
También conocida como "La Tarde"
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
1649-1650. Óleo sobre lienzo. 48 x 42 cm. Museo del Prado
¡Vaya por delante que yo no tengo la culpa!. Provocador si soy, especialmente con las mujeres, que tienen un no se que que ní yo se como me alteran.. ¡En fin!. El caso es que Oshidori me ha dicho que sería buena cosa el publicar, así como al descuido, algún cuadro sin detallar su autoría u otros datos, e invitarles a jugar...

Joseph Mallord William Turner
1835-1840. Colores para acuarela. 22.2 x 27.9 cm. The Tate Gallery. Londres.
No sabía que hacer, hasta que el muy astuto me invitó a chocolate calentito sí lo hacía. ¡Perdido soy, exclamé!. Uno ama muchas cosas en la vida, pero algunas más que otras y un chocolate, mientras charlas relajadamente con los amigos y no se te despista moza alguna de buen ver, les aseguro que es uno de los grandes placeres de la existencia.
Aquí muestro dos. No están escogidas al azar, pues publicaré a continuación otro artículo -que me ha solicitado Oshi- sobre otra obra del autor de una de las anteriores y hay algo en ellas que las hermana, por lo que estas me permitirán tratar de explicar mejor aquella.
Hay engaño; ¿qué juego no lo tiene?. Hechizar la mente de otro, sin mala fe, ayuda a pasar buenos ratos.. Y también asoma una de mis muchas manías; sobre como prejuzgamos el Arte..
¡Ánimo!. Opinen.. Y admitan mi consejo: Comenten todo anónimamente, que es una manera como otra cualquiera de expresarse en libertad.
Como salgo de viaje y no quiero que se queden sin conocer mi opinión, y los datos de los cuadros mostrados, pues el retraso excesivo enfría el ánimo, les diré que busqué unas obras que no fuesen evidentes en su identificación y que tuviesen aspectos engañosos.
Así, La Tarde es una obra que se adelanta doscientos años.. Una pintura a plein air en la que Velázquez parece impresionista, reflejando con sutileza la atmósfera de la tarde romana. Eso ha hecho que algún comentarista, que cree no entender -pero que tiene bien abiertos sus sentidos-, escribiese que le parecía triste y que le agobiaba.. Bien; imagínense en una cálida tarde del ferragosto romano.., ha descargado una tormenta.., se encuentran en medio de un amplio y umbroso jardín.., se sienten solos -pues únicamente hay dos personas, allá al fondo, ajenas a usted-.. ¿No les embargaría cierta tristeza y se sentirían agobiados?.
Buscaba esta reacción, la de quien cree que no entiende, pues le enseñaron que saber es archivar datos en la mente. ¡No, por favor!. Saber es captar lo que va transcurriendo a nuestro alrededor, para lo que necesitaremos determinados conocimientos, pero que, en si mismos, no son el Saber.
Un buen ejemplo lo proporciona otro comentarista, cuando expone: ..me recordó esa sensibilidad paisajística del Romanticismo que gustaba de idealizar la Naturaleza como sí de una puesta en escena se tratara, imbricándola con la arquitectura clásica, las ruinas etc….
Y es que, aunque Velázquez es un pintor del Barroco, pinta al aire libre, un paisaje, algo decadente, ruinoso, melancólico, evocador..., Y no olvidemos que Romanticismo e Impresionismo son hijos del mismo siglo, hermanados en la pintura europea de paisaje, que los enlaza.
Razón para mostrar a continuación una obra de un artista fundamental en la pintura romántica de paisaje: Turner. Y hacerlo con un cuadro que pudiera engañar al espectador, pues su falta de dibujo y poca figuración, quizá den la sensación, a quien no quiera detenerse a contemplarlo, de modernidad de hoy en día.
Y no. Turner pinta la atmósfera, la luz. ¿No han estado ustedes nunca en la mar, en un amanecer intenso, cuando un sol enérgico de verano patina sobre las aguas frente a sus ojos..?. Entrecerrarán los ojos, cuasi cegados.. Y entonces verán el cuadro.. Un ambiente dorado que les deslumbra y unas manchas de colores que bailan en su retina..
...una simplicidad tan atrevida que trasmite lo que alguien siente cuando mira, no lo que sabe que está viendo. Hechiza su evanescencia, como se disuelve todo en un resplandor sin estridencias, en una atmósfera luminosa y etérea . Esa luz es tremendamente poética (no bucólica), estimula una percepción de serenidad muy parecida a la de un velero en aguas tranquilas cuando el cielo de un atardecer dorado se confunde la mar…
Cada día me gustan más sus comentarios.
Aquí muestro dos. No están escogidas al azar, pues publicaré a continuación otro artículo -que me ha solicitado Oshi- sobre otra obra del autor de una de las anteriores y hay algo en ellas que las hermana, por lo que estas me permitirán tratar de explicar mejor aquella.
Hay engaño; ¿qué juego no lo tiene?. Hechizar la mente de otro, sin mala fe, ayuda a pasar buenos ratos.. Y también asoma una de mis muchas manías; sobre como prejuzgamos el Arte..
¡Ánimo!. Opinen.. Y admitan mi consejo: Comenten todo anónimamente, que es una manera como otra cualquiera de expresarse en libertad.
Como salgo de viaje y no quiero que se queden sin conocer mi opinión, y los datos de los cuadros mostrados, pues el retraso excesivo enfría el ánimo, les diré que busqué unas obras que no fuesen evidentes en su identificación y que tuviesen aspectos engañosos.
Así, La Tarde es una obra que se adelanta doscientos años.. Una pintura a plein air en la que Velázquez parece impresionista, reflejando con sutileza la atmósfera de la tarde romana. Eso ha hecho que algún comentarista, que cree no entender -pero que tiene bien abiertos sus sentidos-, escribiese que le parecía triste y que le agobiaba.. Bien; imagínense en una cálida tarde del ferragosto romano.., ha descargado una tormenta.., se encuentran en medio de un amplio y umbroso jardín.., se sienten solos -pues únicamente hay dos personas, allá al fondo, ajenas a usted-.. ¿No les embargaría cierta tristeza y se sentirían agobiados?.
Buscaba esta reacción, la de quien cree que no entiende, pues le enseñaron que saber es archivar datos en la mente. ¡No, por favor!. Saber es captar lo que va transcurriendo a nuestro alrededor, para lo que necesitaremos determinados conocimientos, pero que, en si mismos, no son el Saber.
Un buen ejemplo lo proporciona otro comentarista, cuando expone: ..me recordó esa sensibilidad paisajística del Romanticismo que gustaba de idealizar la Naturaleza como sí de una puesta en escena se tratara, imbricándola con la arquitectura clásica, las ruinas etc….
Y es que, aunque Velázquez es un pintor del Barroco, pinta al aire libre, un paisaje, algo decadente, ruinoso, melancólico, evocador..., Y no olvidemos que Romanticismo e Impresionismo son hijos del mismo siglo, hermanados en la pintura europea de paisaje, que los enlaza.
Razón para mostrar a continuación una obra de un artista fundamental en la pintura romántica de paisaje: Turner. Y hacerlo con un cuadro que pudiera engañar al espectador, pues su falta de dibujo y poca figuración, quizá den la sensación, a quien no quiera detenerse a contemplarlo, de modernidad de hoy en día.
Y no. Turner pinta la atmósfera, la luz. ¿No han estado ustedes nunca en la mar, en un amanecer intenso, cuando un sol enérgico de verano patina sobre las aguas frente a sus ojos..?. Entrecerrarán los ojos, cuasi cegados.. Y entonces verán el cuadro.. Un ambiente dorado que les deslumbra y unas manchas de colores que bailan en su retina..
...una simplicidad tan atrevida que trasmite lo que alguien siente cuando mira, no lo que sabe que está viendo. Hechiza su evanescencia, como se disuelve todo en un resplandor sin estridencias, en una atmósfera luminosa y etérea . Esa luz es tremendamente poética (no bucólica), estimula una percepción de serenidad muy parecida a la de un velero en aguas tranquilas cuando el cielo de un atardecer dorado se confunde la mar…
Cada día me gustan más sus comentarios.