Palabras, palabras, que cual trenes me llevan a conocer nuevos paisajes

domingo, 13 de septiembre de 2009

¿Pero tío; qué me estás contando?

Tarde de domingo. Calor. He leído tres periódicos y sus suplementos. He resuelto con éxito el solitario 23.145 de Carta Blanca -comencé con el 1 y espero llegar al 999.999 algún día de estos-. Me cuesta escribir...

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Me encanta la sensación durante el verano de la mañana en el Pirineo. Fresca y seca. Como conviene a la delicadeza de mi cutis y corresponde a mi carácter. Elegante como siempre, con bañador y camiseta -puro glamour-, voy a comprar el periódico, caminando por la calzada de la calle, sin coches.

Al volver, saludo a don José Luis Sampedro, que desayuna en "El Jaqués", y sigo hacia el "Astún" tras el suave, delicado, aromático, insinuante y estremecedor olor a cruasán que impregna el ambiente.

En la terraza de este último, sentado junto a un velador, dedicado a la vez a un sudoku y a una tostada con mantequilla y mermelada, contemplo a El Obispo. Y los recuerdos afluyen desde mi memoria... Fue, tras El Criterios -cultivado y fino sacerdote-, el confesor de mis veinte años. Ambos me escucharon en silencio y aquel respetó mis lágrimas. Ninguno pretendió cuantificar, como si hicieron los jesuitas de mi infancia, el número exacto de gallardas con que concluían mis numerosos pensamientos impuros.

Era otra época y si intentabas besar a una mozuela te contestaba: "No, que soy de Pamplona" (sic). Época que, dicho sea de paso, unos cómicos me intentan contar ahora sin que reconozca cosa alguna. Será porque están algo confusos, manifestándose a todas horas contra la presencia militar española en Afganistán y manteniendo ante el Gobierno de España su "No a la guerra".

El Obispo ... La E.T.A asesinó a tres familiares suyos directos; más próximos, imposible. Quizá por eso .. y otras muchas cosas, su pensamiento sacerdotal no se corresponde con el modorro de su oficio. Me hace recordar a un pater de nuestra primera misión en Bosnia. Ambos predican la Esperanza.

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"¿Qué tal está pater?". Levanta la mirada hacia mí, por encima de sus anteojos y sonríe.. "¡Hombre, tú por aquí. Qué bien te veo!". "Ya ve; tan chulo como siempre", le contesto. "Me permite que me siente y charlamos un rato, que usted no tiene, pero yo solo peino canas y me canso", continúo. "¡Claro que no tengo, soy calvo!; siéntate", me responde con una nueva sonrisa.

Recordamos lo vivido ... Charlamos de las familias ... Y como no, de religión; de los sacerdotes y de su influencia en los laicos. El Obispo, ante un comentario mío, reconoció que da grima escuchar los sermones en las misas. "Muchas veces, a poco de comenzar a escuchar el sermón, pienso en silencio: ¿Pero tío; qué me estás contando?. Y es que se limitan a repetir algo de lo que han leído, sin orientar a quienes les escuchan sobre como vivir, hoy, las situaciones del día a día, de acuerdo con Jesús", opinaba.

"¿Sabes lo que te digo?" me dijo al pronto. "Todo se reduce a que el Cielo es gratis y eso da muchísimo miedo. Cuando era niño, en el pueblo solo había un cine; los de mi pandilla le debíamos caer bien al dueño, pues nos dejaba entrar cuando la película era tolerada. También dejaba entrar a un crío que no nos caía nada bien y una tarde no pude más y le pregunté: ¿Y a ese que no aguanta nadie, por qué le dejas entrar gratis?. Y me contestó sonriendo: Porque soy el dueño del cine y dejo entrar al que quiero".

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Gratis... Si, es verdad. El Hombre persigue con desesperación estar seguro. Seguro de la fidelidad de su pareja, seguro de que la vacuna de la gripe A le protegerá, seguro de la inversión que hizo en Lehman Brothers, seguro de que no le van a despedir, ..... ¡Infeliz!.

Basta entrar en una catedral importante y antigua para comprobar como algunos que vivieron en tiempos antañones pretendieron comprar los cielos con su poder y dineros. Altares, capillas, ... ¡Cómo si fuese posible contratar a Dios y comprar sus decisiones!.

De niño, el padre espiritual de los pequeños del colegio acudía a la Brigada de estudio y nos escenificaba magníficamente unas historias truculentas... "¡¡¡Treinta aaaaañosss llevaaaaba el ermitaaaaño en su cueeeeva. Comíiiiiia raices y vestíiiiiia espaaaaarto. Ganáaaaandose el cieeelo. Huyó sieeeeempre de la Serpieeeeeente, de la mujeeeeeer (aquí se tapaba los ojos con la mano). Eeeel maaaaaal.
Y un díiiia oyó fuera de su cueeeeva...; salióooo a ver.. Y antesdequepudiesecerrarlosojos y huiralomásprofundodesuguaridaaaaaaa; la vió. A ella. A la mujer. Y entonces cayó un cacho pedrusco sobre su cabeza, lo mató y se condenó para toda la eternidad. Amén!!!".

Así que los críos aprendíamos dos cosas: Que las mujeres eran mu malas y que para ganar el cielo había que sudar tinta. De modo que había que acumular activos para entregarlos cuando Dios nos juzgase y, así, tener asegurada nuestra presencia en el cielo. Te podías quedar sin merendar, por ejemplo, durante una semana....; o hablarle a la sinsordias de tu prima.
En cuanto a las chicas, estaba claro. No sabíamos nada, pero imaginábamos todo y a cual peor. Distraían, simplemente. Y cuanto acto o pensamiento impuro, de palabra u obra, puedo recordar, estaba relacionado con ellas.
El resultado del balance consolidado espiritual aparecía clarísimo: O te comían los leones en El Coliseo, tras haber catequizado a tropecientos mil negritos en la fe verdadera y haber vivido toda tu vida como eremita, o lo tenías crudo. Porque dios era un mercader; sin más. Contabilizaba la cuenta de resultados y actuaba según el balance de nuestra vida . Era un dios sin libertad, sin amor.

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Y resulta que no. Que el Cielo es una cuestión del querer, de Amor. Y si es así, también lo es de Esperanza. Pues, por un lado, quien está enamorado actúa y quien se sabe amado confía, de modo que hacemos el bien porque amamos y esperamos el abrazo enamorado de Quien nos quiere. Muy simple.

El Cielo es gratis y Dios es libre. Para Amar a quien le da la divina gana. Lee en su corazón
Y se enamora. Y su infinita voluntad trae junto a Él a quienes ama
Porque aman
Muy simple. Muy sencillo

5 comentarios:

Silvia dijo...

Hace muchos años, alguien me regaló un crucifijo pequeñito de oro. El crucifijo era lo de menos, sólo un añadido para poder comprender algunas de las cosas de las que hablas. Aunque a veces me pueda la cabezonería y la soberbia y dude.
Años más tarde, regalé ese mismo crucifijo con la esperanza de que esa persona también se diera de lo mismo. Espero y deseo que así haya sido.
Gracias por recordarnos lo evidente. A veces es necesario.
Un abrazo

Penélope dijo...

Curioso que justo ahora, en estos momentos de mi vida, me lleguen estas palabras.
Puede que, realmente, los caminos de dios sean, sí, inescrutables.

Gracias turu.

currinche dijo...

Pues que queréis que os diga ,yo también pienso como Turu ,será porque tengo hijos ,y me han decepcionado a veces y otras veces me han hecho sentir feliz y orgullosa .Jamas los echaría de mis vidas .Ni a mis padres por supuesto ,la familia es algo grande ,y si Dios es mi Padre ,cómo va a rechazarme al final ? Que tontería !! eso nos ha hecho mucho daño de niños ,y ese tipo de curas no me sirve .
n abrazo .Mer

Marian dijo...

El cielo es gratis… quizá por eso a algunos pastores de almas les sigue costando renunciar al derecho de admisión . La culpa es un sentimiento mucho más refinado que el miedo en el que el temor al castigo ha sido de tal manera incorporado que se ha transformado de miedo a recibir daño en miedo a causarlo. Y no creas que no era igual de truculenta la versión que recibíamos las hijas de Eva… Para mal de muchos, esa formación –o deformación- de la conciencia lo único que ha propiciado es convertir un mensaje de Amor y entrega en algo oscuro, triste y arrasado de culpas… Si me permites, creo que Antoine De Saint-Exupéry lo explica mucho mejor que yo

Amigo mío,
tengo tanta necesidad de tu amistad.
Tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.
A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido,
y descansar, más allá de mí mismo,
en esa cita que será la nuestra.
Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes,
más allá de los razonamientos que me pueden engañar,
tú consideras en mí, simplemente al Hombre,
tú honras en mí al embajador de creencias,
de costumbres, de amores particulares.
Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco.
Me interrogas como se interroga al viajero,
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento puro en ti y voy hacia ti.
Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.
Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas
las que te informaron acerca de lo que soy,
sino que la aceptación de quien soy te ha hecho
necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.
Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.
¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?
Si todavía combato, combatiré un poco por ti.
Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir.

Kalia dijo...

Dios es libre, libérrimo. En la idea de Dios están todas las perfecciones. La cuestión es si nosotros, los humanos somos o no libres.

Antes creía que sí; ahora por el contrario... La realidad es que no puedo controlar apenas nada. Sólo me queda confiar y entregarme a voluntades que no seré nunca capaz de comprender. Y más que oponerme, más que resistirme, he aprendido en los últimos tiempos que debo colaborar, que debo intentar inclinarme al ritmo de designios que están más allá de mi razón y de mi sentimiento.

Pero me gusta mucho que ahora hables del Amor. Y el amor quizá es la única aproximación que los mortales podemos hacernos, lo único realmente que nos permite intuir lo que está amás allá, lo que nos confiere cierta sensación de trascendencia, de confianza, de entrega.

¡Hay tanto que aprender!