Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

viernes, 16 de diciembre de 2011

El Mirador

Un niño, ocho grandes ventanales, cuatro calles, una plaza. Llueve. Al fondo, la mar, horizonte en gris. Cierra despacio, con suavidad, un libro. Y sueña; tanto que su vida serán sueños incumplidos. Sueña descubrir lo que no conoce, sueña sobre las páginas de un atlas el color de tierras extrañas, sueña ser piloto de una goleta ganando barlovento.

Cuando en fiestas montan los caballitos, sueña con subirse al de capa gris y crin blanca. Cuando ve que queda libre, salta del sillón de mimbre, vuela sobre el tramo de escaleras y es feliz sobre el lomo de Ceniza. El tiovivo gira, suena la música, las gentes se deslizan, el niño alza el vuelo y desciende suavemente, una y otra vuelta...

Un día cualquiera, charcos y katiuskas, huele el aire a hierba fresca recién segada y llega cálido el aroma del pan tierno. El cielo está gris, manta húmeda sobre el cuerpo verde de su tierra. El niño grande sueña; tanto que cree que ella es un sueño. Camina hacia la plaza. La contempla, la recorre, mientras ella le prende en el vuelo de su falda cuando bailan sus caderas.

Y él percibe con nitidez que el sueño de su vida es enamorarse.

4 comentarios:

Anderea dijo...

;) ja, ja, ja... Es muy bonito, Tu (rulato). Me gusta, casi puedo ver el movimineto, los vuelos, cómo el protagonista vuela prendido a la falda de ella... un cuadro de Chagall. Es una historia tan bonita, tan alegre...

¡Gracias! Gracias por compartirla.

Anda que has elegido un nombre... un nombreeeee... ¡Vaya nombrecito! No me sale llamarte Turulato. Y menos cuando quiero comentar una entrada tan entrañable. En fin, tú lo has elegido y habrá sido por algo. Bien elegido está, pero... a mí no me sale llamarte así.

Turulato dijo...

Anderea.. No es posible ser niño, cuando se es tan grande de cuerpo, dejar que los sueños te lleven en volandas y sentir con claridad que la única meta es enamorarse, sin quedarse Turulato.

No soy importante y nada tengo que lo sea. Agoto mis días sabiéndome un poco más a cada rato. Y de nuevo, eso me deja Turulato, pues es difícil ser más torpe, equivocarse tanto y seguir vivo.

Y que me lean personas que, como tú, crean belleza, me vuelve a dejar Turulato. Escribo cuando sale, lo que sale. Desahogo puro, fuente a veces dolorosa como el agua helada y en otras ocasiones manantial que abrasa.

Turulato soy yo, ahora, y no el hombre que camina y pasa. Turulato no entiende casi nada y así está, triste a ratos. Turulato ama la Esperanza y no la encuentra.

En fin. Turulato, sorprendido, se esconde. Que no es más que un niño grandón, haga y diga lo que sea.

Kalia dijo...

"Los niños no entienden de estrategias, de matices, de medias tintas; los niños lo quieren todo o lo dejan todo. Están muy vivos por eso y captan mucho mejor el entorno de lo que los mayores creen". Escuchaba asintiendo, sin decir nada, mientras atendía con curiosidad a la sensación de que esas palabras estaban saliendo de mis propios labios.

Un niño -continuaba pensando luego- es un ser que siempre está dispuesto a sorprenderse, a quedarse con la boca abierta. Un niño cree que el mundo es mágico; por eso un niño aspira a coger la luna con la mano. Y cuando se va a dormir quiere conocer como se llama cada una de la Estrellas. Un niño -o una niña, me da igual- está todavía muy cerca del Mundo Verde de donde procede y sabe recordar todo lo que allí contempló y vivió no hace tanto.

Tristemente, con el tiempo el niño suele ir olvidando todas las Verdades que conocía y se va convirtiendo en un adulto "cabal", que solo se preocupa de "cosas importantes", en un ser "de carne y hueso" que se va convenciendo de que hay que vivir conforme a "la realidad", conforme a los rituales de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Sin darse cuenta va alejándose de la verdadera Realidad a la que pertenecía y se convierte en un hombre o en una mujer que se visten de gris, que ya no se preguntan apenas nada, que ya no tienen nada que re-descubrir.

Hay, sin embargo, algunos seres extraños que siguen conservando la capacidad de quedarse boquiabiertos, que reconocen la Belleza, que ansían estar dentro del territorio del Amor. Son los locos, los poetas, los soñadores, los que no se conforman con una existencia tenue, gris y evanescente. Solitarios muchas veces, tienen el privilegio sin embargo de intuir algún asomo de Verdad de vez en cuando, y por eso se especializan en mantener bien vivo el mundo de los sueños, de sentir dentro de sí al niño aquél. Se sienten tristes cuando miran a los que le rodean, pues saben que nunca les van a comprender. Pero tienen que darse cuenta de que las hadas y los duendes proceden del territorio de la Luna...

Anderea dijo...

Un beso a ese niño grandón.

Y un abrazo entrañable para ti.

Que sean unas navidades llenas de esperanza para ti y tu familia.