Giorgione (1477 circa - 1510)
Gallerie dell'Accademia di Venezia
Realizado entre 1508 y 1510 - Óleo sobre lienzo, 68 x 59 cms.
Los retratos de Giorgione se caracterizan por su intenso naturalismo, siendo "El retrato de una vieja" un ejemplo elocuente. La mujer, que está retratada en formato de busto, se encuentra situada y resguardada tras lo que parece un pequeño muro, resaltando sobre el fondo oscuro y mostrando un cutis enrojecido, un pelo canoso y un rostro avejentado. Sostiene en su mano derecha una tira de pergamino donde puede leerse "c(on) (i)l Tempo”. Así, para describir la decadencia física de la anciana, el artista confiere a la pintura "un intimo valore di pura moralità".
Giorgione va más allá de la simple imagen, centrándose en el carácter de la mujer. Sigue así la recomendación de Leonardo, que instó a representar el lado menos agradable de la naturaleza. Esta suposición se apoya en el encuentro entre ambos artistas durante el segundo viaje a Italia de Durero. Por otra parte, tanto el tema de la ancianidad como el del transcurso del tiempo podrían basarse en "La avaricia", conocida también como "Anciana con monedero", de Alberto Durero (Kunsthistorisches Museum, Viena), obra algo anterior, de 1507, y que fue titulada así por el escaso estipendio recibido por el retrato de un joven realizado al otro lado de la tabla sobre la que están pintados ambos.

Durante el "Cinquecento" se especuló sobre si el "Ritratto di vecchia" sería el "Retrato de la madre, de Tiziano, pintado imitando el estilo de Giorgione", citado en el inventario de la "Colección Manfrin", criterio que se mantuvo tras la restauración de 1949.
Más recientemente se interpretó, a la vista de la leyenda que figura en el pergamino, que la obra podría ser una alegoría sobre la vanidad, mostrando los devastadores efectos del paso del tiempo sobre el cuerpo, por muchos artificios que se empleen para evitarlo. Esta interpretación es coherente con la propuesta del famoso crítico de arte Bernard Berenson, según la cual la anciana guarda cierto parecido con los jóvenes de "La tempestad ", de modo que a la luz de este dictamen, la tarea de la "vieja" sería recordar a los jóvenes el efímero valor de la belleza.
El cuadro llegó a la Galería de la Academia en 1856, procedente de la colección Manfrin. El "Ritratto di vecchia" está recogido, junto a "La tempestad", en el inventario de 1528 de la "Collezione Vendramin", con el título de "Testa di donna vecchia con un velo in torno al capo". En el inventario de 1565, realizado por Luca Vendramin durante el fracasado proceso de venta de la colección familiar a Alberto V de Baviera, la obra se relaciona bajo el título de "Retrato de la madre de Giorgione por la mano del dios Giorgione". (Fuente: Sauvage)
Bien. Hasta aquí, una brevísima ambientación a la obra; algo así como un calentamiento gimnástico previo a una competición. Por que lo que busco, de nuevo, es sacar a la luz una charla maravillosa que mis amigas Kalia y Silvia han mantenido en Caralibro.
Inicié la charla preguntando..: ¿Retrato espléndido de una mujer de edad o alegoría de la vanidad?. ¿Qué opinan?. A lo que Silvia contestó: ¿Y por qué no ambos?; con el tiempo, la belleza que causaba vanidad se agosta y se convierte en esa mujer. Me atrapan sus ojos. No pude reprimirme y puntualicé: A mí, su palabra inacabada.
Kalia entró al trapo..: "Tempus fugit". La belleza se ha escapado de esta mujer; el paso del tiempo es implacable. Pero sus ojos de mirada huidiza, su boca desdentada, su pelo ralo... me hablan más de fragilidad, de humildad, que de vanidad vencida por el tiempo. Sus ropas son más de criada que de gran dama. Una mujer anciana que ha sido vanidosa por el éxito de su belleza tiene otro aspecto; un gesto de envidia, algo de maldad (lo que seguimos llamando "una bruja"). Pero aquí hay ternura. Hay belleza. El retrato es magnífico, pero estará en las antologías de lo feo en el arte. ¿Lo feo es bello?.
A lo que Silvia replicó..: ¿Y por qué no una criada de gran belleza que gozó del favor de sus señores?. Y, ahora que ya no es bella, esos gestos amables hacia ella desaparecieron. Yo sí creo que lo feo puede ser bello, aunque no siempre. Supongo que dependerá de las sensaciones que despierte en cada persona que lo contemple.
Kalia, pensativa, siguió al poco..: Me gusta la apreciación de Silvia. He leído por ahí que algunos creen que pudiera ser el retrato de su madre. Lo que más me choca es que esta pintura, como otras que se atribuyen a Giorgione, parece pertenecer a otra época mucho más avanzada. Más de Tiziano. Nunca diría que es un cuadro del Renacimiento, como enseguida se aprecia, por ejemplo, en "La Tempestad".
Gozaba leyendo, tanto por lo sensible de las opiniones como por el valor tranquilo de ambas al exponer lo que sentían, sin pararse en alicortos comportamientos, pero no pude más e intervine: ¡Si yo consiguiese en el blog que me comentasen como vosotras dos lo habéis hecho!. Eso, mis lindas damas, es vivir el Arte; abrirnos a lo que nos dice, acertemos o no.
Todo lo que decís es cierto, pues todo es posible. Y más en este artesano misterioso, que pasa a ser artista. Posiblemente es el primer paisajista y la confusión de su obra con la de Tiziano pudiera deberse tanto a que ambos trabajaron en sus inicios en el taller de Giovanni Bellini, como al que al abandonar este Tiziano se incorpora al que abre Giorgione. Su influencia es tal que no solo terminó afectando al propio Giambellino sino que es dificilísimo en ocasiones distinguir su obra de la de Tiziano y, como guinda, pintó ese enigma supremo: "La Tempestad".
Kalia escribió, dirigiéndose a Silvia: Muy observadora Silvia. Ya me había fijado en la incongruencia que tiene la mano de joven con la que sostiene el rollo. Curioso todo lo que se puede sacar cuando se comparte visiones. Respondí inmediatamente: "Cuando se comparte..", se obtiene riqueza.
Silvia, en ese momento, me picó: ¿Y tú no te quieres hacer rico compartiendo más?. Venga, que Giorgione te gusta... La respondí con una idea que considero esencial y que repetiría por mi gusto en cuanto escrito y conversación sobre Arte participase..: Silvia, un cuadro es una conversación muda, con la que su autor quiere charlar con nosotros y decirnos algo. Hay dos tipos de gente que desdeñan la oferta: uno, como el que escribe las fichas en la web del Museo del Prado, que se detiene exclusivamente en los detalles, como cuando se pintó, donde se conserva o quien es el retratado, y otro el que se pierde en la técnica pictórica, sin ir más allá. Ambos desdeñan la conversación porque priman exponer su erudición y les importa un rábano el sentimiento del artista, núcleo de sus palabras y objetivo de lo que quiere transmitirnos.
Vosotras habéis conversado con Giorgione. Ha sido delicioso. Pretender añadir algo sería rallar un cuadro vivo. Además, Giorgione es un aumentativo en italiano y se lo ganó a pulso entre las mujeres, a las que adoraba; así que sobra lo que piense un hombre, yo mismo.
Y Kalia puso el punto final con simpatía..: ¡Vividorcillo que era el mozuelo!. Se le nota en sus retratos de mujeres...
Hace ya unos días que publiqué el artículo. Es sábado; llueve y anochece.. Buen momento para sosegar el alma contemplando un cuadro...
De entrada, contemplando la obra de Giorgione, reparo en dos detalles: por un lado, ese pequeño muro tras el que el pintor sitúa a la mujer en la composición y por otro, el fondo marrón de oscura tonalidad; mediante el primero obtiene cuatro planos consecutivos que proporcionan profundidad al cuadro: el correspondiente al espacio en que se halla el espectador, el del propio muro, aquel donde se encuentra la mujer y el del fondo, que bien pudiera ser una pared. Y gracias a la tonalidad aumenta al máximo el efecto de la luz, volcada sobre la mujer, de modo que toda la atención queda centrada en ella.
Luego, algunas cosas más. La ropa está muy limpia y, aunque el vestido es sencillo, no está deteriorado. La mano que sostiene la cartela es fuerte, casi masculina, y su dedo índice señala inequívocamente al corazón. La boca muestra la dentadura y excepto un diente desproporcionado, no parece que hubiese perdido piezas. El pelo está descuidado, pues aunque está recogido por la cofia se escapa sin dificultad.
La mujer está en reposo, sentada y mientras nos mira "siento" que está charlando con nosotros, los que contemplamos el cuadro. Giorgione ha detenido el tiempo y capta un instante, un suspiro..; aquel en que ella, ante nuestra pregunta, levanta el brazo, se señala a si misma y exclama: ¿quién, yo?. Su mirada, el gesto de su boca, su palabra detenida ... Así que, amigos míos, la cuestión es muy sencilla.. ¿Cual es la pregunta que se le ha hecho a la mujer?; y más, ¿quien parece ser esta?.
Cuidado...Estáis ante un maestro, uno de los primeros que pasó de ser considerado un artesano, cual albañil o carpintero, cuyo nombre carecía de interés para figurar en la obra, a ser calificado de artista, tendencia que durante el Renacimiento va a consolidarse, despareciendo el anonimato de la obra de arte. Y Giorgione es además un misterio en si mismo. Cuando no sabía nada de Historia del Arte me entusiasmé leyendo una tesis sobre su vida; el libro terminaba describiendo una velada de nobles venecianos, durante la que cada uno de los que asistían exponía una interpretación distinta sobre "La tempestad", sin que pudiesen establecer su significado o concretar acuerdo alguno.
Silvia es, entre todos mis conocidos, quien contempla con mayor finura las obras de Arte; creo que la Naturaleza la ha dotado de un sentido especial, que le permite captar mensajes artísticos que otros no percibimos. Su opinión sobre la obra que nos ocupa es interesantísima y origina esta ampliación a lo publicado inicialmente ...
Parte de esa especie de chal de lienzo que cubre los hombros de la mujer... No es una prenda delicada, pero su estado es impecable. Un lienzo de algodón quizá. No creo que sea de abrigo...; ¿qué utilidad tendría?. Y Silvia me contesta: "Veo a la mujer cuidando a un niño muy pequeño, a un mamoncillo aún, al que cubre con el lienzo mientras lo amamanta, arrebujándolo entre sus brazos". Sugerente, muy sugerente.. Recordad que, excepto entre 1528 y 1565, el cuadro siempre ha sido recogido en los inventarios unido a la palabra "madre"....
La mano ... Es fuerte, masculina diría. Y señala directamente al corazón, donde tienen refugio la verdad y el sentimiento. ¿Por qué no combinar todo?; ¿no estaríamos así ante una declaración muda, un gesto mediante el que el autor nos asegura, con fuerza, quien es la mujer retratada..?. ¡Si, es mi madre!.
Retrocedamos en el tiempo.. Estamos presentes sin que nos vean mientras Giorgione va pintando.. El artista, fuerza y pasión, contento por el resultado del retrato, exclama ..: "¡Ja, ja, ja..!; ¿sabes?, ¡vas a ser conocida gracias al cuadro durante muchos años!". Y ella, con mucho vivido sobre sus espaldas, contesta mientras se señala con el dedo..: "¿Quién, yo?; ¡ya has bebido otra vez!".
Entonces, en silencio, Giorgio Barbarelli da Castelfranco recoge el gesto de la madre, el de su mano fuerte y sólida, que reafirma con rotundidad sus palabras... y hace una apuesta a la Historia: añade una cartela donde dice que el tiempo le dará la razón....
Lo dejaré aquí. Nadie se va a percatar de que he ampliado el artículo. Quizá otro día...
Giorgione va más allá de la simple imagen, centrándose en el carácter de la mujer. Sigue así la recomendación de Leonardo, que instó a representar el lado menos agradable de la naturaleza. Esta suposición se apoya en el encuentro entre ambos artistas durante el segundo viaje a Italia de Durero. Por otra parte, tanto el tema de la ancianidad como el del transcurso del tiempo podrían basarse en "La avaricia", conocida también como "Anciana con monedero", de Alberto Durero (Kunsthistorisches Museum, Viena), obra algo anterior, de 1507, y que fue titulada así por el escaso estipendio recibido por el retrato de un joven realizado al otro lado de la tabla sobre la que están pintados ambos.

La avaricia
Durante el "Cinquecento" se especuló sobre si el "Ritratto di vecchia" sería el "Retrato de la madre, de Tiziano, pintado imitando el estilo de Giorgione", citado en el inventario de la "Colección Manfrin", criterio que se mantuvo tras la restauración de 1949.
Más recientemente se interpretó, a la vista de la leyenda que figura en el pergamino, que la obra podría ser una alegoría sobre la vanidad, mostrando los devastadores efectos del paso del tiempo sobre el cuerpo, por muchos artificios que se empleen para evitarlo. Esta interpretación es coherente con la propuesta del famoso crítico de arte Bernard Berenson, según la cual la anciana guarda cierto parecido con los jóvenes de "La tempestad ", de modo que a la luz de este dictamen, la tarea de la "vieja" sería recordar a los jóvenes el efímero valor de la belleza.
El cuadro llegó a la Galería de la Academia en 1856, procedente de la colección Manfrin. El "Ritratto di vecchia" está recogido, junto a "La tempestad", en el inventario de 1528 de la "Collezione Vendramin", con el título de "Testa di donna vecchia con un velo in torno al capo". En el inventario de 1565, realizado por Luca Vendramin durante el fracasado proceso de venta de la colección familiar a Alberto V de Baviera, la obra se relaciona bajo el título de "Retrato de la madre de Giorgione por la mano del dios Giorgione". (Fuente: Sauvage)
Bien. Hasta aquí, una brevísima ambientación a la obra; algo así como un calentamiento gimnástico previo a una competición. Por que lo que busco, de nuevo, es sacar a la luz una charla maravillosa que mis amigas Kalia y Silvia han mantenido en Caralibro.
Inicié la charla preguntando..: ¿Retrato espléndido de una mujer de edad o alegoría de la vanidad?. ¿Qué opinan?. A lo que Silvia contestó: ¿Y por qué no ambos?; con el tiempo, la belleza que causaba vanidad se agosta y se convierte en esa mujer. Me atrapan sus ojos. No pude reprimirme y puntualicé: A mí, su palabra inacabada.
Kalia entró al trapo..: "Tempus fugit". La belleza se ha escapado de esta mujer; el paso del tiempo es implacable. Pero sus ojos de mirada huidiza, su boca desdentada, su pelo ralo... me hablan más de fragilidad, de humildad, que de vanidad vencida por el tiempo. Sus ropas son más de criada que de gran dama. Una mujer anciana que ha sido vanidosa por el éxito de su belleza tiene otro aspecto; un gesto de envidia, algo de maldad (lo que seguimos llamando "una bruja"). Pero aquí hay ternura. Hay belleza. El retrato es magnífico, pero estará en las antologías de lo feo en el arte. ¿Lo feo es bello?.
A lo que Silvia replicó..: ¿Y por qué no una criada de gran belleza que gozó del favor de sus señores?. Y, ahora que ya no es bella, esos gestos amables hacia ella desaparecieron. Yo sí creo que lo feo puede ser bello, aunque no siempre. Supongo que dependerá de las sensaciones que despierte en cada persona que lo contemple.
Kalia, pensativa, siguió al poco..: Me gusta la apreciación de Silvia. He leído por ahí que algunos creen que pudiera ser el retrato de su madre. Lo que más me choca es que esta pintura, como otras que se atribuyen a Giorgione, parece pertenecer a otra época mucho más avanzada. Más de Tiziano. Nunca diría que es un cuadro del Renacimiento, como enseguida se aprecia, por ejemplo, en "La Tempestad".
Gozaba leyendo, tanto por lo sensible de las opiniones como por el valor tranquilo de ambas al exponer lo que sentían, sin pararse en alicortos comportamientos, pero no pude más e intervine: ¡Si yo consiguiese en el blog que me comentasen como vosotras dos lo habéis hecho!. Eso, mis lindas damas, es vivir el Arte; abrirnos a lo que nos dice, acertemos o no.
Todo lo que decís es cierto, pues todo es posible. Y más en este artesano misterioso, que pasa a ser artista. Posiblemente es el primer paisajista y la confusión de su obra con la de Tiziano pudiera deberse tanto a que ambos trabajaron en sus inicios en el taller de Giovanni Bellini, como al que al abandonar este Tiziano se incorpora al que abre Giorgione. Su influencia es tal que no solo terminó afectando al propio Giambellino sino que es dificilísimo en ocasiones distinguir su obra de la de Tiziano y, como guinda, pintó ese enigma supremo: "La Tempestad".
Kalia escribió, dirigiéndose a Silvia: Muy observadora Silvia. Ya me había fijado en la incongruencia que tiene la mano de joven con la que sostiene el rollo. Curioso todo lo que se puede sacar cuando se comparte visiones. Respondí inmediatamente: "Cuando se comparte..", se obtiene riqueza.
Silvia, en ese momento, me picó: ¿Y tú no te quieres hacer rico compartiendo más?. Venga, que Giorgione te gusta... La respondí con una idea que considero esencial y que repetiría por mi gusto en cuanto escrito y conversación sobre Arte participase..: Silvia, un cuadro es una conversación muda, con la que su autor quiere charlar con nosotros y decirnos algo. Hay dos tipos de gente que desdeñan la oferta: uno, como el que escribe las fichas en la web del Museo del Prado, que se detiene exclusivamente en los detalles, como cuando se pintó, donde se conserva o quien es el retratado, y otro el que se pierde en la técnica pictórica, sin ir más allá. Ambos desdeñan la conversación porque priman exponer su erudición y les importa un rábano el sentimiento del artista, núcleo de sus palabras y objetivo de lo que quiere transmitirnos.
Vosotras habéis conversado con Giorgione. Ha sido delicioso. Pretender añadir algo sería rallar un cuadro vivo. Además, Giorgione es un aumentativo en italiano y se lo ganó a pulso entre las mujeres, a las que adoraba; así que sobra lo que piense un hombre, yo mismo.
Y Kalia puso el punto final con simpatía..: ¡Vividorcillo que era el mozuelo!. Se le nota en sus retratos de mujeres...
Hace ya unos días que publiqué el artículo. Es sábado; llueve y anochece.. Buen momento para sosegar el alma contemplando un cuadro...
De entrada, contemplando la obra de Giorgione, reparo en dos detalles: por un lado, ese pequeño muro tras el que el pintor sitúa a la mujer en la composición y por otro, el fondo marrón de oscura tonalidad; mediante el primero obtiene cuatro planos consecutivos que proporcionan profundidad al cuadro: el correspondiente al espacio en que se halla el espectador, el del propio muro, aquel donde se encuentra la mujer y el del fondo, que bien pudiera ser una pared. Y gracias a la tonalidad aumenta al máximo el efecto de la luz, volcada sobre la mujer, de modo que toda la atención queda centrada en ella.
Luego, algunas cosas más. La ropa está muy limpia y, aunque el vestido es sencillo, no está deteriorado. La mano que sostiene la cartela es fuerte, casi masculina, y su dedo índice señala inequívocamente al corazón. La boca muestra la dentadura y excepto un diente desproporcionado, no parece que hubiese perdido piezas. El pelo está descuidado, pues aunque está recogido por la cofia se escapa sin dificultad.
La mujer está en reposo, sentada y mientras nos mira "siento" que está charlando con nosotros, los que contemplamos el cuadro. Giorgione ha detenido el tiempo y capta un instante, un suspiro..; aquel en que ella, ante nuestra pregunta, levanta el brazo, se señala a si misma y exclama: ¿quién, yo?. Su mirada, el gesto de su boca, su palabra detenida ... Así que, amigos míos, la cuestión es muy sencilla.. ¿Cual es la pregunta que se le ha hecho a la mujer?; y más, ¿quien parece ser esta?.
Cuidado...Estáis ante un maestro, uno de los primeros que pasó de ser considerado un artesano, cual albañil o carpintero, cuyo nombre carecía de interés para figurar en la obra, a ser calificado de artista, tendencia que durante el Renacimiento va a consolidarse, despareciendo el anonimato de la obra de arte. Y Giorgione es además un misterio en si mismo. Cuando no sabía nada de Historia del Arte me entusiasmé leyendo una tesis sobre su vida; el libro terminaba describiendo una velada de nobles venecianos, durante la que cada uno de los que asistían exponía una interpretación distinta sobre "La tempestad", sin que pudiesen establecer su significado o concretar acuerdo alguno.
Silvia es, entre todos mis conocidos, quien contempla con mayor finura las obras de Arte; creo que la Naturaleza la ha dotado de un sentido especial, que le permite captar mensajes artísticos que otros no percibimos. Su opinión sobre la obra que nos ocupa es interesantísima y origina esta ampliación a lo publicado inicialmente ...
Parte de esa especie de chal de lienzo que cubre los hombros de la mujer... No es una prenda delicada, pero su estado es impecable. Un lienzo de algodón quizá. No creo que sea de abrigo...; ¿qué utilidad tendría?. Y Silvia me contesta: "Veo a la mujer cuidando a un niño muy pequeño, a un mamoncillo aún, al que cubre con el lienzo mientras lo amamanta, arrebujándolo entre sus brazos". Sugerente, muy sugerente.. Recordad que, excepto entre 1528 y 1565, el cuadro siempre ha sido recogido en los inventarios unido a la palabra "madre"....
La mano ... Es fuerte, masculina diría. Y señala directamente al corazón, donde tienen refugio la verdad y el sentimiento. ¿Por qué no combinar todo?; ¿no estaríamos así ante una declaración muda, un gesto mediante el que el autor nos asegura, con fuerza, quien es la mujer retratada..?. ¡Si, es mi madre!.
Retrocedamos en el tiempo.. Estamos presentes sin que nos vean mientras Giorgione va pintando.. El artista, fuerza y pasión, contento por el resultado del retrato, exclama ..: "¡Ja, ja, ja..!; ¿sabes?, ¡vas a ser conocida gracias al cuadro durante muchos años!". Y ella, con mucho vivido sobre sus espaldas, contesta mientras se señala con el dedo..: "¿Quién, yo?; ¡ya has bebido otra vez!".
Entonces, en silencio, Giorgio Barbarelli da Castelfranco recoge el gesto de la madre, el de su mano fuerte y sólida, que reafirma con rotundidad sus palabras... y hace una apuesta a la Historia: añade una cartela donde dice que el tiempo le dará la razón....
Lo dejaré aquí. Nadie se va a percatar de que he ampliado el artículo. Quizá otro día...