en la noche? La noche no habla; es en si misma silencio. Quienes la habitamos somos solitarios que nadamos en la madrugada rumiando miserias y caminando sobre el vacío; quienes tienen algo a que aferrarse quieren verlo y viven al sol. No tengo nada... Nada; ese es mi universo. Como esos dos...; ¡vaya jetas!, parecen buitres esperando devorar sus propios cadáveres. ¿Y ese?; lleva tanto tiempo tras la barra que si le dejan salir no sabría como vivir. Ha anidado ahí y tras ella otea a sus presas. Este es mi equipo: tres personajes vacíos.

Me atrajo el neón. Será porque hace poco que funciona. Su luz nos atrae como a las moscas; apenas prestamos atención a otra cosa. Tal resplandor en la obscuridad funciona como un imán de cuya fuerza nadie puede escapar; fuera reina lo tenebroso, que se retrae por la falta de claridad. La forma del local asemeja el cuerpo de un halcón con las alas recogidas, que se lanza despiadado hacia su presa, el corazón de cualquier perdido como yo; se proyecta en diagonal desde la puerta, como las líneas de la barra, hasta esa esquina redondeada, cual pico que vuela en busca de carne que desgarrar, dinamismo en estado puro, mientras que el interior actúa como jaula de zoológico dispuesta a atrapar tras sus rejas cristalinas a quienes transiten a su alcance.

Hace unos momentos giré la cabeza hacia la esquina.. Aquí todo es claro, fuera oscuro, vacío. La ciudad es hembra solitaria; nadie pasea en sus aceras, el tendero recogió el escaparate, y ni siquiera sé si hay alguien en el interior de esas casas de ventanas que gritan ausencia, cual cuencas de calavera. Claro y oscuro; ambos se apoyan y contrastan mutuamente lo que cada uno significa. Solo contemplando la luz sentimos el temor que produce su ausencia y únicamente perdidos en la negrura comprendemos la Luz. Tenemos tan poco brillo que necesitamos que nos deslumbre el neón. Brillo vital..; lo perdí hace tanto tiempo que ya no recuerdo cuando y como me abandonó. Por eso me sumerjo en este ambiente artificial,  pura claridad, que se derrama sobre la acera como una muralla que me defiende de la negrura de la noche y de la falta de vida del entorno callejero.

Cuando se bucea en la intimidad de un solitario se descubre que bastan cuatro pinceladas para describirme; todo lo que hay son líneas puras, colores planos, formas geométricas, luces intensas y sombras profundas. Sencillez y quietud; si, todo es estático, excepción hecha del pensamiento, de los sentimientos...¡Pienso, pienso sin saber bien qué!. Esta maldita jaula solitaria se diseñó para pensar; y para olvidar... O más bien para creer que se puede olvidar. ¡Qué engaño!; cuando caes en su trampa descubres que nada se olvida y te ahogas en tus propios sentires. Aquí estamos gente del oficio, profesionales del recuerdo y la frustración, a quienes acompaña el caballero de Tennessee de 80º.

Un día quisimos ser Knickerbocker's.. No es sencillo; es fácil entrar en la ciudad, pero no tanto que la ciudad entre en ti y te transforme. América es distinta; nunca tuvo reyes o tipos así que la dirigiesen. Te obliga a enfrentarte a ti mismo en lugar de girar desesperadamente la mirada en busca de quien pueda resolver tu problema. Y muchos no son capaces de superar la prueba, cruel combate contra la propia desconfianza y temores.

América es joven. Un gran pintor hablaría sobre ella en sus cuadros de una manera sencilla, con un estilo puro; no como esas imágenes llenas de matices, enormemente complejas en su composición que nos han contado la historia de pueblos viejos. Aquí la composición es extraordinariamente equilibrada: espacio de luz, espacio de sombra; punta de flecha, muro de calle y edificios que la contiene; personajes esenciales y nadie más; escenario central que atrae la mirada, entorno que lo envuelve en penumbra.. Y el vacío; o la soledad, que para el caso es lo mismo y hay genios que saben pintarlo.

¡Qué cosas!. Dejo vagar la mente y me pongo a filosofar. Quizá porque quise ser ....

7 comentarios:

Silvia dijo...

Muchas gracias, noctámbulo.
Por contarnos tan bien y permitirnos observar.

Begoña (Kalia) dijo...

Halcones de la noche que sobrevuelan desde arriba, sin atreverse a tocar tierra. Es como un fotograma de una película americana de aquella época. Sombras humanas. Beben y fuman, deseando que los límites de la realidad comiencen a desvanecerse pronto, entre el humo y los vapores del whisky. Prefieren el mundo de los sueños y las añoranzas, al mundo en el que habitan los seres humanos. Las demás personas solo les interesan en tanto que pueden obtener algún beneficio de su trato. Les importa todo muy poco. Con cada bocanada y en cada trago van exhalando el fracaso de la existencia. Devorados por la ciudad, impersonales, vacíos, un día fueron jóvenes llenos de ilusión y de esperanza.

Pero no son todos iguales. La mujer, que tiene un esbozo de rostro identificable, todavía puede salvarse y cobrar vida. Puede que solo necesite un beso enamorado. El rojo del vestido destaca como un farolillo sobre los tonos ocres, verdes, azules y negros del resto del cuadro. El cabello rojizo contribuye a darle una presencia carnal, que contrasta con la negrura de los varones que esconden sus caras bajo el sombrero y con la geometría rectilínea de los edificios de enfrente. Sus brazos desnudos apoyados sobre la barra en un gesto , muestran que está viva, aunque su vida discurra en la noche. Es una imagen cálida, la única imagen cálida de ese escaparate que ilumina desde dentro la calle solitaria, llena de sombras. Pero el hombre rectilíneo que le acompaña no la mira. No se miran, porque cada uno está inmerso en sus pensamientos solitarios. Incomunicación. Son colegas; no son amantes. Ambos buscan algo, en la noche. Puede que solamente compañía. Pero no su compañía.

Porque el hombre del sombrero que la acompaña parece un hombre de negocios, más o menos bien vestido según los usos de la época. Algo va tramando, porque su imagen es la más fría, la más impersonal. ¡Y eso que expone sus dos manos sobre el mostrador, como queriendo decir que no guarda ninguna carta bajo la manga! La mujer trabaja para él. De algún modo, esa mujer de rojo trabaja para el hombre rectilíneo del sombrero gris que la acompaña. Juego, apuestas...Ella podría muy bien ser una crupier de un casino de allí cerca y él el gerente, más que el propietario.

El tercero, el hombre que está de espaldas y que nos está contando la historia del cuadro, los observa con disimulo. De hecho siempre está observando lo que le rodea, por placer y puede que también por oficio. Tal vez se trate de un escritor amante de la noche, o de un policía que ha terminado su servicio, o, mejor, un viajante de zapatos que sueña con dejar de serlo. Le gusta la mujer del cabello rojo. " Debe de ser apasionada, piensa. "Está sola, pero se le nota que ha amado". "Puede que...". Él no es de ese barrio. Desde hace mucho, mucho tiempo se siente solo, desde aqué día que...Ha estado deambulado largamente por las calles abandonadas de la ciudad. Ha recalado en el bar de esa esquina atraído por las luces de neón y porque ha visto algunas personas dentro. Pero ahora se da cuenta de que los otros clientes del bar, el hombre y la mujer, no son humanos, son solo maniquís que alguien ha puesto allí para componer un paisaje. No tienen alma. Están rígidos.

Solo el camarero, con su imagen blanca es una figura con movimiento. Mira con la cabeza ladeada a la pareja muda, como si les estuviera contando algo. Puede que les esté hablando de baseball y de cómo ha sido el último partido del Phillies, por hablar de algo. Pero él no es uno de los tres personajes del cuadro; al contrario, él parece un ser vivo.

(sigue)

Begoña (Kalia) dijo...

(continuación)

Lo curioso es que el cuadro no deja de ser una imagen costumbrista, un icono de una época y de un país que nos resulta tan familiar a todos. Pero, si pensamos un poco más, nos resulta familiar solo en la distancia: la novela negra, las películas americanas de la época, muchos reportajes. Símbolo de la soledad acompañada, símbolo de un mundo deshumanizado, duro y frío. Y tiene algo de atractivo romántico, como todo arte que refleja la condición humana cuando está atrapada por el sufrimiento

Aunque estemos en crisis y aunque la soledad sea parecida en todas partes, creo que en España, afortunadamente, estamos lejos delAmarican way of life, por mucho que nos quieran vender la moto. Aquí seguimos emborrachándonos en compañía, cantamos y montamos alboroto. Y nos metemos en la vida de los demás a nada que los veamos tristes, incluso sin que nos den mucha vela. Y que dure...

Turulato dijo...

Dije hace ya tiempo que dejaba de contestar a los comentarios, pero nunca los ignoro. El artículo no son solo mis palabras sino que forman un conjunto coherente con las de los comentaristas. Y este conjunto es lo importante porque muestra la convivencia de las ideas y de los sentimientos.

Y las palabras de Begoña (Kalia) lo demuestran. Hopper siempre dijo que no pintaba soledades sino que se limitaba a describir con sencillez la vida de la Ordinary People

Anónimo dijo...

Apabullada por la imaginación que transita por aquí !!

Gala dijo...

All of us are Ordinary People. We love, we laugh, we cry, we live, we die. But, sometimes, a miracle happens unexpectedly: two persons meet, perhaps in a bar at night, perhaps in
another usual place in the morning. They look at each other. And their souls will remain linked forever. After that any of them will be ordinay people....

managram dijo...

Juan Pardo cantaba:

Bar de carretera, seis de la mañana, sólo tres clientes , cuatro el dueño, cinco yo.
Bebimos en silencio, como beben los cansados, y cosas de la noche..
comenzó a sonar mi voz.

Seguro que sabes cómo sigue.

a mí la imagen me traslada a este relato.