Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

sábado, 5 de febrero de 2011

La nana y el sable

La iglesia es pequeña, de planta de cruz griega. La viuda y sus dos hijos se sientan en el banco que está delante de mí; aquella, rota entre los brazos de estos, ella y él, próximos a los cuarenta. A la derecha, también en el primer banco, los dos nietos; el mayor no supera los diez años y sostiene entre sus manos el sable de su abuelo, oro viejo y plata de luna llena. Juegan despacio..

La hija deposita ante el altar, en el suelo, una caja. Silenciosos compañeros recuerdan 45 años sin retorno. Misa, palabras de siempre; algún día brotaron del corazón. Termina, nos levantamos dispuestos a salir, el cura recoge los trastos; la viuda y sus hijos permanecen sentados.

Y en ese instante, sin moverse, la hija comienza a cantar una nana............. El cuerpo menudo de su madre vibra, su hermano apoya la cabeza en el hombro de esta y alarga su brazo, para rozar apenas a su hermana. La nana se alza suavemente, mientras la iglesia se detiene en el tiempo. A capella, se desliza desde el corazón la voz del amor.....

Silencio. Absoluto. No respiro. Y el nieto mira a su madre, que calló ya ante su padre dormido; miradas, solo eso. Y el niño, pantalón y jersey, se levanta y se acerca a la pequeña caja de madera que está en el suelo y deposita junto a ella el sable de oro viejo y plata de luna llena.

Y aquí estoy yo esta noche, abierto y aprendiendo a llorar

6 comentarios:

Kalia dijo...

Una sola palabra. AMOR

Silvia dijo...

Gracias por hacer que estemos en esa iglesia, escuchando la nana de esa escena de amor y compartiendo tus lágrimas.
Un abrazo

Marian dijo...

Lágrimas que huelen a rocío...Silencio.

Anderea dijo...

Un abrazo, tu nombre. Un abrazo.

MalditosTacones dijo...

Cuanta belleza.

Anónimo dijo...

Precioso y emocionante !!